Lucía Bosé: «Picasso se habría divertido con esta zarzuela»

Con sentido del humor. «Esto ha sido fatal para mi currículum», bromea la actriz a sus 88 años./DV
Con sentido del humor. «Esto ha sido fatal para mi currículum», bromea la actriz a sus 88 años. / DV

«Lo primero que he hecho al terminar el juicio ha sido perdonar a las sobrinas de Reme, no quiero amarguras»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Recién absuelta de un delito de apropiación indebida de un dibujo de Picasso por el que le pedían dos años de cárcel, Lucía Bosé (Milán, 1931) atiende esta entrevista telefónica entre la alegría (por haber ganado el juicio) y la desgana de tener que someterse a otro interrogatorio... «Tú pregunta, pero cuando me harte, te cuelgo», avisa esta rotunda italiana de la que Miguel Bosé ha heredado genio y figura.

- ¿A qué le ha sabido la palabra absolución?

- Yo estaba convencida de que iba a ganar. Porque iba con la verdad por delante, mientras que los demás iban con la mentira.

- ¿Y cuál es su verdad?

- Que Reme nunca quiso saber nada del dibujo 'La chumbera'. Quizás le hubiera gustado que Picasso la pintara como 'La Churrera', ja, ja, ja... Porque ella le hacía churros todas las mañanas. Pero él le puso unos bacalaos y, como ella tenía las piernas gordas, la pintó con siete piernas. Cuando Reme vio aquello le preguntó: «Pablo, ¿de verdad me ve usted así?». Y él le contestó que sí. Entonces Reme me dijo: «Quédese usted con el dibujo, se lo regalo».

- ¿Y en ese momento no le hizo ver que aquello era nada menos que un Picasso?

- ¿Cómo le voy a decir eso? ¿Qué iba a saber ella del dibujo y de Picasso? A mí Picasso me regaló una litografía y le dije a Reme: «Vale, pongo tu dibujo con mi litografía». Y ella replicó: «Póngalo donde guste, pero yo no lo quiero». Ella veía a Picasso como un ser normal, no como pintor.

- Ese dibujo quizás le hubiera podido sacar a Reme de algún apuro económico.

- Pero nunca lo vendió porque me lo había regalado a mí. Las sobrinas, cuando ella murió, me lo reclamaron... ¡Diez años después! Eso no es normal. Alguien les habrá dicho que podían sacar un dinero.

- Usted además las conocía.

- Una de ellas ha trabajado en mi casa, llevando las cuentas. Y en cuanto a Reme... Ella ya no era la 'tata', ni se le pagaba. Se le daban todos los regalos. «Quiero una casa», decía, y Miguel le regalaba una casa. «Quiero un abrigo de astracán», y se lo regalábamos... Luego resulta que las sobrinas no fueron ni al funeral.

- ¿Se ha sentido prejuzgada?

- Me he sentido agotada porque son dos años los que llevamos con la tontería. No es muy agradable a los 88 años estar en un banquillo. Ha sido la peor experiencia de mi vida. Esto además es fatal para mi currículum, ja, ja, ja...

- Veo que se lo toma con humor.

- Siempre. Son tan absurdas las cosas... A mí no me amarga nadie. Yo quiero ser feliz.

- ¿Se encomendó a sus ángeles para el juicio?

- No. Le pedí ayuda al Espíritu Santo, que es al que siempre recurro.

- ¿Y qué cree que diría Picasso si levantara la cabeza?

- Se divertiría mucho, porque a los artistas siempre les divierten las cosas así. Esto ha sido como una zarzuela. Creo que Picasso a las sobrinas de Reme les diría: «Dejad de hacer payasadas». ¿Sabe lo primero que he hecho yo al terminar el juicio? ¡Perdonarlas! No quiero quedarme con toda esta porquería encima.

- Ya, pero quizás si Reme hubiera conocido el valor de ese dibujo...

- Bueno, que tampoco son millones. Es solo un dibujo, hecho con los lapiceros de los niños. Lo que vale es la firma, de acuerdo, pero no estamos hablando de millones.

- A usted le dieron por él 200.000 euros en una subasta.

- Sí, algo así. Ni me acuerdo. Reme además me lo había regalado a mí y, cuando regalas algo, luego no lo puedes reclamar. Un regalo es un regalo. Si cada vez que te hacen un regalo tienes que firmar un papelito... Los únicos testigos eran el torero (Luis Miguel Dominguín) y Picasso, pero se han muerto los dos y no los podía llevar como testigos al juicio.

- ¿Le dolió que su hijo Miguel no viajara a Madrid para declarar?

- No. Lo que me pareció absurdo es que le hicieran testificar. ¿Iba a venir desde México para una estupidez? Él tenía entonces siete u ocho años y no se acuerda de nada.

- ¿Y cómo está Miguel Bosé?

-Perfectamente. Lo buscaron y, a través de la embajada, se presentó y dijo: «No tengo nada que declarar en contra de mi madre, buenas tardes».

- Supongo que nadie vende un Picasso si no es por necesidad.

- Yo los he vendido porque no tengo una casa para tener un Picasso, no dispongo de la seguridad necesaria. Y para guardarlo en un cajón, prefiero venderlo.

- ¿Cómo va a celebrar la absolución?

- Viviendo mi vida en mi pueblecito de Segovia.

- ¿Y qué vida lleva?

- Voy a misa todas las mañanas, no te digo, ja, ja, ja... Bueno, te cuelgo, que ya me he hartado de preguntas.