La generación de la democracia que mira al futuro
DV invita a trece políticos guipuzcoanos nacidos y crecidos tras la muerte de Franco, que llaman a consolidar los derechos y libertades logrados
El Palacio de Aiete, el mismo en el que Francisco Franco pasó más de treinta veranos donostiarras, es testigo, a propuesta de DV, del encuentro de trece políticos guipuzcoanos de PNV, EH Bildu, PSE, PP, Elkarrekin Podemos y Sumar, nacidos y crecidos en democracia, en las décadas de los 70, 80 y 90. Ninguno de ellos vivió la guerra civil española ni la dictadura, pero todos comparten con este periódico su visión sobre lo que supuso el franquismo, cómo se lo contaron, de qué modo lo han transmitido a sus hijos y hacia dónde van la sociedad vasca y española 50 años después de la muerte del dictador.
A los jardines del palacete de inspiración neoclásica, construido por los duques de Bailén en 1878 y hoy Casa de la Paz, la primera en llegar es Miren Echeveste, portavoz de Elkarrekin Podemos en las Juntas Generales de Gipuzkoa. Con la memoria bien engrasada, recuerda que aprendió de niña «el gran agujero oscuro que supuso para las mujeres especialmente y para todos los colectivos vulnerables» la dictadura franquista. La política irunesa conoció parte de esta historia a través de las vivencias personales de sus padres y otros familiares, y también en el colegio. Expone su visión del camino que toman la sociedad vasca y la española, 50 años después de la muerte del dictador, la primera, «claramente hacia una república vasca». A la segunda la ve «atascada en el 78», asegura mientras llega a la cita, también puntual, su compañero en las Juntas Mikel Lezama, el portavoz del PP en esa cámara.
Lezama, el más joven de los invitados, de 32 años, se desprende del abrigo a pesar del frío vespertino de este martes de noviembre y enseguida entra en harina. Recuerda que nació ya en democracia y en un sistema de libertades, a pesar de ETA, que, remarca, «fue derrotada». Entiende que la sociedad en esos años ha avanzado «muchísimo», pero no oculta su «miedo» a que a día de hoy haya «tanto nostálgico de no sé qué del pasado». «Esa lucha contra los nostálgicos», cita, es algo que «nos» debería unir también a todos los demócratas. Si algo le ha quedado claro del relato familiar y ha marcado su paso a la política, son algunas frases escuchadas en su niñez como la que dice que «el enfrentamiento genera odio y el odio, división». Su compañera de partido y presidenta del PP de Gipuzkoa, Muriel Larrea se suma 'tempranera' también a los testimonios y explica cómo ha contado a sus hijos qué supuso la dictadura de Franco: «Les he dicho que era un momento de falta de libertad y de mucho miedo, que era difícil opinar diferente a lo que opinaba el régimen y que el que se salía de las normas dictadas recibía un castigo».
El alcalde de Donostia, el jeltzale Jon Insausti, la diputada foral Maite Peña y el consejero de Vivienda y Agenda Urbana, el socialista Denis Itxaso, no tardan mucho en aparecer y sumarse a la charla. El recién elegido regidor donostiarra recibe el saludo de otros primeros ediles invitados a la cita con los que aún no había coincidido desde su toma de posesión. Insausti rememora los testimonios transmitidos por sus aitas y resume que «todo lo relacionado con la figura de Franco ha sido sinónimo de prohibición y de enjaular a un pueblo». Su ama le contó que es hija de las ikastolas clandestinas y su aita que «incluso llegaron a pegarle los maestros por hablar euskera en clase». Insausti aprovecha que el encuentro se lleva a cabo en el entorno de la Casa de la Paz y los Derechos Humanos y reivindica una Donostia como «ciudad de la memoria». De su visión hacia el futuro remarca que «Donostia rechaza cualquier tipo de extremismo. Esos valores son los que engarzan hoy en la ciudad».
A la también política jeltzale, la diputada foral de Cuidados y Políticas Sociales, Maite Peña, le viene a la memoria cómo le contaron la historia del franquismo «con todo lujo de detalles». Relata que como miles de familias abertzales, «hemos vivido muy de cerca con la represión y el exilio». 50 años después, «hemos avanzado mucho y para bien. Ha sido un logro colectivo y hay que reconoce a los que lo lideraron», remarca.
