El trono del crisantemo

Pablo Casado. /EP
Pablo Casado. / EP
ROSA BELMONTE

No sé qué marrón es más marrón, si que se te meta Leopoldo López en la embajada o que te encarguen la campaña electoral del PP. Para las municipales, autonómicas y europeas. Sale Maroto, calientan Isabel García Tejerina y Cuca Gamarra. Pedro Sánchez ha ganado las elecciones y a un inquilino molesto. El PP ha perdido votos pero le queda todavía otro peldaño para ver si el descalabro es total.

La anormalidad de esta situación postcampaña electoral es que hay otra campaña. Y sí que el PP parece el CC, el Costa Concordia, pero todavía no ha llegado a naufragar frente a la isla de Giglio. La maniobra arriesgada de Casado no es aún la del capitán Francesco Schettino, aunque asuma toda la responsabilidad de la derrota. Aunque parezca que sí, que ha chocado contra unas rocas y se ha abierto una enorme vía de agua en el casco. Y sí, va escorado. Pero no queda claro a qué lado. Empezaron con el aborto, abandonaron el aborto y al final de la campaña dijo a su electorado que para qué iba a votar a Vox, si estaban ellos. Que no se pisaran las mangueras.

Ahora Casado ha visto que Vox es extrema derecha. Si lo es, habría que decir lo que decía mi abuela: la gracia de mi hijo Roque, que a los 30 años dijo 'abercoque'. Los propios jefes de Vox se han dado cuenta de que han asustado al personal, pero ¿van a ser dos millones seiscientos mil españoles de la ultraderecha? Es verdad que los votos de los partidos de la Falange se han ido a Vox. Que de 9.909 votos en 2016 han pasado a 641. Pero eso es poquísima gente. Por otro lado, en Ciudadanos reconocen lo bien que les ha ido girando un poco a estribor. Y aspirando al trono de hierro de la derecha que no da miedo, del centro derecha, de como lo queramos llamar.

El pobre Casado aspira al trono del crisantemo. No al suntuoso japonés, sino a un trono hecho de flores que aquí utilizamos para los difuntos. Al parecer, una de las cosas que le han reprochado ha sido poner de cabeza de lista a Isabel Díaz Ayuso por Madrid, que las cosas no pintan bien. Pero no hay problema, que Díaz Ayuso percibe que el voto «está volviendo a casa». Que ya lo están notando. Y me la imagino como Oda Mae Brown al principio de 'Ghost'. Por su parte, Iglesias se vanagloria de haber vencido a los sondeos, que le daban más miedo que los caminantes blancos.

Casado no es lo peor que hemos visto en el PP, pero así son las cosas. Queda ese peldaño para ver si el viaje es al centro de la tierra. El PP ha perdido muchos votos pero le queda todavía otro escalón para ver si el descalabro es total. Para ver si, como Lola Gaos en 'Esa pareja feliz', se tira del castillo al grito de «¡Muera conmigo el honor de Palencia!».