¡Oh, no! Me toca presidenta de mesa

Sobre pocas cuestiones habrá más consenso en el país que sobre esta: que las mesas las ocupe gente voluntaria

¡Oh, no! Me toca presidenta de mesa
Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

En una cita electoral hay una cosa peor que no saber a quién votar... que te toque de presidenta de mesa. Peor aún, que te toque de segunda vocal suplente. Le pasó a una vecina de mi barrio. Estaba por entonces embarazadísima, de ocho meses largos, y suponiendo que las opciones de salir de titular aquel día eran pocas bajó en pijama. Y así se quedó hasta el recuento, porque el vocal oficial no se presentó (todavía no le ha perdonado) y a ella ya no la dejaron salir de allí hasta que se hizo el recuento de votos. Eso sucedió pasadas las nueve de la noche, que no llegamos a los quinientos vecinos y salvo un año que hubo que contar dos veces porque bailaba una papeleta, el recuento es una cosa rápida. Sé de otro al que le tocó presidir la misma mesa y se las apañó para salir a mediodía al bar a tomar una cerveza, pero le guardamos el secreto, no vaya a ser que estas cosas no prescriban y le vayan ahora a buscar las vueltas.

Este año a una compañera de la redacción le ha tocado presidenta de mesa y aunque ha presentado una carta con membrete de la empresa explicando que ese día ella trabaja (¡hola, somos un periódico!), le han denegado el recurso. Y eso que en la normativa se dice, textualmente, que «si hay causa justificada y documentada que le impida la aceptación del cargo, puede presentar alegaciones». Y la había, justificada y documentada. Debería añadir la legislación que aunque presentes recurso «justificado, documentado» y envuelto en papel de celofán no te lo aceptan ni a la de tres. Con los únicos con los que tienen manga ancha es con los mayores de 65 años y si tienes más de 70 directamente te libras. Qué detallazo, ¿eh?, Por cierto que si te toca mesa el próximo domingo, tienes derecho a currar cinco horas menos al día siguiente. Un derecho con mayúsculas, de los que se ejercen, a puntito estuvieron de incluirlo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La clave

El día de la votación. Un amiga, embarazada de ocho meses, bajó en pijama porque iba de suplente y así se quedó hasta la hora del recuento... ¡en pijama!

Situaciones como estas se arreglaban con voluntarios, ¿a que sí? Habrá pocas cosas en el país sobre las que haya un consenso mayor. Cada vez que hay elecciones, la misma cantinela. «Con lo bien que le vendrían los 65 euros a tanta gente...» y el trastorno que supone a otros con hijos o mayores a su cargo, trabajo o lo que sea. Menuda fiesta de la democracia... Se agradece la invitación, pero ¿desde cuándo es obligatoria la asistencia? Y digo yo que aprobar un cambio en esto de las mesas electorales no será tan complicado, que no hará falta reformar la Constitución.

Otro asunto a debate estos días es el famoso Sistema D'Hondt. Sobre esto hay menos consenso, pero particularmente estoy por el cambio al sistema de 'una persona, un voto'. De ser así el PP tendría 23 escaños menos y 6 el PSOE. Podemos habría obtenido 2 asientos más en el Congreso y 13 más Ciudadanos. Y PNV y los animalistas del Pacma habrían sacado 4 escaños cada uno en lugar de 5 y ninguno.

Meter mano a esto del sistema D'Hondt se antoja complejo pero lo de las mesas... Urge la reforma porque es una de esas cosas que hacen país, que ponen a la gente de acuerdo. ¡Y qué faltitos estamos de eso! Los principales partidos han lanzado mil y pico propuestas electorales, por si algún indeciso se decide por votar a peso. Que costaba meter una línea más... ¡Cuántos trastornos nos íbamos a ahorrar!