El lago de los cisnes
El Palacio de Aiete es el icono del nuevo paradigma que se ha gestado en Euskadi con una desesperante lentitud
Aiete es el escenario del cambio de imaginario más vertiginoso de los últimos 50 años. El palacete de los duques de Bailén está radiante esta tarde de otoño, soleada, dulce y fría. Los convocados representan a la generación que no conoció el franquismo y que ha vivido en democracia. Tienen lógicas diferencias políticas e ideológicas y distintas vivencias personales. Son la nueva Euskadi del mosaico libre, de colores. Pero hay cierta complicidad de base y 'buen rollo'. En la política vasca, a pesar de lo que pueda pensarse, no existe ni por asomo los tics guerracivilistas de la política española. La navaja del lenguaje del odio se ha enterrado aunque puedan existir sus filias y sus fobias y es evidente que el pasado más inmediato ha estado marcado por la tragedia y la división. ETA fue el último residuo del franquismo y costó demasiado que desapareciera en buena parte por el apoyo político y social que recibía de la izquierda abertzale.
Aiete es el mejor exponente de ese espíritu diferente. En este palacio en el que los cisnes nadan mansos en el estanque Franco celebraba sus consejos de ministros y el dictador recibía entonces a las fuerzas vivas de la ciudad y de Gipuzkoa. El edificio fue el teatro de operaciones de un sistema que se había construido sobre la eliminación física del adversario, durante años con la aniquilación o el exterminio. Ahora que vemos a niñatos cantando el Cara al Sol o ensalzando a Franco, conviene recordar aquel modelo negador de derechos y generador de sufrimiento. Aquel palacio fue el testigo de las primeras Corporaciones democráticas de la ciudad, que escuchaban horrorizadas las anécdotas del 'caudillo' en sus veranos, y que tenía que soportar el terrorismo de ETA y el apoyo político que le prestaba la izquierda abertzale. Años de una enorme presión que no pasaron hace siglos sino anteayer.
Pero Aiete fue también el decorado de la famosa conferencia de paz de octubre de 2011 que precedió el cese definitivo de ETA. Se apunta a que hubo una negociación secreta con el entonces Gobierno de Zapatero para facilitar aquel encuentro en un lugar tan emblemático, que el Ayuntamiento reconvirtió hace años en una casa de la paz. Hoy se ve rodeado de 'runners' sobre las hojas secas, de padres y madres con sus niños y de jubilados paseantes. Los recuerdos parecen colgados de los árboles como fetiches prenavideños y nos dirigen una señal de cambio de época, una nueva rasante en la historia. El coche sigue y hay que mirar adelante y valorar la importancia de la libertad. Cualquier conductor sabe que para circular bien hay que mirar por el retrovisor.