Mari Carmen Gallastegui: «No veo a Draghi como el salvador del euro; se tardó bastante en reaccionar»

La catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de Sarriko, Mari Carmen Gallastegui, en los alrededores de la facultad./BORJA AGUDO
La catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de Sarriko, Mari Carmen Gallastegui, en los alrededores de la facultad. / BORJA AGUDO

La catedrática de Análisis Económico critica la falta de rigor que demostraron en 2008 las agencias de 'rating' y cree que en España no se quiso ver el peligro del ladrillo

Julio Díaz de Alda
JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

Mari Carmen Gallastegui, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de Sarriko, comparte con DV sus impresiones sobre el décimo aniversario del fiasco de Lehman Brothers, el inicio de la crisis. A su juicio, se tardó demasiado en endurecer la normativa de supervisión en el ámbito financiero, aunque los pasos dados parecen haber blindado al mundo de una crisis similar, que no de otras de diferente cariz.

-Hoy, diez años después, ¿qué le evocan palabras como 'subprime' o Lehman Brothers.

-Se me pone un poco la carne de gallina. Con aquello fuimos conscientes de las cosas que unos pocos podían hacer y que terninaban impactando en la vida de tanta gente. Aquello de las hipotecas basura... Lehman Brothers fue un descubrimiento, y eso que eran gente lista, pero fíjate cómo influyó en todo el sector financiero. Ya sabíamos que las crisis muchas veces convierten la deuda privada en pública, pero no sabíamos que había tanta.

«Europa se ha distanciado de EE UU, la Reserva Federal ya no es el modelo a imitar»

«El capitalismo tiene sus problemas, pero sin trampas permite mayor bienestar»

-¿Era tan difícil de prever?

-Probablemente, en la Reserva Federal y en aquellos que estaban cerca de Lehman Brothers, que no éramos precisamente los europeos, deberían de haberlo previsto. No me parece que fuera tan difícil, pero está claro que no había vigilancia suficiente para el lío en el que se habían metido. Fue un punto sin retorno desde el que hemos pasado diez años crudos hasta que todo esto se ha regulado. Creo también que las agencias de calificación de riesgos mantuvieron notas de solvencia cuando no la había. Tuvo que haber gente en Lehman tapando aquello.

-¿Ha sido una crisis peor que la de 1929?

-Aquella fue más entendible, pero es que ésta es porque unos tíos lo hicieron mal y castigaron a todo el globo con una crisis que nos ha costado diez años. En cierto modo nos ha venido bien, puesto que la regulación ha cambiado. No es fácil decir cuál es peor.

-Pues nadie les dijo nada... Y, además, EE UU ha salido antes y mejor de la crisis...

-Sí, pero según me explican economistas amigos de allí, han cambiado mucho. Ya no idolatran tanto al 'tiburón' como antes. Se han decepcionado con el sistema. Creo que muchos piensan que eso les viene bien a los que están en Wall Street pero no al común de los mortales. Y su regulación también trata ahora de lograr unos mercados más transparentes.

-España tenía su particular mochila, llena de ladrillos. ¿Tampoco se supo ver o no se quiso ver?

-Yo creo que no se quiso ver. Y se optó por decir que el que tenía el problema era Estados Unidos. Fíjefe cuánto se tardó en reconocer las cosas aquí...

-Aquella «pequeña desaceleración» de la que se habló en 2008...

-Exacto. Y en Europa tampoco se reaccionó rápido. Pasaron muchos años hasta que se atacó la regulación financiera. Estuvimos todos muy despistados durante mucho tiempo. No sé cuánto, pero igual la mitad de esos diez años que ahora se cumplen. O casi. Bueno, tiene su lado positivo, puesto que los políticos y los bancos se han dado cuenta de que no se podía seguir funcionando como hasta entonces. Y de que las entidades financieras tienen que tener gente muy preparada y que hace las cosas que Europa dice que hay que hacer. No puede haber opacidad.

-¿No fue, en alguna medida y aunque ahora suene mal, un problema de avaricia más allá de la banca? Las administraciones apostaron por el suelo como vía de financiación y muchos particulares se lanzaron a comprar, cuando no a especular, con los pisos...

