Fresas, un lujo para el paladar y la vista

Las fresas son uno de los frutos de la huerta segoviana./
Las fresas son uno de los frutos de la huerta segoviana.

Son muy ricas en vitamina C –con un porcentaje incluso superior al que posee la naranja– y ácido fólico

ANA SANTIAGO

El color, intenso rojo; el sabor, intenso dulce; el olor, intenso aroma. Aunque no siempre son lo que eran, las fresas –e, incluso, los fresones– son una sabrosa fruta capaz de, sin ningún acompañamiento, llenar el mejor de los platos y el mejor de los paladares. Capaz de darle la vuelta a su versión azucarada para postres y mermeladas y para compartir con unas buenas sardinas escabechadas –sí, las de lata de toda la vida– una ensalada con cebolla y lechuga y cuanto la imaginación sepa poner en un sabroso, e inesperado, contraste de sabores para los paladares más curiosos.

Rico y nutritivo alimento, sano, bueno para hacer frente al colesterol y para formar parte de una dieta de adelgazamiento. Es la fresa.

Antes, las primeras fresas y fresones anunciaban la primavera y el calor. Ahora, con los nuevos cultivos e invernaderos, pueden disfrutarse mucho más tiempo pero no con la misma calidad con la que en estos días llenan los mercados. Seguirán en las fruterías hasta bien entrado el verano, e incluso hasta el otoño, en alguna de sus variedades. De la familia de las Rosáceas, la fresa silvestre –cuentan algunos estudiosos– fue descubierta en los Alpes por los romanos, que luego las comerían como alimento de privilegiados. El mismo Virgilio las alaba en su obra 'Las bucólicas'. Originariamente salvajes, hacia finales de la Edad Media fue cuando comenzaron a cultivarse, y posteriormente, en Francia se convirtieron en el postre predilecto de la nobleza. Incluso el rey Luis XIV convocó un concurso literario cuyo tema fue las fresas.

Bizcochos, cremas, helados, espumas, batidos, macedonias, tartas, 'bavarois', gelatinas o mermeladas cuentan con la fresa para dar color y sabor. Suflés, flanes y pasteles o tartas, también. Lo bueno es conservarlas en el refrigerador o, en su defecto, en un lugar fresco, oscuro y bien ventilado.

Son fruta muy poco energética cuyo principal componente, después del agua lo constituyen los hidratos de carbono, con una cantidad moderada de alrededor del 5% de su peso, fundamentalmente fructosa y glucosa.

Son muy ricas en vitamina C –con un porcentaje incluso superior al que posee la naranja– y ácido fólico. Entre los minerales destacan el hierro, calcio y yodo, además del fósforo, magnesio y potasio. Son, además, una buena fuente de fibra.