«La vida laboral se convertirá en una sucesión de trocitos de trabajo»

Santiago Niño Becerra./Virginia Carrasco
Santiago Niño Becerra. / Virginia Carrasco

Santiago Niño Becerra, que pronosticó en 2007 la gran crisis, vaticina el declive de los Estados y la quiebra del sistema de pensiones como es ahora

Amparo Estrada
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Imagine un mundo donde las multinacionales mandan más que los Estados; donde los robots sustituyen a los trabajadores, que viven en una permanente incertidumbre laboral; donde el Estado del bienestar se ve cercenado. Algunos dirán que es apocalíptico y otros que ya se está produciendo. Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951) es de estos últimos. Este economista, que vaticinó en 2007 el estallido de una grave crisis, asegura que estamos en la «Tercera Fase» de esa crisis que acabará en 2023 ¬-con otra recesión por el camino-¬ y provocará un cambio de modelo a otro que no se parecerá en nada al que hemos vivido hasta ahora. Dibuja un mundo con desempleo estructural, subempleo elevadísimo y una desigualdad enorme. Para compensar y garantizar la paz social propone implantar una renta básica universal.

Se producirá un «declive de los Estados», a juicio de Niño Becerra, y el modelo de protección social «entrará en crisis en todo el mundo porque no hay ingresos suficientes» para sostener los gastos en pensiones, sanidad, etc. En España, la generación de los 'babyboomers' se está empezando a jubilar y eso hará «que quiebre definitivamente el sistema de pensiones en su forma actual», augura. Recuerda que cuando se pusieron en marcha las pensiones después de la segunda guerra mundial se hizo con cuatro supuestos: pleno empleo, salarios crecientes indexados a la inflación, demanda creciente de trabajo y una esperanza de vida tras la jubilación de diez años.

Ninguno de estos supuestos se cumple ya. «Las pensiones no van a desaparecer, porque ningún Gobierno se atrevería a ello, pero se van a ir recortando directa o indirectamente». A su juicio, la pensión irá bajando hasta converger con la renta básica. Surge una pregunta obvia: ¿Si no hay dinero para pensiones cómo lo va haber para una renta básica? Pero este economista considera que ya hoy se podría pagar -absorbiendo todos los subsidios y luchando contra el fraude fiscal, que cuantifica entre 60.000 y 90.000 millones de euros en España. Además, aboga por eliminar toda la imposición directa e introducir progresividad en la imposición indirecta. «Es absurdo que pague el mismo tipo de IVA un Ibiza que un BMW».

¿Va a haber menos fraude fiscal cuando dominen las multinacionales si ahora ya eluden impuestos a través de territorios de baja o nula imposición y resulta imposible aprobar impuestos a nivel global? También para esto tiene respuesta Niño Becerra. «Creo que el nuevo modelo nos va a traer la homogeneización y armonización fiscal planetaria, incluso monetaria, el bitcoin ha demostrado que puede hacerse».

Estamos pasando de una economía de propiedad a una de uso. Ya ha empezado por ejemplo en el automóvil. Pero la transformación, en opinión de este economista, va más allá. Uno de los cambios radicales que anticipa en su libro 'El crash. Tercera fase' es el que afecta al mundo laboral. La tecnología «ha llegado a un punto en el que ya es capaz de generar PIB con cero personas». Por lo tanto, se demandarán menos trabajadores y habrá más paro, pero sobre todo más subempleo. «La vida laboral se está convirtiendo en una sucesión de trocitos de trabajo. Las empresas contratan sólo por el tiempo que necesitan. Dependerá de la profesión y de la persona que haya más o menos distancia entre esos trocitos».

Cada vez va a haber menos gente con empleo o con una jornada completa. Por lo tanto, con menores salarios. Niño Becerra le pone cifras a ese mercado laboral: un 10% serán profesionales de altísima calidad y con una absoluta igualdad de género, que trabajarán en una corporación que le nutrirá de todo (sanidad, pensiones, etcétera); un 30% serán profesionales de cierto nivel que trabajarán bajo demanda (por obra o servicio); el resto serán 'minijobs' y renta básica.

Por supuesto, el desarrollo económico irá por zonas. Las que tienen más posibilidades en España, a su juicio, son Euskadi, una parte de Cataluña, la Comunidad Valenciana hasta Sagunto, y la costa atlántica de Galicia. «No quiere decir que lo demás sea un desierto. Puede que toda Castilla se convierta en una zona cerealística hiperproductiva, pero lo harán las máquinas, no habrá nadie».

Copagos

«Vamos a sufrir en esta tercera fase. Lo que pasa es que a la calle aún no ha llegado. Hasta ahora, más o menos, se va tirando. Tal y como yo lo veo, entre 2022 y 2024 todos los cambios llegarán a los ciudadanos y se van a dar cuenta de las implicaciones. Se va a instaurar el copago sanitario, el copago educativo...». En el nuevo modelo que describe -y recordemos que lo data en un plazo de cinco años-, se cercena el Estado protector y cada individuo tendrá que procurarse su bienestar más allá de una renta mínima y una sanidad mínima. ¿Vamos a vivir peor? «Sí. Habrá estabilidad macroeconómica, pero por el lado personal una incertidumbre total. La esperanza de vida va a bajar».

A pesar del deterioro laboral y social que vaticina, Becerra no prevé que haya revueltas. «Para eso, aparte de morirte de hambre tienes que tener un espíritu revolucionario y esto no pasa ahora. Además se garantizará una renta mínima y se legalizará la marihuana. Y habrá cámaras por todas partes. Es más, creo que se van a vaciar las cárceles. Pondrán a los presos un chip y los mandarán a casa porque eso ahorrará costes. El planeta va a ser más seguro».