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Don Custodio

Don Custodio
JOSÉ MANUEL VILABELLA

Cuando yo era inglés tenía un mayordomo que se parecía una barbaridad a Custodio, a Custodio López Zamarra. Yo, por aquel entonces, me llamaba Harry y era un caballero elegante y mundano que brillaba en los salones londinenses, hacía juegos malabares con el bombín y devoraba, sin vomitar, el repugnante pastel de hígado. El mítico Custodio, el que fue camarero del excelente restaurante Zalacaín, fue el primer sumiller del reino y el culpable de la sacralización del vino. El vino español, hasta la llegada de Zamarra y su nariz, era más bien malejo y peleón. El personal se lo bebía sin ceremonias organolépticas ni liturgias visuales ni olfativas.

 

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