Votos que tienden puentes

Cinco emigrantes que dejaron atrás su patria en busca de un futuro mejor en Gipuzkoa confiesan en DV sus preferencias políticas y relatan sus vivencias personales

Vascos de corazón. Desde la izquierda, la rusa Manana Kapanazde; el chileno 'Jota Pizarro; el boliviano Juan Carlos Melgar; y las colombianas Liliana Daza y Catalina Ruiz. /Usoz
Vascos de corazón. Desde la izquierda, la rusa Manana Kapanazde; el chileno 'Jota Pizarro; el boliviano Juan Carlos Melgar; y las colombianas Liliana Daza y Catalina Ruiz. / Usoz
Elisa López
ELISA LÓPEZ

Manana Kapanazde | Simpatizante del PNV «Ya no volvería a Rusia»

Hace 17 años trabajaba de periodista en la mayor cadena de la televisión rusa mientras disfrutaba de una vida asentada en su Moscú natal. Pero en un viaje por Europa el amor se cruzó en su camino y puso patas arriba toda su existencia. Se enamoró de un guipuzcoano y decidió dejar una vida acomodada para comenzar otra en San Sebastián. Nada más llegar, esta rusa que ahora trabaja en una firma de alta cosmética, hace de modelo, influencer y bloguera, abrió una tienda de ropa. Entonces se separó de su primer novio. A los meses conoció al padre de sus hijas. «Cuando nacieron mis niñas tuve que cerrar el negocio para ocuparme de ellas. Sé que a nivel laboral no he crecido tanto como pude hacerlo en Moscú pero, a nivel personal y, sobre todo, como madre, sí», reflexiona. Ahora, al echar la vista atrás, Manana Kapanazde, que desborba alegría por los cuatro costados, confiesa que no cambiaría nada de su historia. Ni tampoco regresaría a Rusia. «Tengo dos hijas y sería injusto arrancarles de su tierra, que es esta. Además me gusta San Sebastián: su clima y, sobre todo, su gente. Tengo buenos amigos que son como mi familia, y en los malos momentos, como cuando me divorcié, me sentí muy arropada», subraya. Cuando se le pregunta por su preferencia política, Manana habla «con orgullo» del PNV, partido al que vota desde que pisó Euskadi. Primero porque así lo hacían sus parejas y después por decisión propia: «Estoy de acuerdo con las ideas que defienden. Me identifico con los jeltzales, incluso paso la fiesta donostiarra junto a ellos, en su tamborrada Lurgorri».

'Jota' Pizarro | Simpatizante de EH Bildu «Vivir en Donostia es un lujo»

'Jota' Pizarro se define como una persona de izquierdas, que defiende el derecho a decidir y el derecho a la igualdad, y considera necesaria la lucha contra la corrupción, contra las 'cloacas' de Estado, contra el libre mercado y contra los deshaucios. Por todo esto se confiesa simpatizante de EH Bildu. Este chileno de 31 años se topó hace más de siete con una chica de Antzuola que estaba de Erasmus en Santiago de Chile. Él estaba terminando la carrera de Psicología. Se enamoró, cogió su mochila y cuatro cosas y se vino con ella a Euskadi. No lo dudó, y ahora está feliz en San Sebastián: «Es una ciudad cómoda, es como un pueblo grande. Me parece un lujo vivir aquí». Confiesa que justo llegó «en el momento más duro de la crisis económica, aunque en Euskadi fue más suave». No obstante, a los tres meses ya tenía trabajo. Y ahora, gracias a una beca, está haciendo su tesis sobre Psicología Social en la UPV, lo que conlleva tareas de docencia y, sobre todo, de investigación. Desde el minuto uno se sintió muy arropado en Euskadi. «Sobre todo por la familia de mi novia y todos los amigos de Antzuola. También tengo una red de gente muy cercana de aquí que también conocí en mi país», reconoce. La mayoría de sus amigos son de izquierdas, «unos independentistas y otros no...». 'Jota', que habla euskera perfectamente, cuenta que lo que más le llamó la atención al llegar fueron los apellidos vascos, «es que Chile está lleno de apellidos de aquí. Sin ir más lejos Pinochet, que de segundo era Ugarte», bromea.

