EL DÍA DEL OPROBIO

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La decisión de publicar las listas de morosos con Hacienda tuvo, en su origen, una justificación evidente. Se trata de exponer a la vergüenza pública a las personas que no se encuentran al corriente de sus obligaciones fiscales. Y, ya de paso, lograr que la simple amenaza de ver su nombre en la lista y de ser el centro de las conversaciones de los bares sirviera de escarmiento. Que los incluidos trataran de salir de ella, pagando claro está. Y que los que estaban en trámite se avinieran a un acuerdo que les evitase la inclusión e hiciera presión sobre todos los demás. Por si acaso.

Pero no estoy seguro de que haya servido para todo eso. Claro que la recuperación de deudas reclamadas ha aumentado, pero ¿no lo hubiese hecho también sin la publicación de la lista? Si se fijan bien, los nombres señalados son, principalmente, una amalgama de empresas y/o empresarios fallidos, a quien será poco menos que imposible rascarles algo, mezclados con individuos a los que este 'castigo' añade poco dolor a sus delicadas situaciones personales. ¿Les importa algo a deudores conocidos como Rodrigo Rato o Mario Conde verse retratados de esta manera? Lo dudo mucho.

Con independencia de todo ello y de la justificación de su oportunidad, las listas se seguirán publicando. Les sirven de coartada a Hacienda, como garantía de su diligencia y esmero, mientras que alimenta el morbo popular que dispone así de un Día del Oprobio en el que disfrutar de lo lindo. ¿Quién no la ha repasado? Reconozco que yo sí, aunque me he llevado pocas sorpresas. Si usted no lo ha hecho, sepa que cuenta con mi admiración por su extrema delicadeza.

«Las listas sirven de coartada a Hacienda, como garantía de su diligencia y esmero»

Me atrevería a decir que, como sucede con mucha frecuencia, la lista requiere algo más de concreción y las conclusiones definitivas deberían esperar a conocer los antecedentes. Porque no es lo mismo, ni merece el mismo reproche, el que Hacienda haya descubierto un montón de dinero oculto en algún paraíso fiscal, que la deuda proceda de una discrepancia técnica en la aplicación de la normativa. Máxime, cuando Hacienda pleitea gratis y puede amenazar con sentencias terribles sin pestañear, ni coste para nadie.