Irene Montero, una portavoza entre robots

Como Dolores en 'Westworld', la número dos de Podemos lidera una rebelión que no siempre es capaz de controlar

Irene Montero, una portavoza entre robots
MARIA PICASSÓ PIQUER
MIKEL LABASTIDA

Imaginemos que este país hubiese sido hace cinco años un gigantesco parque de atracciones poblado por robots que actuasen de manera programada para satisfacer a instancias superiores. Todo es ciencia ficción, recordemos. En este universo, diseñado para que se repitan las mismas rutinas, para controlar los comportamientos, para que los sistemas se mantengan inamovibles, aparece de repente un movimiento que se anuncia como rupturista y que pretende luchar contra lo establecido. ¿Su nombre? Podemos, una formación ciudadana que nacía de la indignación y con el ánimo de probar políticas nuevas.

La historia de este partido todos la conocemos. Se fundó con la intención de ser diferente y terminó incurriendo en los errores de siempre. Esa es la realidad, así que mejor regresemos a la ficción.

El argumento antes narrado es una versión libre de 'Westworld', producción que HBO estrenó en 2016 y que, en efecto, describe una distopía que se desarrolla en un complejo lúdico ideado para que los humanos acudan a dar rienda suelta a sus deseos y pasiones más ocultas. Está habitado por un conjunto de androides alienados, sin capacidad para pensar o decidir por cuenta propia, que únicamente actúan al servicio de sus programadores y de los visitantes. Trasladado al mundo real los robots serían el pueblo oprimido y los dueños del parque y los turistas, los explotadores.

LA CLAVE

Iglesias dijo ella que era como Stella Gibson, la protagonista de 'The Fall', una policía obsesionada con un asesino en serie

En 'Westworld' los que se rebelan son los propios robots, que toman conciencia de que están siendo utilizados y deciden dar un paso al frente, mostrar su personalidad e intentar cambiar las normas y patrones. Seguramente en este ideario se reconocería Irene Montero, miembro de Podemos desde su fundación. Ocupó cargos secundarios hasta que en 2017 es nombrada portavoz del partido, gana gran visibilidad y se convierte en una de las figuras más relevantes de la política española. Combativa, aguerrida, pertinaz, a Montero la hemos visto en los últimos meses alzar la voz y llamar a la movilización contra las 'cloacas del estado', las puertas giratorias y las actitudes machistas.

Fusil en mano

En una entrevista a este periódico Pablo Iglesias dijo de su compañera de partido, y pareja, que era como Stella Gibson, protagonista de otra serie, 'The Fall', sobre una policía que se obsesiona con un asesino en serie que debe atrapar. «Me encantan las mujeres así», apostilló. Vamos a obviar el carácter atormentado de este personaje y creer que el líder de Podemos destacó de ella su fuerza y su firmeza. Con esos calificativos, y volviendo a 'Westworld', a la Montero le encaja mejor el papel de Dolores, la heroína que, fusil en mano, pretende luchar contra los que le adjudicaron un rol sumiso y liberar a otros muchos seres oprimidos como ella.

Montero se ha enfrentado a toda clase de villanos, ha peleado en escenarios bien hoscos y ha tenido que desmontar estereotipos únicamente por ser mujer. Pero también ha sido víctima de su ímpetu y de su inconsciencia, dando pie a polémicas estériles (la última, la propuesta para adelantar la edad con la que poder votar), metiéndose en jardines inútiles (como cuando opinó sobre las obras del Monasterio de Sijena) y asumiendo de manera extraña batallas como la del lenguaje inclusivo inventando palabras como portavoza, fuerzo y cuerpa.

Ambas mujeres generan dudas semejantes, ¿serán capaces de dar la talla como heroínas o se les irá la rebelión de las manos?