SEXISTA

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Haciendo un poco de ciencia ficción, sería estupendo que en el futuro Eva, la hija de Cristiano Ronaldo, se convirtiera en futbolista. En una 'crack' del balompié. En la primera jugadora de la historia en conseguir un fichaje equivalente al de cualquier jugador varón de su misma categoría... Y que cuando supere en número de goles al hoy aclamado CR7, al terminar el partido se dirija a la cámara diciendo: «Ese gol en particular se lo dedico a mi padre. Gracias papá por no haberme pasado nunca la pelota... No sabes cómo espoleó mi curiosidad y mi instinto de superación tu desprecio hacia mi vocación de futbolista».

Tal vez lo mejor que le haya podido pasar a esa pequeña es que su padre no conciba para ella un futuro en la Primera División. Y que la mala suerte la haya tenido su hermano, al soportar la presión atroz de tener que emular algún día las gestas deportivas de su progenitor... Ahí está el caso de Julio José y Enrique Iglesias. El primero, llamado a ser (hasta en el nombre) el sucesor natural del inconmensurable Julio, no ha llegado a nada como cantante, mientras que el segundo, a la chita callando y sin que su padre le diera bola, se fue labrando un carrerón profesional que le ha llevado a la cumbre.

Es cierto que no se puede juzgar la relación de un padre con sus hijos por un solo gesto. Pero es que esas imágenes de Cristiano pasándole la pelota al niño e ignorando a la niña (quien harta de chutar al aire decide ponerse a jugar con un escobón) son de un machismo tan obvio, tan sumamente estereotipado que por momentos nos entra la duda de si estaremos ante un espontáneo vídeo doméstico o más bien ante el anuncio de una estudiada campaña para erradicar la discriminación de género y los juguetes sexistas. Curioso lo de Cristiano, tan avanzado y moderno en lo relativo a traer hijos al mundo (tiene varios por gestación subrogada) y tan apolilladamente antiguo a la hora de establecer los distintos roles entre sus pequeños: un carro de la limpieza para la niña (con su escoba, su recogedor, su fregona y sus guantes de goma...) y un balón de reglamento para el chaval. Semejante anacronismo me lleva a sospechar que en la tele de esa casa 'Cuéntame' sigue en los años setenta.