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Biarritz Bar-Restaurante: Felicidad gastronómica

Biarritz Bar-Restaurante: Felicidad gastronómica

Una gran materia prima al servicio de una cocina que aúna tradición y modernidad

Oraitz García
ORAITZ GARCÍA

Fue como en la escena de la película Ratatouille, cuándo el exigente y severo crítico gastronómico Anton Ego da el primer mordisco a la Ratatouille, esa receta francesa a base de berenjenas, calabacines, pimientos y tomate, que le prepara el ratón Remy. Como evoca su infancia, como le trae buenos recuerdos y le deja en estado de shock. El martes pasado yo me quedé igual, salvando las distancias con la película, con el plato de secreto ibérico con mostaza, manzana y apionabo del Biarritz Bar-Restaurante. Fue terminarlo y me quedé mirando el plato vacío, pensativo, reteniendo los sabores en el paladar, un plato sublime.

Plena Semana Grande donostiarra, paseo por La Concha y encamino mis pasos hacia el Biarritz Bar-Restaurante, ubicado en el Hotel Niza y que desde el pasado 1 de junio recupera el nombre que en su día tuvo el bar, en tiempos en el que en el piso de abajo se encontraba el restaurante La Pasta Gansa.

Biarritz Bar-Restaurante

Dirección:
Zubieta 56 (Hotel Niza / Donostia). Teléfono: 943 423 349.
Comedor:
1 para 55 comensales.
Cierra:
Domingo noche y lunes.
Precio:
Menú del día 35,50€ / Carta 50€

Antes de bajar a cenar, decidí relajarme y tomarme una buena cerveza en el bar, intentar pasar desapercibido, pero he ahí mi sorpresa cuándo de repente me plantan un aperitivo de anchoa y boquerón, delicioso, para que fuera abriendo boca antes del festín que vendría a continuación.

Me presentaron al chef, al artífice de los platos y experiencia gastronómica y culinaria que se vive en el Biarritz, David Agüero. Cocinero argentino que lleva desde el 2005 asentado en Donostia, dónde empezó en el Bera Bera, y luego fue al Narru. Este año le ha llegado su turno, su momento, el decoger las riendas del Biarritz y demostrar que estamos ante un gran cocinero, que saca su talento a relucir con una cocina de temporada, de producto. Partiendo de una materia de primerísima calidad, dónde respetan la temporalidad y el mejor momento, elaboran una cocina que respeta la tradición, la cultura gastronómica de nuestra tierra, poniendo a su servicio técnicas de vanguardia, pero sin perder el sentido y teniendo muy presente cual es su base culinaria.

El trato y atención por parte de Ander de la Huerga, que dirige la sala junto a Gorka Jimenez, y todo el equipo de sala, fue exquisito, me cuidaron y mimaron y quiero aprovechar estas líneas para agradecer y felicitar a todo el equipo que convierte la visita al Biarritz en una gran experiencia gastronómica.

Tras el aperitivo de anchoa, el festival, el homenaje del comedor arrancó con un pequeño bocado de pan tomaca con papada ibérica, un bocado suculento, dónde el frescor del tomate y el crujiente de la papada casaban a la perfección. Muestra de la calidad de la materia prima que utilizan, la cigala a la plancha, tan sencillo, pero tan sabroso y maravilloso, un lujo.

A continuación, dos obras de arte culinarias, dos platos que me encantaron, que disfruté como un enano, el tataki de atún con alga wakame, guacamole y mahonesa picante, un manjar. El steak tartar me pareció excelente, técnica y producto se dan la mano para hacernos disfrutar, paladeé y saboreé cada bocado, acompañado a la perfección por un salmorejo.

Por si el carrusel de platos no estaba siendo suficiente, llegó el turno del pescado y de la carne. Dos grandes platos, dos grandes productos. Por un lado, el mero, que era el pescado del día, asado en su punto perfecto, acompañado de verduritas. Y, por otro lado, el plato de secreto ibérico, que, literalmente me dejó sin palabras.

Para terminar, dos dulces postres, la selección de quesos, queso de oveja de Urbasa, de cabra del Gorbea y Gorgonzola; y el pannacoco, un refrescante postre de coco, una especie de cuajada de coco, acompañado de frutos rojos y helado de mango, un postre que me sorprendió muy gratamente.

En el tintero se quedaron grandes propuestas como los chipirones a la plancha sobre fina crema de coliflor y cebolletas; el arroz con almejas; el tiradito de atún; la ventresca de bonito con crema del país, guindillas y cebolla caramelizada; el cordero lechal con patatas; la crema de queso con migas crujientes; la torrija de brioche con helado de café; o el coulant de chocolate.

Fui muy feliz durante mi visita al Biarritz, lugar que os recomiendo visitar, tanto para disfrutar de su carta, de su menú del día, o picotear algo en su bar. On egin!