BICIS

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Los últimos serán los primeros, la verdad os hará libres... Y el móvil os dejará inmóviles, habría dicho Jesús a los judíos de haber existido 'in illo tempore' el 'smartphone'. Dani Rovira puede dar fe. Un móvil casi lo manda al otro barrio. Gracias a un vídeo viral, todo el mundo se ha enterado de que al actor lo ha arrollado un coche cuando circulaba en bicicleta por una carretera francesa. Por lo visto al conductor se le había caído el teléfono, se agachó a recogerlo y en ese momento perdió el control del vehículo (el sentido común lo había perdido mucho antes), y se llevó por delante a tres ciclistas, entre ellos Dani Rovira. Está claro que los celulares los carga el diablo. Por algo decimos el móvil del crimen. Por suerte, aquí el homicidio quedó solo en tentativa porque Rovira y sus compañeros, sorprendentemente, resultaron ilesos. Una especie de milagro que algún creyente podría atribuir al hecho de que el grupo se dirigía a Roma para entrevistarse con el Papa Francisco.

A mí, que soy mujer de poca fe, me cuesta creer que todavía haya gente que use el 'manos ocupadas' cuando va conduciendo. Como si fisgar el último meme recibido fuera una tarea vital e inaplazable y no una auténtica memez. No te digo ya recoger el móvil del suelo, como si el rescate de un simple cachivache, por 'inteligente' que sea, mereciera arriesgar una sola vida humana. También, para qué negarlo, me choca que ciertos ciclistas amantes de la naturaleza (menos de la suya propia) se empeñen en rodar en grupo por carreteras serpenteantes. No es el caso de Dani Rovira, que circulaba de manera ejemplar en fila india y bien pegadito a la cuneta, pero sí el de otros corredores. Hace unos días en la Sierra Tramontana de Mallorca tuve ocasión de toparme con varios grupitos de despreocupados ciclistas que iban en alegre tertulia de a tres y de a cuatro y que, aunque fueras a 40, se te aparecían por sorpresa en cualquier recodo provocándote más susto que la chica de la curva.

Me cuesta creer en la idoneidad de que algo tan frágil como una bici pueda circular por donde transitan coches y camiones. Pensar que ahí no debería haber accidentes es casi como creer en los milagros... Claro que, después de ver lo de Dani Rovira, empiezo a creer que los milagros existen.

 

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