Gorrotxategi, cien años endulzando la vida de la gente
La marca de Tolosa, indisolublemente ligada al chocolate, los dulces y los turrones, celebra hoy su centenario con una fiesta en el Tinglado
La familia Gorrotxategi lleva cien años endulzándonos la vida. Su apellido está indisolublemente ligado al chocolate, los dulces y los mejores turrones. Es una marca propia y reconocida que hoy celebrará su centenario en un acto público organizado por Rafa Gorrotxategi y que estará abierto a toda la ciudadanía. La cita es en el Tinglado de Tolosa a las 19.00 horas.
Rafa representa la tercera generación del obrador familiar Gorrotxategi, y estará acompañado en esta fiesta conmemorativa por sus hijos Armintz y Joanes, que ya constituyen el cuarto eslabón de la saga. El evento servirá como muestra de agradecimiento a la confianza que el público les ha mostrado a lo largo de un siglo de historia. «El secreto de seguir aquí consiste en no perder la esencia, pero nunca dejar de creer», asegura el repostero tolosarra.
Está prevista la presencia en el acto de la consejera del Gobierno Vasco, Maria Ubarretxena; el alcalde, Andu Martínez de Rituerto, la alpinista Edurne Pasaban; la soprano Ainhoa Arteta y la futbolista Nerea Eizagirre.
Para remarcar esta fecha tan señalada, Rafa Gorrotxategi ha ideado un producto muy especial: el turrón de lima y limón con trufa blanca, una creación exclusiva que combina la suavidad de la trufa blanca con la frescura cítrica de la lima y el limón.
El repostero anima siempre a la gente a consumir «sin miedo» chocolates, dulces y turrones. «Es una buena manera de endulzar nuestros momentos más especiales». Y no hay que olvidar, dice, «que el chocolate contiene teobromina, sustancia que actúa como relajante muscular y mejora el estado de ánimo». E insiste al respecto: «El chocolate es sabroso, energético, nos infunde optimismo y además es afrodisíaco. ¿Qué mas podemos pedir?», se pregunta.
Una historia plena
La historia de los Gorrotxategi comenzó en el número 2 de la calle Mayor de Tolosa. Aquí se ubica, desde el siglo XVII, la antigua cerería-confitería, que fue durante años el epicentro de la vida social del municipio. En sus orígenes, allí se elaboraban velas, confites y chocolates a mano.
En 1925, los abuelos de la familia Gorrotxategi, originarios de Zegama, asumieron la gestión del obrador tras su traspaso, garantizando así la pervivencia de una empresa artesanal fundada en 1680. Entonces comenzó una nueva etapa bajo el apellido Gorrotxategi que ha mantenido viva la tradición artesanal durante tres generaciones.
José Mari Gorrotxategi, exponente de la segunda de la saga (1929-2019), elevó el oficio de confitero a categoría cultural. Fue todo un maestro del dulce. Investigador, divulgador y autor de la obra 'La historia de la confitería vasca', además de fundador del Museo de la Confitería de Tolosa, un referente etnográfico sobre la materia. José Mari estuvo siempre apoyado por su esposa Mirentxu Perales, quien fue el alma visible en el despacho y atención al público, administradora económica del negocio familiar, además de cuidadora y educadora de sus seis hijos.
Uno de ellos, Rafa (1959) se incorporó al obrador familiar con tan solo 24 años y se formó en prestigiosas pastelerías de Alemania, Francia y España. Hoy, con el apoyo de sus hijos Armintz y Joanes, la cuarta generación familiar, continúa transmitiendo el amor por el oficio.
José Mari Gorrotxategi fue un pionero autodidacta . «No he dejado de investigar a la hora de elaborar un turrón, un dulce o un chocolate. Y siempre sobre la base de que la alimentación es la clave de la salud, un concepto que tuve claro desde siempre, cuando no estaba tan extendida esta creencia», defendía siempre. «Valoramos la tradición, pero también la innovación, hay que introducir sabores actuales y mantener un cuidado total en el diseño, embalaje y etiquetado», agrega su hijo Rafa.
Sobre los cambios que ha experimentado el consumo de dulces, apunta que se ha perdido la tradición de comer pasteles en fechas señaladas. También expone que ha crecido el consumo de bollería, «ya que los desayunos se realizan fuera de casa, la gente trabaja, vive más deprisa, y la nueva tendencia es el consumo de 'take away' y los pasteles más ligeros de azúcar y más ricos en frutas».
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