La campaña más larga de la democracia

Con qué fuerza entrará Vox en el Congreso es una de las incógnitas aunque los sondeos privados de última hora hablan de un desembarco espectacular

La formación de Santiago Abascal apostó para su cierre de campaña por la madrileña plaza de Colón, convertida en lugar de referencia para el partido. El líder de Vox volvió a apelar a la necesidad de defender la unidad de España/EP
La formación de Santiago Abascal apostó para su cierre de campaña por la madrileña plaza de Colón, convertida en lugar de referencia para el partido. El líder de Vox volvió a apelar a la necesidad de defender la unidad de España / EP
Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El pasado 2 de junio, tras la moción de censura de Pedro Sánchez, Mariano Rajoy contrató la mudanza de la Moncloa. No hubo día desde entonces sin que los dirigentes del PP o Ciudadanos reclamaran elecciones ya. Ha sido la campaña más larga desde la restauración de la democracia, casi once meses que ayer tuvieron un merecido colofón. Ha sido larga, pero en absoluto esclarecedora pues son más las incógnitas que las certezas. Entre los arcanos que verán la luz mañana, hay uno que inquieta, por distintos motivos, a izquierda y derecha: con qué fuerza irrumpirá Vox en el escenario político.

Nadie se atreve a dar números, pero un estudio que circuló ayer por las redes sociales hablaba de 80 diputados para la extrema derecha. El rigor científico de la proyección es discutible pero tiene el acierto de responder con una cifra a muchos interrogantes que han cobrado cuerpo a medida que avanzaba la campaña y se comprobaba la capacidad de movilización y captación de Vox.

Un escalofrío recorrió las espaldas de los jefes de campaña porque sus sondeos diarios también han constatado un repunte de los de Santiago Abascal en los últimos días, aunque sin llegar a esos extremos. La treintena de diputados que las encuestas asignaban hace apenas una semana a la extrema derecha parece que van a quedarse cortos. Encima, Pedro Sánchez azuzó el miedo y advirtió ayer mismo de que existe la posibilidad «real de que sume la derecha con la ultraderecha y puedan hacer en España lo que están haciendo en Andalucía». En aras de conjurar ese riesgo, reclamó el voto útil de la izquierda porque «el PSOE es el único partido que puede garantizar que no gobiernen las derechas».

Pablo Casado y Albert Rivera también pidieron para sus partidos el voto útil de la derecha con el reojo puesto en Vox. «Pido concentrar el voto en Ciudadanos», dijo el liberal; «apelo al voto unido», apuntó el popular, que, por si acaso, abrió la puerta al partido de Santiago Abascal para un eventual Gobierno.

Brocha gorda

Con este clima de incertidumbre por el ascenso de la ultraderecha, y también por el rumbo de las negociaciones postelectorales, se cerró una campaña dura, crispada y con aportaciones propositivas tan escasas como las trufas. Han sido casi once meses con el debate impregnado de Cataluña y la forma de tratar a los independentistas. Diálogo o mano dura.

Los mensajes fueron de brocha gorda. «Que viene la derecha» con la coletilla del retroceso de 40 años, fue el del PSOE. «Hay que echar a Sánchez», compartieron PP y Ciudadanos, que añadían la consabida retahíla de los socios «comunistas, separatistas, batasunos y bolivarianos». «La garantía de que haya un gobierno de izquierda» fue la vitola de Podemos. Vox no perdió el tiempo en gollerías políticas y se aferró a la racial reconquista y a denostar la política 'pijoprogre' de todo lo que está a su izquierda.

Pero detrás del discurso agreste, se esconden los cálculos para gobernar, sobre todo por parte de Sánchez. Tras pasarse la campaña defendiendo el Gobierno monocolor socialista con independientes, el último día abrió la puerta a la coalición, y por partida doble. Pidió a Rivera que «recapacite» sobre «lo que necesita el país» después de haber dicho que pactar con Ciudadanos no entraba en sus planes. Lo mismo hizo con Podemos, «que entre en el Gobierno no es ningún problema». Y es que no hay como ver las orejas al lobo para darse un baño de realismo.

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