Diario Vasco

Un veterano y tres novatos en la carrera hacia la Moncloa

Un veterano y tres novatos
  • Rajoy y Sánchez arriesgan el 20-D su continuidad al frente de PP y PSOE, un reto que no afrontan Rivera e Iglesias, con el liderazgo asegurado en Ciudadanos y Podemos

El 20 de diciembre unos candidatos se juegan más que otros. La incertidumbre que rodea a estas elecciones, la más reñidas y con más protagonistas desde la llegada de la democracia, ha elevado la tensión sobre el futuro de los candidatos.

Mariano Rajoy sabe que son sus cuartas y últimas elecciones tanto si gana como si pierde. En caso de vencer cumplirá su segundo mandato y luego se irá a su casa. Si pierde, serán sus compañeros los que le manden a casa. Él ni se plantea hablar de relevos, pero en el PP son legión los que en voz baja sí lo hacen. Incluso si gana, Rajoy, dicen, deberá renovar el partido de arriba abajo. Espera recibir el premio ciudadano a su gestión y experiencia, pero tampoco ignora que va a ser castigado aunque confía en que sea una reprimenda menor para poder coronar su obra.

Pedro Sánchez se la juega en su primer asalto a la Moncloa. No parece probable que disfrute de una segunda oportunidad si el PSOE se estrella. Solo un buen resultado, con victoria o sin ella, garantiza su continuidad al frente del partido, aunque él está empeñado en seguir al timón sea cual sea el veredicto de las urnas. El listón del éxito y del revés es uno u otro en función de con qué socialista se hable, cada uno tiene echadas sus cuentas para lo bueno y para lo malo. Tanta subjetividad hace presumir que la paz en el PSOE saltará en pedazos el 21 de diciembre, salvo que que en el casillero aparezcan unas buenas cifras en las que dentro del partido pocos creen.

Pablo Iglesias pasa por primera vez de las musas al teatro en una convocatoria nacional. Las europeas del año pasado fueron la presentación en sociedad, ahora juega de igual a igual. El secretario general del Podemos se enfrenta al problema de haber tenido hace nada una expectativas electorales enormes que ahora han menguado. Pero es el líder indiscutible en su partido y nada hace pensar que alguien vaya a pedir su cabeza el día después. Otra cosa es que él quiera irse si los resultados no son los esperados, y es seguro que no van a ser los que se preveían hace un año.

Albert Rivera es el que parte en mejor posición de los cuatro. El presidente de Ciudadanos carga con la mochila más ligera, no tiene críticos dentro y no tiene que rendir cuentas. Todo, por tanto, juega a su favor. Llega a las elecciones en la cresta de la ola y ahí seguirá siempre que no cometa algún error descomunal en la campaña, algo improbable en alguien que mide al milímetro sus actos y palabras. Rivera va a poner rostro al espacio político del centro, un marco sin fotografía desde el eclipse de Adolfo Suárez hace casi 40 años.