Muere el gran duque Juan de Luxemburgo

El gran duque Juan de Luxemburgo, en el palacio. /  EFE
El gran duque Juan de Luxemburgo, en el palacio. / EFE

Tenía 98 años y llevaba once días ingresado por una neumonía. Fue héroe de guerra

PEDRO MUÑOZ

En un país tan chiquito como Luxemburgo, de apenas 500.000 habitantes encajonados entre belgas, alemanes y holandeses, el gran duque Juan era una especie de símbolo nacional, un emblema tan respetado como el himno o la bandera y, en su caso además, era un hombre muy querido. Por eso, su fallecimiento a los 98 años, aunque previsible desde su ingreso hospitalario hace once días por una neumonía que ya hizo saltar todas las alarmas, ha encogido el corazón de sus paisanos. El padre del actual soberano del pequeño gran ducado murió en la madrugada de ayer rodeado por su familia, que ya se temía lo peor dada la avanzada edad del patriarca. «Con gran tristeza os comunico que mi querido padre, Su Alteza Real el Gran Duque Juan, nos ha abandonado en paz y rodeado del afecto de su familia», reza el comunicado de la Casa Real firmado por el actual jefe del Estado, el gran duque Enrique, su primogénito.

Héroe de guerra y máxima autoridad del país durante 36 años -entre 1964 y 2000, cuando abdicó- Juan nació en el castillo de Berg (residencia principal de la familia ducal) el 5 de enero de 1921. Hijo mayor de la gran duquesa Carlota y del príncipe Félix de Borbón-Parma, su vida se vio tempranamente ensombrecida por la II Guerra Mundial. Su familia tuvo que huir de las tropas nazis invasoras y buscar refugio en Estados Unidos y Canadá. A su regreso a Europa en 1942 recibió entrenamiento militar en Reino Unido y sirvió brevemente como guardia en el Palacio de Buckingham antes de unirse como voluntario a las fuerzas aliadas en el desembarco de Normandía en 1944, combatiendo en la batalla de Caen contra el ejército del Tercer Reich. Poco después participó en la liberación de Bruselas, ocupada por los alemanes, igual que su tierra natal. Por eso vivió uno de los momentos más simbólicos al entrar triunfalmente con los aliados en su amado Luxemburgo, lo que le granjeó la admiración de sus compatriotas y múltiples condecoraciones civiles y militares.

Reina la prosperidad

Reinó durante 36 años antes de abdicar en su hijo Enrique, el actual jefe de Estado

Después de la guerra, se casó con la princesa belga Josephine Charlotte, hermana del rey Balduino, con la que tuvo cinco hijos. Se convirtió en el 18 monarca del país a los 43 años, cuando su madre Charlotte renunció. Prolongó su mandato hasta 2000, no sin antes dejar el país convertido en un centro financiero internacional con la mayor riqueza per cápita de la UE, un liderazgo que hoy continúa gracias a los 96.700 euros que tocan por luxemburgués de acuerdo a su PIB.

En sus años como jefe de Estado, el gran duque Juan también asumió diversos roles institucionales, como su pertenencia durante nada menos que 53 años al Comité Olímpico Internacional (COI) o la presidencia de honor de los antiguos combatientes de su país.

Se retiró a los 79 años al castillo de Fischbach con su esposa, no sin antes abdicar en favor de Enrique, el segundo de sus hijos. La mayor, Marie-Astrid, no pudo sucederle dado que la ley que otorga preferencia a los herederos varones sobre las mujeres no fue suprimida hasta 2011.

Pese a que seguía siendo uno de los miembros de la Casa Real más queridos por sus conciudadanos, sus apariciones públicas eran ya muy contadas. La última se produjo el mes pasado, cuando estuvo presente en las celebraciones del centenario de la creación del movimiento scout en Luxemburgo.