Juan Carlos Melgar | Simpatizante de Podemos «Ya me siento uno más»

Está tan acostumbrado a Euskadi, que incluso prefiere el clima «más fresquito de aquí» al de Bolivia, su país de origen, que ahora le resulta insoportable. Lo cuenta porque hace pocos meses estuvo allí. «En mi tierra todo el año es verano, con un calor que no baja de los 38 grados. Ahora no podría vivir así, me resultaría durísimo». Juan Carlos Melgar tienen 39 años y llegó hace 13 a Bergara gracias a una de sus hermana. Luego lo hicieron las otras dos, aunque finalmente se instalaron en Barcelona. Como tantos de sus paisanos, dejó su zona de confort en busca de un futuro mejor. Y lo ha conseguido. «Aquí estoy feliz. He echado raíces. Mi mujer es de Bergara y tenemos un niño de cuatro años y una niña en camino», cuenta a este periódico. Nada más aterrizar en Bergara, comenzó de camarero en un bar, y desde hace tres años trabaja por turnos en una empresa, lo que le permite ocuparse de su hijo. Confiesa que nunca ha sentido el rechazo por ser de otro 'color'. Todo lo contrario. Asegura que todo el mundo ha sido amable con él: «Me siento uno más, y ya he echado raíces porque de aquí son mis hijos». A Juan Carlos le gusta hablar de política. Sobre todo del partido al que vota, Podemos. Admira a sus dirigentes porque, a su juicio, «luchan para que la gente de fuera seamos ciudadanos de primera, no como otras formaciones que quieren echarnos de aquí, como si no fuésemos personas. Yo también pago mis impuestos». Ese «empeño» de Podemos por defender los derechos de los emigrantes le ha convertido en un votante fiel.

Liliana Daza | Simpatizante del PSE-EE «He sentido el racismo»

«En el Partido Socialista no hay ciudadanos de primera y de segunda. Todos somos iguales y da lo mismo que tengas ocho apellidos vascos o no. Es un partido solidario que defiende los derechos de los trabajadores como ningún otro». Liliana Daza tiene claro por qué vota al PSE. Desde que llegó a Euskadi hace 18 años lo ha hecho así en cada cita electoral. La historia de esta colombiana es diferente a la de muchos de sus compatriotas que abandonan «la patria» por necesidad. Ella lo hizo por amor. Trabajaba de diseñadora gráfica en la Universidad de Popayán. En esa época conoció por internet a un chico de San Sebastián y, tras dos años de relación a distancia, y muchas dudas sobre quién de los dos debía hacer las maletas y trasladarse, decidieron que fuera ella. «Y aquí estoy, en el barrio de Intxaurrondo. Con mi marido y mi hijo, que son un verdadero regalo. El mejor», confiesa con una gran sonrisa. El niño, su 'tesoro oriental' -como le llama cariñosamente- tiene nueve años. «Lo adoptamos en China cuando tenía cinco y llegó con una mochila muy grande y muy pesada. Necesita apoyo y yo estoy volcada en él», cuenta Liliana. Dice que aquí se siente en casa y está feliz, aunque laboralmente solo ha tenido trabajos de supervivencia; en supermercados, de niñera, cuidando a ancianos... No obstante, no todo han sido alegrías. Ha sufrido en su piel el desprecio de algunas personas. «Desafortunadamente, siempre hay gente para todo», asegura con pena. Y ha sentido pequeños brotes de racismo, no solo hacia ella, también hacia su hijo, que es lo que más le duele. También ha tenido que escuchar en más de una ocasión eso de que 'vienen a quitarnos el trabajo'. Frases, que a veces vienen del entorno más próximo, lamenta, y que «hay que rebatirlas con mucha diplomacia».

Catalina Ruiz Mendoza | Simpatizante del PP «Aquí la vida es segura»

Salió de Cartagena de Indias hace doce años en busca de «una nueva vida». Y en Irun encontró otra «mucho mejor». Catalina Ruiz Mendoza llegó a Euskadi con un contrato de trabajo bajo el brazo gracias a una prima que le convenció después de contarle «las maravillas» de vivir lejos de un país «tan inseguro». Porque si algo necesita esta colombiana de 38 años, casada y madre de dos niños de 7 y 2 años y un tercero en camino es, precisamente eso, «una vida segura». Y aquí dice que la tiene. Llegó a Irun un mes de noviembre y en febrero conoció al que hoy es su marido, que desde hace años recibe una pensión por dependencia tras un grave accidente que le imposibilita trabajar. «En casa me ayuda todo lo que puede, sobre todo cuando no estoy porque me han llamado de algún supermercado para hacer de cajera. Así nos vamos arreglando», confiesa Cata, que reconoce sentirse feliz y no haber sufrido ningún rechazo por ser no ser española. Tiene claro que se quedará «aquí para siempre porque mis hijos son españoles y tienen más oportunidades; mejor educación, mejor sanidad. Allí lo público no es bueno y lo privado, carísimo. Vamos solo de visita». Reconoce que desde siempre votó a la derecha. Desde que tiene uso de razón, porque así lo hacían en su casa. Y ahora vota al PP. «Cuando llegué me informé y fui conociendo la política, y el PP es la mejor opción. Defiende valores que yo defiendo y me gusta su gente».