La bajada del paro no frena el ritmo en Lanbide

La bajada del paro no frena el ritmo en Lanbide

Parados guipuzcoanos con situaciones dispares lamentan la inestabilidad y la temporalidad del empleo | Decenas de personas desfilaban ayer por las oficinas de empleo, en este caso en Gros, en busca de una solución «para llegar a fin de mes»

SARA ECHEVARRIA SAN SEBASTIÁN

. La mañana de ayer fue un «no parar» para los trabajadores de Lanbide, aunque haya 2.674 parados menos en Gipuzkoa que hace un año. La mayoría de personas acudían a las oficinas de empleo en busca de una solución para «llegar a fin de mes», mientras que unos pocos lo hacían en busca de información. DV recogió testimonios, en las oficinas de Gros, de algunas de estas personas para las que la mejoría de septiembre no se ha notado, mientras que coinciden en considerar «alarmantes» la alta temporalidad y la precariedad de los nuevos empleos.

Luis Alberto | Repartidor «He estado 9 años en una empresa que ya no existe»

«Te despiertas un día y tu vida da un giro de 180 grados», comenta Luis Alberto, un 'donostiarra' sudameriocano que lleva 16 años viviendo aquí. El mes pasado pasó a formar parte del colectivo de personas paradas, porque la empresa en la que llevaba nueve años trabajando desapareció «de un día para otro». Trabajaba en una filial que prestaba sus servicios de reparto a grandes multinacionales. Cuenta que fue a trabajar «como todos los días» y le dijeron que «no podía repartir» porque esa entidad ya no existía, había desaparecido «de repente». Afirma estar en una situación «crítica» ya que al no disponer de la documentación necesaria, no va a poder cobrar la prestación. «He denunciado a la empresa, pero como no creo que cobre el paro ya estoy buscando trabajo de lo mío», explica.

Miren | Profesora de teatro «Trabajo muy pocas horas y voy a necesitar ayuda»

Miren es una joven de 27 años que forma parte del colectivo de mujeres con contratos temporales y a jornada parcial. En Euskadi el 91,6% de los contratos realizados en 2018 han sido temporales y el 37,1% a jornada parcial, el 50,6% en el caso de las mujeres. «Es esto o nada», comenta con una sonrisa. Ayer le daban de alta como profesora de teatro, un oficio al que siempre ha querido dedicarse, pero «si lo cogía sabía que tendría que buscar un plan b», expone. Cuenta que lleva mucho tiempo dedicándose a la hostelería, pero al llevar un mes y medio en paro, ha visto que este trabajo puede ser «una buena oportunidad» para su futuro profesional. Por eso ha acudido a Lanbide, para solicitar las ayudas correspondientes hasta que consiga en segundo trabajo que pueda compaginar con las clases de teatro. «Es la primera vez que vengo a pedir este tipo de ayudas y ojalá no tenga que volver a solicitarla», comenta a la salida del establecimiento.

Alaitz | Esteticista «Aunque sea joven voy a abrir mi propio negocio»

La donostiarra de 22 años lo tiene claro, por joven que sea va a abrir su propio negocio. «He venido a Lanbide porque quiero capitalizar el paro de nueve meses», explica. El objetivo de Alaitz es capitalizar el paro que le corresponde para poder acometer el montaje de su salón de belleza. Esta idea se le ocurrió al acabar sus estudios de estética y belleza. Cuando terminó sus prácticas de esteticién, apreció que muchas compañeras suyas estaban en el paro o dedicándose a empleos que no estaban relacionados con lo que habían estudiado, por eso decidió emprender. Es consciente de que van a ser unos años de mucho trabajo, «pero cuando se me terminó el contrato este verano decidí no quedarme con los brazos cruzados», comenta.

Banda | Administrativa «Me casé con un vasco y he venido a probar suerte»

Hace escasos cuatro meses esta familia decidió venirse a vivir a Donostia. El pasado junio se instalaron aquí porque su marido «echaba de menos el País Vasco». Banda, una portuguesa que llevaba muchos años trabajando en una multinacional en Barcelona afirma haber «dejado todo» porque ella ha querido, «por amor». Cuando decidieron mudarse a San Sebastián le quedaban escasos meses para tener a la pequeña, por lo tanto, pidió la excedencia en el trabajo, pero ahora «tengo que buscar algo aquí», dice. Explica que anteriormente era administrativa en una empresa que opera en Portugal y, «lo ideal sería encontrar algo del estilo aquí»; aunque es consciente de que el idioma «dificulta la búsqueda» y «el no saber euskera» también. Por eso, mientras encuentra algo que se adecue a lo que busca, ha decidido tramitar la prestación.

Ángel | Repartidor «Repartía para obradores, pero me adapto a todo»

Ángel pertenece al colectivo de euskaldunes con contratos temporales. Lleva toda la vida trabajando de repartidor y los últimos años ha trabajado mayormente para obradores. «Me encantaría seguir repartiendo cosas dulces, pero me adapto a lo que sea», expone. Su contrato de trabajo finalizó el pasado día 30 y comenta que este último «ha sido de los más largos»; ha estado dos años en la última empresa. Explica que estar «cada dos por tres» en esta situación, «teniéndote que buscar la vida», es una «auténtica desesperación». Afirma tener 47 años y desconoce cuándo podrá «hacer planes de futuro» y, sobre todo, «empezar a vivir tranquilo».

Josue y Lidia | Ertzaintza y estudiante «Todavía somos dos jóvenes que nos estamos formando»

«Lidia tenía que venir a hacer unos papeleos y como yo estoy de vacaciones le he acompañado», explicaba Josue. Los planes de futuro de la joven de 21 años son seguir realizando diversos cursos para formarse, pero para ello tenía que inscribirse en el sistema de garantía juvenil. «La verdad es que de momento no tengo ninguna prisa por encontrar un trabajo fijo, prefiero seguir estudiando», comenta la donostiarra. Por el contrario, Josue, empieza el lunes a formarse como Ertzaintza. Afirma llevar muchos años preparándose para lograr el puesto y tras aprobar las pruebas, se incorporará el próximo lunes a la academia de Arkaute. «Somos conscientes de que somos la excepción aquí», comentaban en la entrada, «la mayoría vienen porque están en situaciones muy complicadas y no es nuestro caso». Lidia también comenta que una de las razones por las que prefiere seguir formándose y «no tiene prisa» es porque es «consciente» de que cuando se «lance» al mundo laboral, tendrá que enfrentarse a «millones» de contratos temporales y de jornada parcial.

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