El empleo parcial y la reforma laboral restan calidad a los trabajos indefinidos

La contratación indefinida se resiente en lo que respecta a la calidad del empleo, una característica de la que tampoco se libra la industria./JAVIER SERRANO
La contratación indefinida se resiente en lo que respecta a la calidad del empleo, una característica de la que tampoco se libra la industria. / JAVIER SERRANO

Sindicatos y expertos coinciden en que el empleo parcial y la reforma le han restado calidad | La ocupación por horas se sitúa 14 puntos por encima de la de 2008 y las centrales denuncian que muchos de esos empleados exceden de forma habitual su jornada

Alexis Algaba
ALEXIS ALGABASAN SEBASTIÁN.

A comienzos de este milenio el sociologo alemán Ulrich Beck dibujó cuál sería el futuro del trabajo en Europa a través de su obra 'Un nuevo mundo feliz'. Anticipó que el horizonte, empapado por la globalización, se dirigiría al modelo que ya se había materializado en Brasil donde solo uno de cada dos trabajadores tiene un empleo fijo. Apenas un puñado de elegidos -por así decirlo- tendría un puesto indefinido y bien remunerado. El escenario dibujado por Beck en el año 2000 lleva tiempo tomando forma en Euskadi hasta el punto que la pasada semana el presidente del Consejo de Relaciones Laborales (CRL), Tomás Arrieta, alertó de ello al destacar que desde 2008 el peso del empleo temporal ha aumentado diez puntos -del 20% a rozar el 30%- con lo que la cifra de puestos de trabajo indefinidos de calidad se ha reducido.

«Es la brasileñización del mercado laboral», explica Pello Igeregi, responsable de Negociación Colectiva de ELA, tirando del ensayo de Beck. «Lo que advirtió la semana pasada el CRL es lo que nosotros vemos a diario y lo hemos alertado en repetidas ocasiones», apunta. El presidente del CRL explicó que el empleo indefinido que se está creando en el País Vasco «no es de mucha calidad», una conclusión que tiene su base estadística y que pone de manifiesto que el mito del trabajo fijo y duradero en el tiempo en Euskadi comienza a ponerse más que en entredicho.

Los sindicatos vascos ponen el primer foco de la causa de este deterioro en el incremento exponencial de la contratación a tiempo parcial. «Este tipo de empleo ha crecido sustancialmente y no ofrece garantías dignas para sustentar un proyecto de vida», sostiene Igeregi. De la misma opinión es su homóloga de UGT Euskadi, Maribel Ballesteros, que además sostiene que el 40% de los contratos que actualmente se firman en la comunidad son ya por horas. «Que te hagan fijo a día de hoy no te garantiza nada».

En Euskadi, la ocupación a tiempo completo ha caído en 111.000 personas en los últimos diez años. Según la EPA, en el primer trimestre de 2008 la cifra de empleados a jornada completa se elevaba hasta los 866.100 vascos. Diez ejercicios después, ese número se ha reducido hasta los 755.100. Tendencia contraria es la que ha registrado el grupo de trabajadores a tiempo parcial, que ha pasado de estar integrado por 138.400 empleados en Euskadi antes de la crisis, a los 158.200 del primer trimestre de este curso. Un aumento superior al 14% y que se nutre tanto de trabajadores con contrato temporal como de indefinidos. «Creíamos que en Euskadi también jugábamos en la Champions de la contratación y la calidad del empleo y ahora nos damos cuenta de que esa imagen no es del todo real», advierte Ballesteros.

Las cifras

19.800
ocupados a tiempo parcial más que hace una década hay en estos momentos en Euskadi, lo que eleva el total a los 158
4
de cada diez contratos que se firman en la comunidad en la actualidad son por horas, según explica UGT Euskadi.
131.281
trabajadores vascos buscan otro empleo según las estadísticas de Lanbide, un 451% más que en 2008.