Correr delante de los grises
Itxaso menciona una anécdota muy gráfica: «El día que nací (29 de mayo de 1975) mi hermano estaba corriendo delante de los carabineros del puerto y de los grises por Herrera y por Altza, por haber estado lanzando unos afiches un día de huelga en el puerto, y su pensamiento mientras corría y disparaban era que no sabía si la ama iba a tener un hijo o iba a perder otro la misma noche». Del camino que recorre hoy la sociedad repara en el autoritarismo, «un fantasma en toda Europa y del que Euskadi y España parece que no se escapan». Para hacer frente a esa ola de autoritarismo percibe «cierta debilidad, porque durante años en Euskadi hemos estado coqueteando e idealizando la práctica violenta, la exclusión, el sectarismo, el fanatismo y eso nos ha dejado una huella que nos afecta a la hora de combatir esa nueva oleada de neofascismo».
La también socialista Ane Oyarbide, teniente de alcalde en Donostia, tiene claro que a sus hijas, aún muy pequeñas para entender esta historia, les contará «lo mismo que me inculcaron a mí, que la dictadura que impuso Franco en España supuso 40 años de opresión, de silencio y de miedos», y que hoy, «con una democracia plena, podemos vivir en libertad y tenemos que defender los derechos y las libertades de todos y todas».
El encuentro se va completando con los últimos invitados, varias alcaldesas como la de Errenteria, Aizpea Otaegi, y la de Azpeitia, Nagore Alkorta, ambas de EH Bildu; la regidora de Irun, la socialista Cristina Laborda; la de Beasain, la jeltzale Leire Artola; así como el de Hernani, Xabier Lertxundi, de EH Bildu. A Jon Hernández, parlamentario de Sumar, el problema de aparcamiento en Aiete, le entretiene algo más. Otaegi relata su propia historia familiar, una realidad histórica que ha escuchado en su casa «desde siempre». «Provengo de una familia donde la bisabuela materna tuvo que huir con sus cinco hijos de Errenteria cuando entraron las tropas franquistas. Cuando volvieron, les habían robado todo y tenía que presentarse en el cuartelillo todas las semanas. 50 años después de la muerte del dictador, cree que ante la ola reaccionaria «es más importante que nunca crear frentes transversales para defender derechos».
Alkorta aún no ha tenido la oportunidad, pero le explicará a su hija Mara que Franco fue la persona que «pisoteó nuestros derechos y libertades, pero afortunadamente hoy hemos conseguido recuperarlos». Eso sí, apunta que la sociedad vasca «no se puede relajar porque todavía quedan muchos retos por lograr».
Artola, miembro de una familia abertzale, ha relatado a sus hijos que su aitona vivió la guerra, el hambre y todo lo que conllevó la opresión de Franco, que no se podía usar el euskera en lugares públicos y que se hablaba en la cocina de casa. Pero también les ha contado que después llegó el momento de crear nuevas instituciones y trabajar, por ejemplo, en apoyo a las ikastolas. Del «compromiso social y político» que vio en su casa cita que la familia de su aita cedió un local para crear la ikastola de Andoain. «Ahora somos lo que somos porque otros nos trajeron hasta aquí», resume.
En casa de Laborda siempre han tenido «muy presente» lo que supuso Franco y la dictadura «porque mi abuelo estuvo en la guerra civil, en el Frente Republicano, sufrió la posterior represión y estuvo encarcelado. Mi abuela fue la que pasó por el Puente Avenida y vio la quema de la ciudad». Con la mirada al futuro afirma que «somos ejemplo de reconciliación y de cómo los pactos entre diferentes hacen avanzar la sociedad».
Lertxundi coincide con Echeveste en su deseo de lograr «una república vasca» y asegura que para ello se está trabajando «arduamente por el feminismo, por la igualdad y por una sociedad más justa». De la sociedad española le resulta «preocupante el auge de la extrema derecha, 50 años después de la muerte de Franco».
Hernández interviene cuando el atardecer llena de pleno al exterior del Palacio de Aiete. Es de los pocos que ha podido explicar ya a sus hijas de 14 y 17 años qué supuso el franquismo. Les ha dicho que fue «un periodo sin derechos, sin libertades y con una profunda desigualdad en el que había unas clases sociales muy marcadas y una gran represión». Mira al futuro y ve que «el actual modelo, el régimen surgido de la transición sufre cierto agotamiento».