Bart Kamp: «Las ventas no son decisiones frívolas sino muy, muy meditadas»

Bart Kamp Investigador de Orkestra/Orkestra
Bart Kamp Investigador de Orkestra / Orkestra

El experto afirma que un cuarto de los 'campeones ocultos' vascos está controlado por capital foráneo

Julio Díaz de Alda
JULIO DÍAZ DE ALDA

Bart Kamp, analista de Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad, cree que las empresas vascas tradicionales aguantan mejor que otras las crisis pero cuando los mercados repuntan no siempre saben aprovechar la remontada y es entonces cuando surge el inversor foráneo.

-¿Cómo interpreta la llegada de capital foráneo a Euskadi?

-Esto es algo que ha pasado toda la vida, no creo que el número de operaciones sea elevado.

-¿Dónde está la medida?

-No hay venta masiva, un 'take over' de la economía. Lo que a veces resulta algo chocante o llama la atención es el hecho de que en la mente de muchos vascos este asunto es contracultural.

-¿Contracultural?

-Hay distintas maneras de crecer e internacionalizarse, y aquí, quizás, las empresas y la opinión pública tienen más en mente el crecimiento orgánico (desde la propia empresa, sin operaciones corporativas) y la exportación. Y no tanto el inorgánico o las adquisiciones. Y además no se ve a la empresa como una entidad económica que compra o se deja comprar. Por eso incomoda a veces. Piense que también hay empresas vascas que van por esa vía y compran fuera.

-¿Por qué existe ese interés?

-Sin conocer las cuentas de cada compañía, en general, las empresas vascas tienen una buena salud financiera, gracias a su prudencia.

-Es usted especialista en esas firmas concentradas en un nicho de mercado, los llamados 'campeones ocultos'. ¿También resultan atractivos a los extranjeros?

-Creo que son muy apetitosas para grupos con dinero que quieran construir un portfolio con oferta en multiples mercados. En Euskadi, casi un cuarto ha pasado de ser independiente a contar con un accionista mayoritario (de control) extranjero.

-¿En cuanto tiempo?

-En los últimos cinco o siete años

-¿Cuántos campeones ocultos tiene hoy Euskadi?

-(Sonríe) Bueno, cada año renovamos el estudio y nos encontramos con más casos. Hay unas 40 de estas empresas, de las que 35 facturan más de 20 millones de euros al año. Son firmas que también salen de compras; no hay que olvidarlo. Hay algo esencial en este asunto, y es encontrar la dimensión adecuada para poder competir con empresas más grandes, algo que, por ejemplo, hace bien Ega-Master.

-¿Hay que preocuparse u ocuparse de este asunto?

-Habría que preocuparse si fuera 'one-way traffic' (tráfico en sentido único), si solo vinieran extranjeros a comprar aquí y se perdieran centros de decisión, pero no es así. Otra cosa importante es que el crecimiento mediante alianzas también está a disposición de las empresas. Evitar que el capital foráneo venga es muy difícil; solo se podría hacer nacionalizándolas todas o convirtiéndolas en cooperativas, que sí que son más difíciles de comprar.

-Se supone que también hay un interés vendedor...

-En los mercados globalizados, la volatilidad ha crecido en los últimos años. Ha habido picos y valles intensos. Y creo que las empresas vascas tradicionales aguantan muy bien en las crisis, pero cuando se levanta el vuelo, la situación mejora, hay que incrementar capacidad y crecer rápido, no son muy propensas a invertir a gran ritmo. No creo que haya ganas de vender pero en momentos expansivos a veces hay que escalar la empresa y se necesitan medios. También hay ocasiones en las que llegan ofertas tentadoras. En cualquier caso, las compras y las ventas no son decisiones frívolas sino muy, muy meditadas y, en ocasiones, me imagino, que producen cierta tristeza.

-¿Hay más razones para esa llegada de dinero extranjero?

-Sí, claro. Creo que las empresas tradicionales tienen que abrirse a nuevas fuentes de financiación más allá de la relación con su banco de siempre.