«Para mantener las pensiones hay que subir la presión fiscal, y no hay otra»

El catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid Santos Ruesga, en su vivienda./E. MEGÍAS
El catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid Santos Ruesga, en su vivienda. / E. MEGÍAS

Santos Ruesga, el único 'sabio' del Pacto de Toledo que votó en contra del factor de sostenibilidad cree que el Gobierno no se apeará de su ruta, que es «reducir las prestaciones»

JOSÉ V. MERINOSAN SEBASTIÁN.

El catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid, Santos Ruesga, fue el único de los doce 'sabios' que cuando se gestó la última reforma de las pensiones en 2013 votó en contra del factor de sostenibilidad, que entrará en vigor el próximo año y que supondrá un nuevo recorte de las pensiones. Él puso el dedo en la llaga de lo que supondría el índice de revalorización y el factor de sostenibilidad. Hoy, asiste al estallido en las calles de los jubilados.

Este experto señala que las opciones están claras y que hay que mantener las pensiones a costa de subir la presión fiscal. «Y no hay otra», remarca, a pesar de que indica que se ha puesto de moda considerar malo subrir los impuestos. Ruesga señala que el Gobierno tenía una hoja de ruta y la está cumpliendo: «pasar al sector privado los recursos que hacen falta para mantener un sistema público de pensiones razonable, porque busca que parte del ahorro se canalice a través del mercado». Apunta que de este modo se traslada el riesgo de un sitio a otro, porque el «mercado no te garantiza nada, ninguna revalorización, y puedes perder».

A este catedrádico no le sorprende la eclosión que ha registrado la protesta de las pensiones. «Antes hubo un escenario de deflación, de 2014 a 2016, que hizo que no se visualizara el recorte. Además estábamos en crisis y eso retrae a la gente, por miedo. Pero ahora las expectativas de crecimiento han cambiado, parece que las cosas van mejor y, además, se ha producido una pérdida del poder adquisitivo porque hay inflación». Añade que en 2013 ya tenía claro que era un recorte acumulativo importante y que en algún momento los pensionistas se darían cuenta. «Y en medio, están las torpezas de la ministra Báñez».

Se refiere a la carta enviada a los pensionistas informándoles de la revalorización de las pensiones del 0,25% este año. «A la gente se le puede engañar, una, dos y tres veces, pero a la cuarta se da cuenta: decir que te han subido la pensión un 0,25% cuando los precios se han revalorizado un 1,8% es ofensivo. La carta ha sido importante en lo que está pasando: es una provocación».

Ruesga advierte de que el problema se va a repetir todos los años, «con carta o sin carta: cuatro euros al mes menos este año, otros tantos el que viene... Un pensionista puede empezar cobrando 1.000 euros y acabar cobrando, 20 años después, 800 una vez descontada la inflación».

Respecto a las últimas propuestas del Gobierno de rebajar el IRPF a los pensionistas, considera que no se trata tanto de una cuestión técnica, sino política. «Hasta ahora funcionaba el Pacto de Toledo, donde sin ruido se han consensuado reformas desde 1995. Lo razonable es que eso siguiera funcionando, pero parece difícil porque a partir de la reforma de 2013 el Gobierno rompe la línea de flotación del sistema vigente al plantear una fórmula mixta de pensiones, con una parte pública y otra privada incentivada por las administraciones y el gobierno de turno».

«Rajoy tira balones fuera»

Insiste en que esta es la hoja de ruta, «muy clara, y todo lo demás es la parafernalia que la acompaña: 'Estamos en crisis, el sistema va a quebrar...' Y no es verdad. Los sistemas públicos no quiebran: se trata de poner más dinero. ¿Cuánto? Ahí podemos discrepar. Pero hay que poner más dinero de aquí a 2050, que es cuando puede pararse el efecto demográfico del 'baby boom'».

Considera que más allá de las distintas fórmulas que se están barajando para mantener las pensiones lo importante es «ponerse de acuerdo en si seguimos o no con un sistema que otorgue pensiones suficientes, más o menos como ahora, dentro de 30 años. Y puestos de acuerdo en eso, la parte técnica puede ser más complicada pero la parte política no. Esa es la piedra filosofal y ahí estamos bloqueados».

Ruesga entiende que el Gobierno está tirando balones fuera». Está convencido de que el Ejecutivo no se va a apear de su línea, que es reducir las pensiones y que los ciudadanos canalicen los ahorros para sus jubilaciones hacia el sistema financiero. «Marea la perdiz, hace declaraciones pomposas de 'confíen en mí y no se preocupen', pero no entra al trapo de cambiar las cosas, de revalorizar las pensiones y mantener su poder adquisitivo; eso sí supondría un cambio. Y tampoco habla claro, no dice toda la verdad, con cálculos sobre las pensiones y su cuantía, que se ocultan de forma ambigua. Pero claro, ese es el discurso político, que busca conseguir votos».

Respecto al debate registrado en el Parlamento sobre las pensiones, apunta que los árboles no dejan ver el bosque. «El debate fundamental es si se está dispuesto o no a poner dinero. Pero eso no lo dice nadie, porque hay miedo a decir que eso es subir la presión fiscal». Cuando se le pregunta cuánto, responde que, según su estimación, con un 3% del PIB sería suficiente para cubrir el mantenimiento del poder adquisitivo. «¿Es malo, es bueno, es muy complicado? Yo no lo veo complicado, porque en España la presión fiscal es seis o siete puntos menor a la de nuestro entorno. Es que claro, decir que yo estoy por la revalorización de las pensiones pero, a la vez, decir que no hay que subir los impuestos... Eso es la cuadratura del círculo».

Ruesga no es partidario de establecer un impuesto a la banca, como proclaman el PSOE y Podemos. «Ese es un discurso muy maquineo. Hay quien lo justifica porque los banqueros son malísimos. Ya, ¿pero qué tiene que ver eso? ¿Sólo vamos a cobrar impuestos a los malos? Entonces tendremos que buscar muchos malos. ¿Y quién es el siguiente malo para que nos ayude a pagar las pensiones? No me dedico a la política, pero si lo hiciera y dijera esto, me cesarían al día siguiente».

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