Finito saca su nariz 'del armario'

Razones. El diestro aclara que se operó el tabique nasal por culpa de una cornada. / R. C.
Razones. El diestro aclara que se operó el tabique nasal por culpa de una cornada. / R. C.

Casado con Arantxa del Sol, el torero confiesa que «mi actual amor por ella quizá tenga menos fuego, pero a mí me quema más»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Doce años después, Finito de Córdoba ha 'sacado del armario' su operación de nariz. Lo ha hecho por amistad con el doctor Arquero, el cirujano plástico que le devolvió el tabique nasal y con él «la felicidad». Pedro Arquero es especialista en el remodelado y rejuvenecimiento facial, así como un referente internacional en rinoplastias. Hace unos días ofreció una conferencia en Madrid sobre las intervenciones más demandadas entre el público masculino y allí estaba para echarle un capote Finito.

El torero no quiso explicar en su día el motivo de la transformación de su rostro pese a que Arantxa del Sol, su mujer, le animaba a hacerlo. Algunos medios llegaron a afirmar que se había sometido a una operación estética por pura coquetería... Y Juan Serrano es coqueto. «Sin embargo no fue ese el motivo -aclara-. Mi nariz no me desagradaba. Era pronunciada pero con los perfiles muy marcados, mucha rectitud, una nariz fina. Nunca me la habría tocado».

La causa de la operación fue la envenenada cornada que sufrió en el verano de 2004 en Burgos. Un toro de la ganadería de El Pilar le fracturó el tabique nasal por tres sitios cuando el torero esbozaba un lance con el capote. A ese toro lo acabó matando El Fandi. Pero al segundo lo estoqueó el propio Finito, recién salido de la enfermería, con un tobillo renqueante y la nariz taponada... Y hasta cortó una oreja. Esa noche, cenando con la cuadrilla, el diestro sintió fiebre y escalofríos. Pidió una sopa ardiendo (era julio) y a causa de los vapores del caldo se le dilataron los vasos y sufrió un derrame nasal que tiñó el plato de rojo... Acabó en urgencias. Acudió al otorrino. Lo operó dos veces un maxilofacial...

«Todo sin éxito. Pasé dos años muy malos -recuerda Finito-. No sincronizaba la respiración, me asfixiaba delante del toro, estaba limitadísimo, tenía que dormir incorporado». Hasta que una de tantas noches en vela, navegando por la red se encontró con el testimonio de una joven que expresaba su agradecimiento al doctor Arquero. «Su problema se parecía mucho al mío. Así que a la mañana siguiente me presenté en su consulta». Para entonces, llevaba en la nariz dos injertos de su propia oreja. Arquero se los cambió por otro de cartílago de costilla. «El resultado fue espectacular. Fue como volver a la vida. Un cirujano plástico me había devuelto la funcionalidad», relata el torero. Y eso, sin tener que viajar a Brasil, porque Finito, en su desesperación, ya estaba pensando en «acudir a Pitanguy».

Su secreto

A sus 46 años, Juan Serrano se enorgullece de haber cumplido 27 como matador de toros y poder seguir disfrutando de su profesión. Pero cuando mira hacia atrás y recuerda las consecuencias de aquella cornada admite que se llegó a deprimir y le cambió el carácter. «Cuando las cosas ruedan bien hay mucha gente alrededor, pero cuando van mal te dejan solo. Sin embargo Arantxa siempre ha estado apoyándome -afirma orgulloso-. Ella, además de mis padres y mis hijos, es el principal pilar en mi vida, el equilibrio perfecto. Me comprende, y los toreros somos complicados».

El diestro y la presentadora llevan 17 años casados y casi veinte de relación. «El secreto es el amor, pero no el amor romántico -precisa Finito-. Al principio hay un amor apasionado que es como un fuego. Luego eso cambia y se transforma en un amor a los valores que esa persona te ha ido transmitiendo con el paso del tiempo. Yo, sinceramente, con la edad que tengo y con lo que he vivido al lado de Arantxa, me quedo con el amor que existe ahora. Es mucho más especial. Aunque haya menos fuego me quema más».

Padres de la sociable y popular Lucía, de casi 16 años, y del futbolero Juan Rodrigo, que pronto cumplirá 10, Finito y Arantxa decidieron mudarse a Córdoba hace tres años, «y ahora ya no hay quien nos saque de aquí». A pesar de su nombre artístico y de sus raíces cordobesas, Juan Serrano nació en Sabadell y allí se crió hasta los doce años. «Fui un niño tímido, calladito y muy observador». Hoy, décadas después, reniega de la expresión 'cortarse la coleta'. «Son tantos los casos de toreros que se la han cortado y luego han vuelto... -razona-. Yo ahora lógicamente toreo menos, este verano serán diez corridas, y disfruto mucho de mi familia y amigos. Pero no dejo de entrenar, de ir al campo. Lo necesito. Y el día que diga que me retiro será para no volver jamás».

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