ENTREVISTA

«El vino es sufrimiento, pasión y amor»

Maider Larrañaga /UNCITI
Maider Larrañaga / UNCITI

Maider Larrañaga, sumiller de Arteaga Landetxea, cayó de pie en el mundo del vino hace 14 años y ha descubierto que era precisamente lo que buscaba. No tiene problema en reconocer que intenta «sacar a la gente de su zona de confort»

I. U. Donostia

Hacia 2005. Decidimos hacer un cambio estructural en el restaurante y enfocarlo más hacia los vinos. El gran objetivo era ampliar y mejorar la oferta, que era la que se podía encontrar en otros sitios.

Hice el Máster de Viticultura y Enología en la Universidad de La Rioja, el Curso de Sumillería y Cultura del Vino de la UNED y el Curso Profesional de Sumiller de la Escuela Española de Cata. Ahora estoy cursando el Nivel 3 de los WSET (Wine & Spirits Education Trust) en inglés con Frank Smulders.

Bueno, pero es una carrera de fondo. Empiezas con un objetivo y te vas dando cuenta de que este mundo te engancha cada vez más. Ha sido encontrar mi camino, me he dado cuenta de que es lo mío. Es lo que me apasiona y lo que me mueve.

Jamás. Además de lo que aprendes de los vinos, te encuentras con gente muy interesante. Y cuando doy alguna cata de iniciación, me doy cuenta de que la que más aprendo soy yo. También encuentras zonas diferentes, que las descubres y ves que son una maravilla.

El aprendizaje es constante y es imposible saberlo todo. Mis gustos han cambiado mucho desde que empecé, pero sigo volcándome con toda mi humildad, con ganas de aprender y de saber más, porque tengo claro que todavía estoy en la base.

Sin duda. Y ahora también sé lo que les gusta a mis clientes, porque vas conociendo a la gente y viendo su perfil. Es más, mi objetivo siempre es intentar que salgan de su zona de confort y prueben cosas diferentes. Intento que aprovechen porque tenemos mucho, bueno y a un precio espectacular.

Eso es. Más que nada, marca la actitud. Hay quien piensa que entiende más de lo que entiende en realidad, o gente que no tiene claros los conceptos. Obviamente, no les puedo corregir; o lo hago amablemente, o intento darles mi punto de vista. Y nunca pontificando, por supuesto. En este mundo nunca nadie tiene razón del todo.

«El maridaje es importante, pero lo es más beber a gusto»

Mucha gente viene con miedo, algo que siempre intento dejar a un lado. Al final, es un kilo de uva y se trata de bebérselo y de disfrutar, no hay que analizar demasiado el vino, ni diseccionarlo, ni es una cata seria. Es una cata hedonista y tiene que aportar placer, nunca temores, ni disgustos.

Así es, tanto que yo creo que tiene la misma importancia que la comida, ni más ni menos. Tiene que estar a la altura, porque puede mejorar la experiencia o hacerla indiferente.

Sí, que el maridaje es importante, pero lo es más beber a gusto. Soy más partidaria de beber uno o dos vinos, como un blanco y un tinto en toda la comida, que de beber un vino por plato. Hay más riesgo de perderse y es mejor disfrutar de una botella buena que nos apetezca en el momento. No tiene por qué ser cara o barata, sino la correcta para ese día. Lo más importante del vino es la compañía.

Hablemos de vinos

¿Un vino para carne? Un tinto ligerito de Roussillon. Ayudará a digerir esa carne y su grasa.

¿Un vino para pescado? Un champán de pequeño productor.

¿Un vino para disfrutar con la pareja? Un Jerez.

¿Un vino para disfrutar con los amigos? Un blanco natural. Un savagnin del Jura, alegre y divertido.

¿Un vino para una ocasión especial? Un champán más vinoso, con más edad y más oxidación; más hecho.

¿Un vino que le haya sorprendido? Un Pierre Overnoy. Fue un regalo, un gran regalo, y lo tengo mitificado.

¿Un vino que recomendaría? Me gustaría evitar el estigma del vino blanco de añada y cambiarlo por un vino blanco viejo y sin madera, que no haya reparos en pedir un albariño de 2012.

¿Su último descubrimiento? El txakoli de Oxer Bastegieta, el vizcaíno Gure Arbasoak, me parece de lo mejor que hay en el mercado.

¿Un vino curioso? Tengo uno chileno espectacular, de los viñedos de Garnacha más altos del mundo, que están en plenos Andes, a 3.000 metros, en un entorno completamente nevado.

Muchísimo. Y pienso que a mejor. Se está dando una revolución por parte de los viticultores y productores, y de los que somos transmisores hacia el consumidor. Tenemos más interés, sabemos más y exigimos más, por lo que tenemos una oferta cada vez mayor y mejor.

Sí, los productores pequeños, gente que cuida muchísimo lo que hace, que vive su trabajo y se esfuerza por mantener el proceso artesanal. Me encanta conocer a viticultores que ponen su vida en el viñedo, que van allí a diario y para los que su vino lo es todo. Sangre, sudor y lágrimas. El vino es sufrimiento, es pasión y es amor absoluto.