POLÍTICA

Espaldarazo a la apuesta por la política

J. S.SAN SEBASTIÁN.
La decisión del TC supone un hito en el camino de la izquierda abertzale y abre paso a una nueva etapa

El 'sí' del Tribunal Constitucional a Bildu supone un hito en el camino abierto por el denominado polo soberanista y la izquierda abertzale hacia el final de la violencia en Euskadi, a través de una estrategia de vías exclusivamente políticas. La apuesta del sector ilegalizado mira más a largo plazo, pero la presencia en las instituciones de la coalición soberanista de izquierdas formada por EA, Alternatiba e independientes aber-tzales abre una nueva etapa en la política vasca. La ajustada decisión judicial 'in extremis' servirá para reforzar la apuesta con la que la izquierda abertzale pretende arrastrar a ETA hacia el abandono definitivo de las armas. Y sobre todo, ofrece ahora a quienes quieren desmarcarse de la violencia de ETA una nueva oportunidad de demostrar que su plan va en serio y es irreversible, como ellos mismos sostienen.

La Justicia española echó atrás al nuevo partido del sector ilegalizado, Sortu, y, tras el 'no' del Supremo, Bildu se temía lo peor: quedar fuera de las urnas, en las que aspira a recoger el voto de las formaciones proscritas, y retrasar los avances hacia la no violencia logrados en los últimos meses. El 'sí', por contra, culmina la primera parte de una senda que en los últimos meses ha vivido distintos episodios clave. El fracaso del proceso de paz de 2006 marcó profundamente al mundo de Batasuna. Sus dirigentes tocaron con los dedos una solución definitiva que finalmente se frustró. La bomba de ETA en Barajas puso un dramático colofón a un proceso lastrado casi desde el principio por la incapacidad del Gobierno de Zapatero para tejer complicidades con el PP, la presión de este partido, las interferencias judiciales y policiales y, sobre todo, las exigencias de ETA.

El fin del proceso derivó en una vuelta de los asesinatos por parte de la organización terrorista y el encarcelamiento de los dirigentes de Batasuna, con Arnaldo Otegi a la cabeza, aunque luego volvería a recobrar la libertad. Aquí arrancó un serio debate interno en el seno de la izquierda abertzale, que estuvo a punto de quedar cortocircuitado en octubre de 2009, con el nuevo arresto del portavoz de Batasuna y buena parte de los impulsores de la nueva estrategia por vías sólo políticas.

Pese a las dificultades, el proceso interno siguió adelante. La oficialización de la nueva situación se escenificó el 14 de noviembre de ese año en Alsasua, con una comparecencia masiva de dirigentes del sector ilegalizado para presentar un documento que hablaba de abrir un proceso soberanista sin violencia.

Debate interno

A partir de ahí, los cabecillas de la izquierda abertzale iniciaron una labor de pedagogía entre sus bases y un debate con una masiva participación de la militancia. Pese a los intentos de ETA de imponer sus tesis y guardar bajo la manga la carta de las armas, el mundo de Batasuna concluyó su discusión en febrero de 2010 con una clara apuesta por vías exclusivamente civiles.

Desde entonces, la evolución ha sido constante. Dos meses después, el 24 de abril, Batasuna hizo pública la declaración de Iruña reclamando a ETA que atendiera la Declaración de Bruselas conocida un mes antes, en la que los mediadores de Brian Currin le pedían un alto el fuego permanente y verificable. La izquierda abertzale ilegalizada, EA y Alternatiba comenzaron en esos meses a labrar su colaboración política. Este trabajo conjunto dio como fruto un documento para abrir un proceso con un alto el fuego de ETA bajo verificación internacional, como desveló este periódico el pasado 3 de septiembre. Dos días después, la banda anunciaba en la BBC el cese de sus acciones ofensivas, abriendo de esta forma grandes expectativas en el camino hacia el final definitivo del terrorismo en Euskadi.

Esta decisión supuso un nuevo espaldarazo para la apuesta pacífica del mundo de Batasuna, aunque todavía insuficiente. Pero su maquinaria estaba ya en marcha. La firma del Acuerdo de Gernika junto a EA, Aralar y Alternatiba, emplazando a ETA a un alto el fuego definitivo desató las especulaciones de una pronta tregua final. Tras más de dos meses de especulaciones y rumores, el anuncio llegó el 10 de enero en forma de alto el fuego «general, permanente y verificable por la comunidad internacional». La no aparición del término «definitiva» acrecentó el escepticismo del Gobierno, PP y PNV.

Pero la izquierda abertzale no había recorrido en vano todo este camino. El 7 de febrero, la formación proscrita sorprendía con el pronunciamiento más claro de su historia contra el terrorismo, en la presentación de los estatutos de su nuevo partido, Sortu. Nada de esto le ha servido para estar en las urnas, ya que el Supremo no permitió la inscripción de Sortu en el registro y el asunto está congelado en el Constitucional hasta otoño. Finalmente el intento de EA y Alternatiba, dos partidos legales sin tacha en su trayectoria democrática, de articular una coalición con independientes de izquierdas y abertzales ha podido superar, a la segunda, los recelos de los tribunales y del Gobierno.

Fuentes solventes de la izquierda abertzale habían avalado que, pese a todo, no había marcha atrás en este camino hacia el final de la violencia y su vuelta a las instituciones, aunque el TC hubiera rechazado las candidaturas. Pese a todo, el sector ilegalizado confía en que el alto tribunal rehabilite a Sortu en los próximos meses, a medida que vaya consolidándose la situación política actual.

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