Nueva York pierde peso y nadie sabe el porqué

Nueva York pierde peso y nadie sabe el porqué

Revolución en las pasarelas. El tándem que da nombre a Public School, una de las marcas más 'cool' de la moda norteamericana, coge vuelo y abandona también la New York Fashion Week. Lo de 'también' en absoluto es gratuito. La firma de Maxwell Osborne y Dao-Yi Chow deja 'su' pasarela. Pese a la originalidad y estilo de sus diseños, no podrán presumir en esta ocasión de pioneros. En lo que va de año, antes que ellos se fueron Rodarte, Proenza Schouler, Altuzarra, Thom Browne y la española Delpozo, lanzada a la conquista de la capital británica.

Hay un asunto incuestionable: Nueva York pierde peso y nadie sabe ni se explica el porqué. Si nada es fruto de la casualidad, este fenómeno alcanza la categoría de paranormal. Hasta no hace mucho, los desfiles de Manhattan presumían de haberle comido la tostada y la moral a las grandes plazas europeas: París y Milán, especialmente, parecían sumidas en una profunda depresión. ¿Qué ha pasado entonces para que la veda que abrió Rodarte, la etiqueta de las hermanas Mulleavy, haya provocado este estropicio por mucho que Nueva York asistiese al regreso del tejano Tom Ford, su hijo pródigo? En el caso de Public School, se habla de que prefiere centrarse en una experiencia directa con el consumidor, ya que renuncia a presentar colección el próximo febrero.

Vale, pero ¿y las otras cinco grandes firmas que han tomado las de Villadiego? En los desfiles de septiembre, la pasarela neoyorquina acaparó muchos titulares, quizá demasiados. Todo fueron parabienes. Por eso nadie se esperaba lo ocurrido ahora.

Llamó la atención su apuesta por la diversidad entre las modelos y sus propuestas reivindicativas. Los expertos hablan de que la industria norteamericana busca ampliar miras y conquistar mercados diferentes o de formas distintas antes de ceder terreno a una competencia que no se chupa el dedo. Si así fuese, demostraría ser muy poco complaciente con su actual estatus y que, por encima del estilo, prevalece un factor clave: muchos negocios brillan más por sus desfiles que por sus cuentas, no tan saneadas como sería deseable.

 

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