La negociación colectiva en Euskadi pega un arreón y registra el mejor dato desde 2015

Concentración ayer en Lasarte-Oria de trabajadoras de Residencias de Gipuzkoa, que están en huelga por el convenio sectorial. / TXEMA VALLÉSGráfico
Concentración ayer en Lasarte-Oria de trabajadoras de Residencias de Gipuzkoa, que están en huelga por el convenio sectorial. / TXEMA VALLÉS

El 42,8% de los empleados en Euskadi tiene sus convenios vigentes, 4,5 puntos más que en 2017

Pilar Aranguren
PILAR ARANGUREN SAN SEBASTIÁN

Sin grandes algaradas, pero la negociación colectiva en Euskadi sigue avanzando gracias a que se van suscribiendo convenios de empresa, pero sobre todo sectoriales, que son los que tienen un mayor peso entre la población asalariada. Este mayor dinamismo de la negociación colectiva, que ya se estaba constatando en los meses precedentes, se ha reafirmado con los últimos acuerdos firmados en septiembre y octubre -el de Hostelería de Bizkaia y el de Mayoristas de Pescado y Marisco de Gipuzkoa, además de 36 de empresas-, lo que ha permitido que en los diez primeros meses el 42,8% de la población trabajadora de la CAV cuente con un convenio colectivo actualizado.

Este dato es llamativo, ya que se trata del mejor registro desde 2015, según destaca el Consejo de Relaciones Laborales de Euskadi (CRL) en su último informe sociolaboral dado a conocer ayer.

De hecho, la negociación colectiva ha estado bastante bloqueada en los últimos años. En 2017, en los diez primeros meses tenían actualizados sus convenios el 38,3% de los trabajadores asalariados, es decir, 4,5 puntos menos que este año. Y si lo comparamos con 2015 estamos ocho puntos por encima. Por lo tanto, un buen dato, aunque no se pueden echar las campanas al vuelo, ya que hay un porcentaje similar de personas asalariadas (42,2%) con sus convenios prorrogados, mientras que el 15% tiene sus acuerdos decaídos.

Gipuzkoa es la más rezagada, con solo el 23% de los trabajadores con pacto actualizado

Traducido a cifras globales significa que hay 246.514 trabajadores con sus pactos actualizados, de los que 119.806 los han renovado este año. En su mayoría son convenios negociados en la CAV, ya que afectan a 72.120 empleados, mientras que los pactados en el ámbito estatal con incidencia en el País Vasco alcanzan a 47.686 personas. De este modo se aleja la posibilidad de que la negociación estatal dé más cobertura a trabajadores vascos que la propia como ocurrió el año pasado. Una estatalización que encendió las luces de alarma tanto en el CRL como entre los sindicatos vascos.

En este contexto más alentador, Gipuzkoa va a la zaga en relación al resto de territorios vascos. Y es que tan solo tiene actualizada sus condiciones laborales el 23,2% de la población asalariada, un pobre registro, aunque también es verdad que muestra un mayor dinamismo que el año pasado, que se quedó en un escuálido 21%. Con todo, estamos por debajo de los registros de 2016 y también de 2015, según se puede apreciar en el gráfico adjunto.

Ese 23,2% supone que hay 30.000 trabajadores con sus pactos renovados, de los que 17.000 los han actualizado este año. Pero quedan otros 45.000 (34,8%) con sus acuerdos con vigencia prorrogada y pendiente de actualizar y lo que es peor, algo más de 54.000 (42%) con sus convenios decaídos.

El mayor peso de los acuerdos decaídos se debe fundamentalmente a que el convenio del Metal, el de mayor incidencia y que ha sido un referente para la negociación colectiva del territorio, está en esa circunstancia, con casi 40.000 trabajadores afectados. También están decaídos otros dos pactos significativos, como son el de Oficinas y Despachos, y el de Hostelería.

Pero lo peor es que mientras en el resto de territorios se han abierto las mesas de negociación de los convenios del Metal, aunque están atascadas, en Gipuzkoa no se ha reactivado y tampoco hay visos de que se vaya a mover algo. ELA tiene la llave, al ser el sindicato mayoritario, pero no está por la labor de convocar una mesa de negociación en la que considera que tiene «muy poco margen de maniobra». Tampoco Adegi, que es la patronal del sector, ha mostrado ningún interés en reactivar la mesa. A falta de estos tres grandes convenios, la negociación se está volcando en mayor medida en las empresas. En este ámbito, hay 12.519 trabajadores con sus convenios actualizados, pero quedan por renovar este año los pactos que afectan a otras 16.345 personas; es decir, que han actualizado sus condiciones el 43%.

EPSV de empleo

Pero volviendo a los convenios sectoriales, estos cobran gran importancia en un contexto en el que el Gobierno Vasco trata de impulsar las Entidades de Previsión Social Voluntaria (EPSV) de empleo; es decir, aquellas que se negocian en el ámbito de las empresas. Una propuesta que lanzó el pasado lunes consejero de Hacienda y Economía, Pedro Azpiazu. Una idea que no es nueva pero a la que quiere imprimir una velocidad de crucero en un momento en el que la sostenibilidad y la financiación del sistema público de pensiones está en pleno debate.

Más allá del acuerdo que deben alcanzar las Haciendas territoriales, que serán las encargadas de consensuar los incentivos fiscales, Azpiazu también quiso lanzar un mensaje a los agentes sociales, que hasta ahora se han mostrado muy renuentes. Las patronales, porque supone un coste añadido, y los sindicatos porque temen que suponga un menoscabo para el sistema público, que insisten una y otra vez, debe ser el pilar fundamental de las pensiones, a decir de unos, y el único, según otros.

Pero cualquier implementación de los sistemas de empleo implica ante todo una negociación colectiva más dinámica, ya que si no se firman convenios a mayor ritmo será muy complicado extender las EPSV de empleo como pretende el Gobierno Vasco, tal y como destacan desde CC OO de Euskadi.

Cabe recordar que Geroa, la EPSV de empleo que se ha convertido en todo un referente, surgió hace 22 años precisamente de un acuerdo entre Adegi y los cuatro sindicatos para implantarlo en las empresas del Metal de Gipuzkoa. Posteriormente se fue extendiendo a otros muchos convenios sectoriales. Pero el hecho de que el pacto sectorial decayera puso contra las cuerdas la continuidad de Geroa. La situación suscitó un debate muy intenso en su seno y finalmente se acordó que las empresas siguieran con sus aportaciones.

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