Los platos caros de Guetta

El famoso DJ, ayer en la presentación de su nuevo disco en un lujoso hotel de Madrid. / ELVIRA MEGÍAS
El famoso DJ, ayer en la presentación de su nuevo disco en un lujoso hotel de Madrid. / ELVIRA MEGÍAS

El Dj francés presenta nuevo disco y defiende su honestidad: «No me quedé con dinero del concierto de Santander»

MIGUEL ÁNGEL ALFONSO

El hábitat natural del DJ David Guetta (París, 1967) es una mesa de mezclas en un local de Ibiza frente a un atardecer de verano. Mientras otros músicos forjan su fama con el virtuosismo de las cuerdas de sus guitarras o de sus gargantas, la suya la ha creado a base de una espalda que siempre mira hacia abajo, a los platos de los que emana su música electrónica. Su secreto mejor guardado es lograr sintetizar ritmos pegadizos que una sola persona puede llegar a escuchar sin ser consciente cientos de veces a la semana en los anuncios de la tele, en la radio o en el hilo musical del supermercado. Ayer, este francés que domina el castellano a la perfección -gracias a que pasa gran parte de su tiempo en Miami y a su novia cubana, como él mismo confiesa- presentó en Madrid su último disco, que con el título '7' -el número de álbumes que lleva publicados- aspira a mantenerse en lo más alto de las listas de éxitos. A que tarareemos sus canciones aunque no sepamos quién es su autor.

Sobre el nuevo disco, que será doble -una parte pop y otra electrónica bajo su pseudónimo 'Jack Black'- y que cuenta con colaboraciones con Sia o Justin Bieber, entre otros, hizo un alegato a favor de lo que algunos llaman con desprecio «música comercial».

«Este álbum es un ejercicio de productor, que me ha permitido hacer todo tipo de música. La música es buena o no y para mí no significa nada si es comercial: lo que hoy es underground, será pop un día en el futuro», explicó Guetta, vestido sencillamente con camiseta y chaqueta vaquera, como si no estuviera considerado uno de los DJ's mejor pagados del mundo.

«No me hace falta robar»

En la liga en la que juega, contratar a Guetta para una fiesta privada puede rondar entre los 150.000 y 250.000 euros, unos 2.000 euros por minuto en una sola sesión de dos horas. Por ello, es comprensible el cabreo monumental de los fans cántabros que asistieron a su concierto en Santander el pasado 28 de julio y vieron cómo era cancelado a última hora porque el DJ tuvo problemas con una conexión aérea desde Moscú. Los ánimos siguieron caldeados entre las 10.000 personas que asistían esa noche a 'Los conciertos de La Campa' pese a que el artista pidiera «perdón» en un vídeo que se emitió en las pantallas del recinto.

Guetta, que en sus comienzos fue DJ residente en la sala Bataclan de París, la misma que fue atacada por terroristas islámicos en noviembre de 2015, insiste en que solo ha cancelado dos conciertos en toda su carrera. Uno de ellos, el de Santander. «Es una locura», exclamó ayer. «No me he quedado con el importe de las entradas. ¿Qué necesidad tengo yo de quedarme con el dinero de la gente? Por mucho que sea, hago 150 'shows' al año y puedo permitirme devolver lo que no me he ganado. No me hace falta robar», respondió a preguntas de los periodistas congregados en el lujoso hotel madrileño donde se presentaba el disco.

Guetta se acababa de enterar por la prensa de que la promotora de aquel concierto le acusaba de no haber devuelto la totalidad de su caché. «He estado recibiendo mensajes en Instagram durante todo este verano de gente enfadada y no lo entendía. Estaré feliz de ver a los promotores en los tribunales. Si no trabajo, no me pagan», zanjaba.

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