El guardaespaldas se arma de tijeras

Lagerfeld y su asistente Jondeau. /
Lagerfeld y su asistente Jondeau.

El 'chico para todo' de Lagerfeld lo mismo ejerce de chófer que le acompaña a bodas. Se hace modista sin olvidar que «el jefe es el jefe»

LUIS GÓMEZ

Hay gente tan apañada que lo mismo sirve para cubrir las espaldas (literalmente) que para tomar las medidas al resto del cuerpo humano. De guardaespaldas, asistente personal y modelo a diseñador, que es el único palo que le faltaba por tocar. Sebastien Jondeau (París, 1975) ha ejercido de todo para Karl Lagerfeld, hasta de chófer. El apolíneo asistente es desde hace 14 años los ojos y las manos del Káiser. Ha protagonizado incluso un vídeo irónico sobre las pautas a seguir para convertirse en el empleado perfecto. La mano derecha del director creativo de Chanel y Fendi es un bendito. Un poco 'el chico para todo', opinan otros. Lo mismo le acompaña de vacaciones a la exclusiva isla de Saint Barth que a la boda de Alberto de Mónaco. Desde 2005 pisa con asiduidad las pasarelas. Ha hecho, en definitiva, lo que ningún otro: tocar con sus propias manos el glamuroso mundo de la moda.

Planta no le falta. No desmerece a los demás top. Ahora se dispone a emular a su jefe y practicar la pirueta más complicada. Se estrena como modista, como si fuese cualquier cosa. Lagerfeld le ha echado una mano y lo que ha hecho falta. No tiene celos ni teme que le pueda hacer competencia. El octogenario diseñador, al que le gusta rodearse de gente a la que ama y que le quiera, tiene una fe ciega en sus posibilidades y ha decidido premiarle encargándole una colección cápsula para su firma homónima. Tiene sus razones. Hasta que Jondeau apareció en escena, no se puede decir que Karl tuviera muy buen ojo con la elección de su personal de seguridad. Es de las pocas cosas en las que debe de fallar, porque los demás asuntos los tiene bajo absoluto control. Un anterior guardaespaldas mantuvo sus dimes y diretes con la justicia.

Tras armarse de tijeras, Jondeau, un exboxeador con maneras exquisitas, se convirtió el pasado enero en una de las principales estrellas de la feria de moda de hombre más importante del mundo: la Pitti Uomo de Florencia. Hizo su acto de presentación con el lanzamiento de 'Karl Lagerfeld by Sebastien Jondeau', que incluye una línea desenfadada de parkas, jerseys de lana, trajes de chaqueta de tres piezas y zapatillas blancas. Nadie le esperaba, pero se dejó notar. Su estreno vino precedido de una gran campaña publicitaria. Las prendas se pondrán a la venta el próximo agosto. Según sus palabras, teje un estilo urbano, reflejo de su armario personal.

«Tenemos una relación de respeto, pero la jerarquía está clara», esgrime Jondeau

El hombre, obviamente, está emocionado. Relató en su cuenta de Instagram que ha estado trabajando «muy duro», al tiempo que agradecía el apoyo de todos los que le han apoyado en esta «nueva aventura». «¡Espero que os guste!», deseó a través de las redes sociales, donde se exhibe constantemente mostrando lo bien en forma que está. Lo mismo hace el pino en un resort de lujo con vistas a una espectacular playa que se le ve realizando pruebas de tiro. No lleva una mala vida. Le gusta fotografiar los almuerzos que se pega en la casa Chanel, mostrar lo a gusto que se vuela en el súper lujoso 'jet' privado de su jefe luciendo zapatillas blancas con la cara de Karl garabateada en el calzado, practicar yoga en posturas acrobáticas, golpear duro con guantes de boxeo o dejarse ver rodeado de famosos. Él ya es una 'celebritie'. Le ha cogido gusto a una vida moldeada a cuerpo de rey. Y pinta mucho más de lo que la gente pueda creer. En algunas fiestas de postín, comparte mesa y mantel con Carlota Casiraghi, a la que acompañó en el último Baile de la Rosa, mientras su jefe hace lo propio con la madre de esta, la gran Carolina.

Estrategia calculada

Que llegue a volar solo algún día como diseñador o que no pase de ser flor de un día es un misterio, pero por fama no será. Jondeau nunca da un paso en falso. Su estrellato es fruto de una estrategia calculada al milímetro. Se lo empezó a ganar a raíz de un documental de la televisión francesa cuando contaba las maletas de su protegido. La centralita ardió de llamadas de curiosos preguntando sobre la identidad de aquel parisino tan guapo.

Lagerfeld, además de manejar una de las casas más legendarias de la moda, es un prestigioso fotógrafo que saca tajada de su protegido. Ha retratado en infinidad de ocasiones al discreto Jondeau, que ha grabado también un par de cortos para Chanel. Altivo, el Káiser no ha dudado en humillar a otros modelos con los que ha trabajado y sustituirles por Sebastien cuando no le gustaban sus maneras de posar. Cuentan las malas lenguas que fue Sebastien quien se ofreció a Lagerfeld para el puesto y que luego el diseñador germano aprovechó la popularidad de su guardaespaldas para elegirle como protagonista de una campaña en 2013. Una relación de conveniencia con la que ambos salen ganando. «Mi trabajo es estar cerca de él y asegurarme de que nada le sorprenda», explica Jondeau. Por si hubiera alguna duda sobre la conexión entre ambos, deja claro que, aunque intensa, es unicamente laboral: «Tenemos una relación de respeto, pero él es mi jefe. La jerarquía está clara», argumentó.

Metódico, Jondeau se cuida para no defraudar ni perder el paso de uno de los hombres más poderosos de la industria de la moda. Insiste en la necesidad de mantenerse joven -«tengo todavía 15 años en mi cabeza», dice-, practica deportes de combate y tiene siempre a mano un peluquero. Sin miedo a los carbohidratos, reconoce que de vez en cuando le da a la pizza y la pasta. Ahora mismo solo 'Choupette', la gata a la que Lagerfeld colma de toda clase de caprichos -dos niñeras se encargan del cuidado de la felina-, rivaliza en cariño con Sebastien, al que solo le queda una prueba por superar. ¿Vestirá sus prendas el hombre al que cubre las espaldas?

Patrón de moda.

 

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