Japón, más allá del sushi

Japón, más allá del sushi

Más allá del exquisito sushi, la refinada gastronomía nipona ofrece otros platos igualmente deliciosos, como sus diversos tipos de tallarines y carnes de primera

PABLO M. DÍEZ

La cocina de Japón, el país de la excelencia donde todo se cuida hasta el más mínimo detalle, destaca por la exquisitez minimalista del pescado crudo, ya sea solo (sashimi) o servido sobre una base de arroz (sushi). Pero, más allá de esta especialidad nacional, la rica gastronomía nipona cuenta con otros platos igual de deliciosos capaces de satisfacer a los paladares más exigentes.

Para empezar, y dependiendo de cada región, este archipiélago cuenta con una variada gama de tallarines (noodles), que van desde la típica sopa de ramen con verdura, algas y carne de cerdo hasta los udon, que son más gruesos, o los soba, que se sirven fríos con salsa de soja. Si uno quiere degustar su auténtico sabor, en Tokio hay que dejarse llevar por la multitud y hacerse un hueco en los taburetes de un atestado y diminuto local para comer codo con codo con los parroquianos mientras estos sorben ruidosamente sus tallarines. Especialmente recomendables son los wanko-soba, en la prefectura nororiental de Iwate, y los izumo soba, en la prefectura de Chugoku, al suroeste del país.

Además de la famosa ternera Wagyu de Kobe, que muchos gourmets consideran la mejor del mundo, en Japón se pueden encontrar otras carnes de primera. Venciendo los reparos, un manjar a descubrir es la lengua de vaca (gyutan) de Sendai, al norte en la prefectura de Miyagi. Para los amantes de los platos contundentes y calóricos, el tradicional katsudon ofrece una chuleta de cerdo rebozada sobre un huevo revuelto en un cuenco de arroz. Y, bien regado con cerveza Asahi muy fría, hasta el pollo frito sabe a gloria en las ruidosas y humeantes izakayas (tabernas). Curiosamente, en Japón se puede fumar en casi todos los bares y restaurantes, pero no en la calle, solo en los lugares especialmente habilitados para ello con ceniceros. Aunque el cordero apenas se consume en la cocina nipona, en la isla septentrional de Hokkaido se prepara un plato llamado Gengis Khan que incluye esta carne. Cortado en finas lonchas y acompañado de brotes de soja y calabaza, el cordero se asa sobre una parrilla especial de hierro con forma de casco mongol, pues se dice que era el plato favorito de Gengis Khan.

Como en Japón se come de fábula en prácticamente cualquier sitio, no hay que tener miedo a los puestos callejeros. Una visita a Osaka, la segunda ciudad del país, no está completa si uno no pasea bajo la espectacular pared de neón de Dotonbori saboreando su tradicional takoyaki, pequeñas bolas con masa de crepes rellenas de pulpo, cebolla, col picada y un poco de jengibre marinado que se hacen sobre un molde en los puestos ambulantes.

Otra especialidad callejera, pero de Hiroshima, es el okonomiyaki una torta de harina a la plancha con una salsa especial propia de cada cocinero a la que se le añaden verduras, fideos y algún pescado o marisco, como pulpo e incluso ostras. Conocidas como la leche del mar en Japón por su intenso sabor y sus propiedades nutritivas, las ostras abundan en la prefectura de Hiroshima, donde se toman crudas o cocidas en un caldo de sopa de algas (miso) llamado dotenabe. Para que todos estos platos sepan de maravilla, no hay que olvidar maridarlos con un buen sake (licor de arroz) de Niigata, el mejor de Japón.

Recomendaciones

Hokkaido: Con sus frondosos bosques nevados en invierno, esta isla septentrional es 'la Suiza de Japón» por sus paisajes y destaca por sus productos lácteos.

Tohoku: El nordeste del archipiélago, que quedó arrasado por el tsunami de 2011, ofrece peculiares delicias como la lengua de vaca de Sendai.

Kansa: En Osaka, segunda ciudad del país, hay que probar el takoyaki, bolas rellenas de pulpo que se hacen sobre un molde en los puestos callejeros.

Chugoku: La especialidad de Hiroshima es el okonimiyaki, una torta a la plancha a la que se añade verdura, fideos y hasta ostras, que abundan en sus costas.