-El ladrillo atrajo a todo el mundo. claro que no se puede echar toda la culpa a la banca, al menos en general, puesto que no todos actuaron igual. Lo que pasa es que si el sector hubiera actuado con pureza hubiera podido cortar antes las actuaciones de algunos que se veían que aquello no podía ser. Los bancos siempre tienen que asumir algún riesgo. Capitalismo y riesgo van unidos. Pero sabemos que la mejor preparación para evitar una catástrofe es tener un buen colchón de patrimonio neto. Ahora están mejor preparados que hace 10 años.

-¿Se atacó de manera correcta, a su juicio, la crisis?

-Creo que ni Estados Unidos ni Europa nos comportamos de manera ideal. Nos costó mucho reaccionar. Pero ahora, por fin, sabemos que nos tenemos que preparar, ya que las crisis se producen, y que no pueden pillarnos mirando para otro lado, que afecta a todo el mundo, a todas las personas. Creo que el problema que surgió no volverá a pillarnos.

-¿Fue correcta aquella receta de austeridad y recortes?

-Se tardó mucho en saber cuál era la política correcta. Y cuando eso se hizo habían pasado ya cinco años. Además, se quería hacer en comandita, y la unión fue muy complicada. En Europa había distintas visiones y en Bruselas estaban también despistados. De hecho, hubo intentos que no sirvieron para nada. Costó mucho entender que la inflación tiene que existir y que los tipos tienen que subir.

-Pero las consecuencias, lejos de afectar al mundo financiero, fueron terribles en la economía real. Entre la gente 'normal'.

-Totalmente de acuerdo. Sabemos que se ha pagado un precio muy alto en paro y en salario. Pero hemos aprendido que lo mejor que podemos hacer es que la economía real esté protegida frente a los posibles cambios que lleguen. Y aceptar que los bancos tienen que tener capital y que el resto, las empresas, han de distinguir entre incrementos de productividad e incrementos de salarios, que si van unidos, estupendo.

-¿Y estamos en esa tesitura?

-No (sonríe). Son sueños...

-¿Realmente el euro y Europa estuvieron al borde del abismo?

-Sí. Mire. Lo que pasó ha provocado el 'Brexit'. Y nos hemos distanciado de Estados Unidos, con los que ya no tenemos la misma relación que antes. La Reserva Federal ya no es el ejemplo a imitar.

-¿Qué recuerda de aquella prima de riesgo por encima de 600?

-Me asusté. Y lo ví fatal. Pero también pensé que era muy difícil que dejáramos caer a todo un sistema. Cuando la gente está asustada tiene más confianza en una regulación seria, que en cierto modo te ofrece un alivio.

-¿Coincide con aquellos que creen que Mario Draghi salvó al euro?

-No. Me pierdo un poco con eso. Para cuando Draghi reaccionó y se hicieron las normas que se hicieron había pasado bastante tiempo. No le veo como salvador, sí como una personas que hizo lo que pudo para mejorar la situación cuando vio que tenía la posibilidad de hacerlo. Resolvió, pero tardó. La verdad es que tenía un embolao encima terrible. Y, además, él no quería romper las relaciones económicas con Estados Unidos; en eso fue sensato. En ese sentido, sí nos salvó. Imagínese que hubiera habido aquí un Trump...

-¿Cree que la crisis nos ha cambiado a los vascos?

-Los ciudadanos nos hemos hecho mucho más precavidos y hemos ganado aversión al riesgo. Además, todo esto ha sucedido en paralelo a una revolución tecnológica que nos ha tenido también despistados. Se ha dudado mucho en Euskadi, y se ha discutido mucho sobre ello, sobre el sistema capitalista. Creo que al final nos hemos convencido de que el capitalismo tiene sus problemas, pero bien orientado, con mecanismos correctos y sin hacer trampas permite mayores tasas de crecimiento y bienestar. Esto no fue una crisis por el modelo, sino que unos pocos abusaron del mismo.

-¿En qué situación nos encontramos hoy, cuando ya se empieza a hablar de desaceleración?

-Creo que los modelos hay que revisarlos, pero no de un extremo a otro. Tenemos que garantizar un nivel de bienestar. No podemos decir nunca 'ya tenemos el modelo ideal'. Revisar y aprender. Todo el rato. Y pensar siempre en que lo primero son las personas, no las políticas.

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