Este hombre decide qué colores se llevarán la temporada que viene

Predicciones. De origen indio, Shah es un fenómeno augurando qué colores se llevarán. / E. C.
Predicciones. De origen indio, Shah es un fenómeno augurando qué colores se llevarán. / E. C.

David Shah decide con sus predicciones las tonalidades de las ropas que viste medio mundo. El 80% de los clientes compra en función del tinte

LUIS GÓMEZ

Casi nada de lo que sucede en el mundo de la moda es fruto de la casualidad. Lo ejemplifica Meryl Streep, álter ego de Anna Wintour, la poderosa editora de la edición estadounidense de 'Vogue', en 'El diablo viste de Prada', una mordaz sátira sobre la industria fashion. Meryl pone los puntos sobre las íes a una ingenua y despreocupada por las tendencias Anne Hathaway, recién aterrizada en la redacción de la ficticia revista 'Runway', tras confesar que todavía «está aprendiendo de estas cosas» al confesar su incapacidad para distinguir las diferencias entre dos cinturones tremendamente parecidos.

El desprecio con que Meryl pasa revista a su segunda asistenta es de órdago. «'¿Estas cosas?'. Ah, de acuerdo, entiendo. Crees que esto no tiene nada que ver contigo. Tú vas a tu armario y seleccionas, no sé, ese jersey azul deforme porque intentas decirle al mundo que te tomas demasiado en serio como para preocuparte por lo que te pondrás. Pero lo que no sabes es que ese suéter no es sólo azul. No es turquesa. Ni marino. En realidad, es cerúleo. Tampoco eres consciente del hecho de que en 2002 Óscar de la Renta presentó una colección de vestidos cerúleos. Y luego creo que fue Yves Saint Laurent... ¿el que presentó chaquetas militares cerúleas? Después, el azul cerúleo apareció en las colecciones de ocho diseñadores distintos. Más tarde se filtró a los grandes almacenes y acabó llegando hasta una deprimente tienda de ropa a precios asequibles donde tú, sin duda, lo rescataste de una cesta de ofertas. No obstante, ese azul representa millones de dólares y muchos puestos de trabajo. Resulta cómico que creas que elegiste algo que te exime de la industria de la moda cuando, de hecho, llevas un jersey que fue seleccionado para ti por personas como nosotras... ¡Entre un montón de cosas!».

La vitriólica reprimenda es de cine. Muestra bien a las claras la influencia de la moda y que esta industria no es un juego, sino un gran negocio. Y, más importante aún, que, independientemente de que nos guste o no y vistamos de una forma u otra, todo aquello que nos ponemos encima tiene una razón de ser que determinan un minúsculo puñado de personalidades. Una de ellas es, sin duda, David Shah. Un hombre de origen indio, madre inglesa y padre francés, casado con una italiana y afincado en Holanda. Es el visionario del color. Marca cada temporada las tonalidades de la industria textil. Adelanta con varios años de antelación la paleta de colores que emplearán los mejores creadores. Sus predicciones, basadas en la «investigación seria», comunicación y comercialidad, son órdenes. Rara vez se equivoca. Es responsable, en definitiva, de las tonalidades de millones de camisas y vestidos que se ven por todo el mundo. Su poder es impresionante. Decide qué colores se llevarán, además de qué telas y qué diseños. Todo, en fin. Si en 2018 el ultravioleta o lila ha aparecido hasta en la sopa y el año pasado el rosa no tuvo rival, ha sido en gran parte por este consultor, editor y, desde hace un cuarto de siglo, asesor principal del Instituto Pantone, la 'biblia' del color.

«Marca más que nunca»

No entraba, sin embargo, en los planes de Shah, al que le hubiera gustado estudiar arqueología y magia, marcar el ritmo de la moda. Empezó como periodista a escribir sobre fibras y texturas hasta que en 1988 lanzó su propia revista, 'View Publications'. Los colegas más veteranos le auguraron que en pocas semanas estaría en la bancarrota, pero sus pronósticos fallaron estrepitosamente. Shah se pasa la vida en los hoteles y aviones dando charlas e investigando tendencias. «Es fácil predecir lo que te dé la gana y luego olvidarte si no se cumple. Yo intento predecir y conseguir que esa idea acabe arraigando», esgrime.

¿Cómo? Dice que hay dos condicionantes importantes. «El instante, lanzarlo en el momento adecuado, no demasiado pronto, no un poco después», argumenta. Y encontrar «una red adecuada», que no necesariamente debe tratarse de un soporte digital, para propagar la idea. «Un color se acaba imponiendo por la fuerza que se tiene al propagarlo», expresa. Shah asume que todas las empresas, incluso las más grandes y a las que no les gusta la elección de Pantone, acaban dando el visto bueno por «miedo» a quedar fuera de juego por no seguir una decisión «tan poderosa e influyente». Pone el ejemplo de Prada, que, «en un visto y no visto», echó mano del neón nada más convertirse en el «último grito en tonalidades».

Shah está de suerte. El color marca más que nunca. Si el verde se impuso en los años noventa, «los del canto a la ecología», luego el protagonismo recayó en el azul, asociado a «los problemas del agua». Los rosas y cremas que se estilan ahora tienen que ver «con el concepto de humanidad, de inclusividad, de ser más conscientes de que somos de carne y hueso». Augura a corto plazo un gran tirón de los tonos pastel al relacionarlos con la salud, «nuestra gran preocupación». Aunque detesta que le tilden de gurú y profeta -prefiere el de doctor, por su tono académico-, asume que sus clientes cada vez le van a pedir más información. «El 80% de la decisión de comprar algo se basa en el color», subraya tras advertir sobre el cambio en la manera tradicional de «pensar» las tonalidades. «El azul ya no es para chicos, ni el negro para los funerales, ni el blanco para el verano».

 

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