Abascal se erige en protagonista de la campaña pese a su mínima exposición pública

Santiago Abascal./Reuters
Santiago Abascal. / Reuters

El líder de Vox alerta del caos si vence el frente popular de comunistas, independentistas y proetarras

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Sencilla y efectiva. Así ha sido la campaña electoral de Vox, que ha evitado una exposición excesiva de sus candidatos. De ahí que la formación ultraderechista reconociera por error el alivio por la decisión de la Junta Electoral Central de impedir la participación de Santiago Abascal en los debates televisivos. Tampoco es que hiciera falta mostrarse demasiado en público porque parte de la publicidad se la han hecho sus adversarios políticos, tanto de izquierda como de derecha.

Vox ha sabido, además, manejar muy bien sus puestas en escena, con actos que han sido de los más concurridos durante estos quince días. Abascal y la cúpula del partido se han dado auténticos baños de masa en Madrid, Sevilla, Murcia, Valencia o Valladolid. El pistoletazo de salida de la campaña lo dio en Covadonga para emular la reconquista iniciada por don Pelayo hace nada menos que trece siglos. El cierre fue en la madrileña plaza de Colón, la misma en la que el pasado febrero se manifestó junto a PP y Ciudadanos para defender la unidad de España. Anoche, Abascal, sin Casado y Rivera, fue el único y gran protagonista.

Los dirigentes de Vox no solo han sabido contrarrestar los continuos llamamientos del PP al voto útil con el objetivo de sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa, sino que además se han permitido hasta jugar al ataque. Se han cansado de tildar a los populares de «derechita cobarde», o cuando convocaron actos en San Sebastián o Barcelona para desafiar a los independentismo vasco y catalán.

A modo de broche final de su campaña, el presidente de Vox vaticinó «caos y violencia» si mañana se impone en las urnas «el frente popular de comunistas, independentistas y proetarras».