Rivera mantiene su tono visceral para no perder el protagonismo

Rivera mantiene su tono visceral para no perder el protagonismo

Persiste en su veto al PSOE por pactar con los soberanistas y tiende la mano por enésima vez al PP

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Implacable con Pedro Sánchez y marcando distancias con Pablo Casado. Albert Rivera llegó al segundo asalto televisivo crecido por lo bien que le había ido su estrategia de confrontación en el debate de TVE. El líder de Ciudadanos salió en tromba, acelerado por momentos y se enzarzó con todos sus contrincantes. «Está gobernando con los que quieren liquidar mi país y yo con esos no voy ni a la vuelta de la esquina», le espetó al líder socialista.

El dirigente liberal volvió a elevar un muro de separación con Sánchez, consciente de que casi la mitad de sus potenciales electores dudan sobre el color de su papeleta el próximo domingo. Le acusó de «mentir», de haber puesto a España en una «emergencia nacional» y volvió a jugar con el efecto sorpresa. Si el día anterior sacó una foto enmarcada del socialista reunido con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, Rivera aprovechó que ayer era Sant Jordi para regalarle al socialista un libro «que aún no ha leído»: su tesis doctoral.

Sin embargo, lo que no esperaba el catalán era que el aún presidente del Gobierno preveía el envite y llevaba preparado un regalo envenenado. Sánchez se sacó de su atril un ejemplar de 'La España vertebrada', que tiene como protagonista a Santiago Abascal, en un intento de volver a encasillar a Ciudadanos al lado de Vox.

Lo mejor.
Logró mantener el tono y marcar distancias nuevamente con el bipartidismo y con Podemos
Lo peor.
Se le vio por momentos acelerado, interrumpiendo continuamente a sus rivales, llevándose una reprimenda de Iglesias
La anécdota.
El liberal blandió un pergamino con todos los casos de corrupción del PSOE

El presidente introdujo así en el debate a la formación de extrema derecha, a la que el dirigente liberal no quiso mentar en ninguno de los dos cara a cara. Rivera quiere repetir el acuerdo firmado con el PP en Andalucía, para lo que necesita la inestimable ayuda de Vox por más que lo niegue. «Si hay un escaño más para conformar una mayoría voy a tender la mano al otro partido constitucionalista, el PP», defendió, evitando incluir en la ecuación a los de Abascal.

El catalán tuvo que escuchar además cómo Sánchez negaba su intención de pactar con Ciudadanos. «No entra en mis planes -aseveró- pactar con quienes nos ponen un cordón sanitario». El cuerpo a cuerpo entre ambos líderes fue constante en las más de dos horas de debate. «Señor Sánchez, no se ponga nervioso, que se pone muy nervioso conmigo», ironizó Rivera, que volvió a tirar del atrezzo para desquiciar al socialista. El liberal sacó un largo pergamino con «todos los casos de corrupción del PSOE», lo blandió ante Sánchez mientras le prguntaba si iba a dimitir por los ERE de Andalucía.

Distancia con Casado

El dirigente liberal hizo además un guiño a los votantes de izquierdas indecisos y se mostró a favor de la eutanasia y del aborto. Un movimiento con el que trató de diferenciarse de los conservadores y situarse en el centro del tablero. «Muchos de los que eran votantes del PP -insistió el liberal- están a favor de regular la eutanasia y la muerte digna». Lo que no mencionó en el debate es que durante meses Ciudadanos ha bloqueado esta norma en el Congreso junto a los populares, y esa es la razón por la que aún no hay una ley de eutanasia.

Por enésima vez, Rivera volvió a ofrecerse a Casado para formar un Gobierno a la andaluza «constitucionalista, liberal y centrista» y el popular le contestó con un sí con sorna en el que dejó claro que no está dispuesto a cederle la batuta. «Estaré encantado de darle la bienvenida en un Gobierno», zanjó el líder del PP, que a dierencia del lunes no se calló y recordó al dirigente naranja que no gobiernan y que hace tres días eran socialdemócratas y no liberales.