Duquesa con causa

Meghan Markle posa como diseñadora para el número de septiembre de la revista 'Vogue', que se ha encargado de editar. / 'VOGUE'
Meghan Markle posa como diseñadora para el número de septiembre de la revista 'Vogue', que se ha encargado de editar. / 'VOGUE'

Meghan Markle debuta como editora puntual de 'Vogue' con un mensaje pretendidamente feminista

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie», escribió Lampedusa. Y esa maquiavélica filosofía, denominada 'gatopardismo', es la que parece animar a Meghan Markle en su obsesión por renovarlo todo... Todo menos, 'of course', la monarquía que la ha convertido a ella en duquesa. La exactriz acaba de debutar como editora de la revista 'Vogue', considerada la Biblia de la moda. Y ha aprovechado para volver a alardear de su autoproclamado feminismo. Siete meses dicen que ha empleado en elaborar el contenido de un reportaje que llevará a la portada de la edición británica del mes de septiembre los rostros de 15 mujeres pioneras. Su título: 'Las fuerzas del cambio'.

Buena amiga de George Clooney (activista de día, multimillonario de noche), Meghan ha aprendido a deambular con soltura por el frágil alambre de las contradicciones. Por ejemplo, la de haberse convertido por vía marital en miembro destacado una institución tan encorsetada como la monarquía británica y a la vez cultivar la imagen de mujer ultramoderna y liberada. La de vivir en un palacio, ser la madre de un niño (Archie Harrison Mountbatten- Windsor) que es el séptimo aspirante al trono de un reino donde todavía no se ha abolido la ley sálica, y al mismo tiempo autoerigirse en consumada feminista. O presentarse como una sencilla mujer del pueblo mientras ostenta sin rechistar los títulos de duquesa de Sussex, condesa de Dumbarton y baronesa Kilkeel, con todos sus privilegios... Nada nuevo bajo el sol. También su suegra, Lady Di, transitó durante sus últimos años de vida entre su vocación de Madre Teresa y su adicción al lujo.

Mientras se aclara si Markle es un submarino nuclear en las profundidades de la corona británica o si por el contrario es el verso suelto necesario, la espita destinada a soltar presión para que la rígida institución pueda seguir respirando otros diez siglos, lo cierto es que esta norteamericana de 37 años, además de una inmensa fotogenia posee un carisma personal innegable que hace que todo lo que toca acapare una gran atención mediática. Ella luego se encarga de revestirlo de conciencia social, lo que la convierte en una auténtica aristócrata con causa.

La esposa de Enrique aboga por el cambio de todo, menos de su nuevo estatus

Es el caso de su intervención como editora del 'Vogue' británico de septiembre. En él, además de entrevistar a Michelle Obama, ensalza a quince mujeres «unidas -según sus propias palabras- por su valentía rompiendo barreras». Figuran, entre otras, la primatóloga Jane Goodall, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, las actrices Jane Fonda y Salma Hayek (experta en moverse con soltura entre la reivindicación indigenista y una vida de extrema opulencia), así como la nueva telepredicadora adolescente del ecologismo radical, Greta Thunberg, cuyas teorías, puestas en práctica, llevarían a la ruina al emporio del lujo que regenta el marido de Salma Hayek...

Y mientras Meghan predica sin dar otro 'trigo' que el de añadir un descendiente más a la corona británica, su hermano Thomas, activo integrante del desavenido clan Markle, ha pedido públicamente a la reina de Inglaterra que interceda ante su hermana «para que haga las paces con su familia». Pero la duquesa tiene otras batallas más acuciantes. Entre ellas, justificar ante la ofendida opinión pública británica los escandalosos 2,7 millones de euros que ella y Enrique se han gastado en la reforma de su 'humilde morada'.