Imágenes inéditas de la Guerra Civil en Gipuzkoa
Verano de 1936: tenaza militar sobre Gipuzkoa
Los acontecimientos no siguieron el plan previsto por Mola y la insurrección, que se esperaba expeditiva, condujo a la guerra civil
Documental · 3 min.
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Gipuzkoa caería de manera fulminante. Tal era la convicción de Emilio Mola, jefe de la conspiración golpista y gobernador militar de Navarra, cuando fijó sus dos principales objetivos tácticos: Irun, para taponar la llegada de apoyos internacionales a la República, y San Sebastián que, además de su valor como capital, aseguraría el acceso de los rebeldes al litoral guipuzcoano.
La ejecución del plan contemplaba la rápida toma de la ciudad por la guarnición de Loiola y el asalto a Gipuzkoa de tres columnas navarras en forma de tenaza: por Belate hasta Irun, por Azpiroz a Tolosa, y por Etxegarate a Beasain, confluyendo las dos últimas a orillas del Oria. Pero los acontecimientos no siguieron el guion previsto y la insurrección, que se esperaba expeditiva, derivó en meses de guerra civil.
En Donostia, el pronunciamiento naufragó por indecisión y división de los alzados y por la eficaz actuación de las organizaciones republicanas.
Sitiados en sus cuarteles, el 28 de julio los militares negociaron la rendición a cambio de sus vidas. No se respetó el acuerdo, y dos días después en la cárcel de Ondarreta 53 soldados y civiles fueron abatidos por orden de la Junta de Defensa del territorio. El 1 de agosto, en el paseo Nuevo donostiarra, catorce carlistas sacados de la cárcel de Tolosa eran asesinados. Las venganzas se prolongarían aún con sentencias a muerte como réplica a los bombardeos navales franquistas.
Tampoco en la cuenca del Bidasoa se cumplió lo previsto. Cortado el puente de Endarlatsa, la columna del coronel Alfonso Beorlegui se desvió por Peñas de Aia y se hizo con el control de Oiartzun el 27 de julio, pero en Errenteria encontró franca resistencia republicana. Entre tanto, dejaron once cadáveres al pie del caserío Pikoketa: nueve jóvenes, incluidas dos muchachas, y cuatro carabineros. Solo a mediados de septiembre, completada la conquista de Irun (de la que se trata en otro capítulo de esta serie), la columna Beorlegui tomaría la localidad fabril abandonada por las milicias gubernamentales.
Al mismo tiempo, una segunda columna con el coronel Pablo Cayuela al frente avanzó desde Altsasu siguiendo el cauce del Oria. El 27 de julio caía Beasain tras durísimos combates con fuerzas de la Guardia Civil y milicianos. A su entrada a sangre y fuego en la villa vagonera, los 'nacionales' fusilaron a 35 hombres, entre ellos al presidente del Círculo Tradicionalista por reprocharles su bárbaro comportamiento. Consumado el saqueo de comercios y la destrucción de inmuebles, las tropas partieron en dirección a Ordizia que ocuparán el día 29.
Una tercera columna alcanzó Leaburu por el valle de Berastegi y conectó con la de Cayuela en Tolosa, forzando su evacuación el 10 de agosto. Izada la bandera bicolor en el ayuntamiento de Andoain, los combates se trasladaron a las laderas del monte Buruntza, posición estratégica sobre la comarca del Oria y clave en la comunicación con Bizkaia, cuya cima se rindió a los rebeldes el 30 de agosto.
Tanto por el este como por el sur, la ruta hacia San Sebastián queda pronto despejada. La Junta de Defensa ordena la retirada hacia Zarautz y Zumaia por Igeldo horas antes de que los requetés de Beorlegui (herido en una pierna, fallecería días después) penetren desde Errenteria y Pasaia. El domingo 13 de septiembre irrumpen en el Palacio de la Diputación.
Con vistas a completar la conquista se organizaron tres formaciones: hacia Arrasate y Elgoibar progresando por la carretera de Tolosa a Azpeitia, por la costa hasta el límite con Bizkaia, y una tercera que, entrando por el puerto de Arlaban, tomaría Mondragón el 26 de septiembre.
Se abrió entonces un paréntesis de más de seis meses en los que el frente permaneció estable en torno a Eibar. En abril, la aviación y la artillería franquistas romperán hostilidades causando enormes bajas entre combatientes y población civil. La ocupación de Udala y Elgeta, y la toma de una Eibar envuelta en llamas, suponen el último capítulo del drama bélico en Gipuzkoa.
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