A PARIR

ARANTZA FURUNDARENA

Hay parturientas que en el momento álgido de las contracciones ponen al padre de la criatura literalmente a parir. Una reacción visceral bastante comprensible que generalmente remite en cuanto abrazan por primera vez al bebé. No es el caso de Keira Knightley. Tres años después de haber dado a luz a su hija, a ella todavía parece durarle la rabia... «Mi vagina se partió en dos», protesta airada en ese ensayo feminista (e hiperrealista) que ha escrito junto a otras actrices de Hollywood como Emma Watson. Y se queja de que la niña nació con los brazos alzados al aire, ensangrentada y gritando... En fin, no sé si Keira creía que los niños vienen de París por correo certificado, oliendo a Chanel y canturreando alegremente 'La vie en rose', pero está claro que o no asistió a las clases de preparación al parto o bien las cursó en los estudios Disney.

Una vez consciente de que parir es un horror y eso nos convierte a las mujeres en el sexo fuerte (cosa que nadie le discute), Knightley decide utilizar el parto como arma arrojadiza... ¿Contra los hombres? Lo tiene un poco difícil. Más allá de los comprensibles insultos al marido en el paritorio, las mujeres sabemos que la sociedad patriarcal será culpable de muchos de nuestros males, pero no de que en la lotería biológica nos haya tocado la papeleta de dar a luz. Así que la actriz dispara contra otras mujeres. Concretamente, contra Kate Middleton, por haber aparecido impecable ante la prensa siete horas después de parir a su hija Carlota.

Keira la acusa de esconder «nuestro dolor, nuestros cuerpos partidos en dos, nuestros pechos goteando, nuestras hormonas enfurecidas», en un escalofriante relato que más que un parto parece un cuadro de Bacon. La actriz critica a la duquesa de Cambridge por ponerse guapa y estilosa para posar frente a un batallón de «fotógrafos hombres». ¿Les habrá pasado revista o será que Keira ignora que hay reporteros gráficos de ambos sexos? Bajo ese razonamiento, quizás tendríamos que sospechar que la propia Knightley, acostumbrada a posar guapa, estilosa y exageradamente estilizada, está así de flaca no por gusto sino para satisfacer el canon de belleza impuesto en la moda por hombres que no aman a las mujeres... Y es que el feminismo bien entendido debería empezar por una misma.

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