Pero no solo los sindicatos y el CRL alertan de esta evolución. La catedrática de Economía de la UPV/EHU, Sara de la Rica, también destaca que Euskadi se encuentra a la cabeza en el Estado de la contratación a tiempo parcial. Al inicio de la crisis, la tasa de eso acuerdos laborales se situaba en el 15% y ahora se encuentra en el 17,3%, cuando la media estatal no alcanza el 15%. «Y esto me resulta ciertamente sorprendente pues el tipo de especialización productiva en Euskadi (con gran peso de la industria) no parece ser consistente con tanta contratación temporal», señala De la Rica.

En este sentido, las centrales sindicales apuntan que buen puñado de puestos que deberían ser cubiertos por indefinidos a tiempo completo los están acaparando empleados con contratos firmados por horas a los que «se les pide que hagan horas extra en días concretos para cubrir picos de producción». El responsable de Negociación Colectiva de ELA, Pello Igeregi, denuncia que «la precariedad se ha convertido en una apuesta estructural de las empresas», las cuales basándose en una estrategia de «flexibilidad» requieren a estos trabajadores a tiempo parcial y con sueldos «bajos» que «metan horas» para atender esa concentración de actividad. «Esto va en detrimento de alguien que desee organizarse la vida y saber lo que puede hacer la semana que viene», apostilla Igeregi.

Ballesteros, de UGT Euskadi, también comparte la opinión de que las empresas «se han convertido en unas adictas de la contratación temporal y de la parcial», lo que califica como «auténtico drama». La responsable de Negociación Colectiva de la central que dirige en el País Vasco Raúl Arza, denuncia que «en esos contratos por horas hay una importante bolsa de fraude que debería ser sancionada de una forma más dura por la autoridad competente».

Despido más barato

La catedrática de Economía de la UPV/EHU, Sara de la Rica, resume en tres factores el descenso de la calidad en la contratación. En primer lugar, que la duración media de los contratos indefinidos está diminuyendo de forma patente, sobre todo por la rebaja de las condiciones bajo las cuales se justifica un despido y el abaratamiento del mismo tras la reforma laboral de 2012. Eso sí, De la Rica defiende que «rebajar las condiciones de despido de los indefinidos no significa necesariamente disminuir la calidad de los contratos» y que, «lo importante es que haya un número mayor de personas con contratos sin fecha de caducidad».

Como segundo factor de una peor calidad en los nuevos empleos, se encontraría «la devaluación salarial en todos los contratos». La catedrática señala que «los trabajadores estamos pagando posiblemente en exceso el peso de la crisis», pero estima que «posiblemente es el momento de que dicha devaluación finalice». Y como tercer elemento perjudicial, añade el aumento de los contratos temporales «de muy poca duración», esto es, de menos de una semana. Esos contratos son de «baja calidad» y se firman exclusivamente para atender picos de actividad sobre todo en hostelería.

Las centrales sindicales alegan también que la precariedad se ha intensificado gracias a la reforma laboral, herramienta que ha convertido la temporalidad en la principal fórmula de contratación en 9 de cada 10 propuestas de trabajo. «Debemos insistir a Pedro Sánchez para que cumpla con su palabra y derogue la reforma», insiste Igeregi. Si no se corrige esta situación, avanza el portavoz de ELA, el porcentaje de trabajadores con contrato temporal «seguirá aumentando» y sobrepasará el 30% actual. Igeregi denuncia además que en la administración vasca esa tasa de temporalidad «aumenta hasta el 35%, lo que es lamentable y fomenta la subcontratación».

Demandantes con empleo

Esa precariedad en el empleo se puede medir cuantitativamente a través de las estadísticas de Lanbide. Y es que en junio la cifra de demandantes de empleo ocupados se situaba en los 131.281 personas, número por encima de los 120.485 parados oficiales. Si retrocedemos diez años, en Euskadi solo había 23.393 personas que aun teniendo un empleo seguían apuntadas en los servicios de empleo para encontrar uno mejor. Así las cosas, el aumento ha sido del 461% en esta década, en la que el colectivo ha sumado más de 100.000 nuevos integrantes. El colectivo de desempleados ha aumentado, por su parte, un 52,5%. «Una persona cuando tiene un buen empleo no sigue buscando otro, de forma que esta estadística nos muestra que miles de personas ocupadas buscan otro trabajo, y eso es un problema», concluye Maribel Ballesteros.

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