Las jóvenes vascas sufren una situación laboral más precaria que los chicos

Lanbide San Sebastián
Dos jóvenes entran en la oficina de Lanbide de Donostia. / Michelena

La tasa de paro de las chicas supera en nueve puntos a la de los chicos, alcanzando el 18,6%. Las féminas de entre 16 y 24 años cobran 3.369 euros menos al año que sus compañeros

Pilar Aranguren
PILAR ARANGUREN

Un estudio del Servicio Vasco de Empleo, Lanbide, dado a conocer hace diez días alertaba del «riesgo de perder a una generación por la precariedad laboral del empleo juvenil». Desempleo muy elevado, difícil entrada en el mundo laboral, ampliación de los periodos de búsqueda de trabajo, disminución de los salarios, alta temporalidad y acrecentada contratación parcial. Ese era el panorama que pintaba en su último informe sobre 'Situación del Mercado de Trabajo de las personas jóvenes en la CAV'. Una herencia laboral que ha dejado la crisis a los jóvenes, con quienes se ha cebado más que con el resto de colectivos.

El estudio, como otros muchos, considera jóvenes a las personas comprendidas entre los 16 y los 24 años. Pero si la situación de todo el colectivo es cuando menos «preocupante», si se analiza desde la vertiente de género, es decir, comparando la situación laboral de las chicas con la de los chicos, una vez más éstas salen peor paradas, con lo que la precariedad se agudiza.

Uno de los datos más relevantes es que las jóvenes cobraron en 2014 -último año del que se tienen datos segregados de la CAV, aunque todo apunta a que no distan mucho de la realidad actual- un 21,2% menos que los chicos, lo que se traduce en 3.369,18 euros menos al año. Ellas percibieron un total de 12.497 euros, mientras que ellos cobraron 15.866. La brecha es ligeramente inferior a la que había en 2008. Entonces, la diferencia salarial entre ambos sexos era de 3.377 euros.

La brecha de género en las tasas de ocupación es mayor cuanto más alta es la formación

La distancia salarial por sexos en Euskadi es mayor que en el conjunto del Estado, donde ellas cobraban en 2014 un 19,6% menos que los chicos de su edad, lo que se tradujo en 2.909 euros al año.

En el conjunto de la población, es decir, en todas la franjas de edad, la brecha salarial en la CAV es aún mayor que entre los jóvenes (un 24% menos, es decir, 7.489 euros ), pero se debe a que los salarios son más altos. En cualquier caso, el estudio explica que la diferencia salarial se debe a que las mujeres se ven obligadas a aceptar empleos a tiempo parcial, a que hay una menor presencia de féminas en cargos de mayor responsabilidad y por la menor valoración de los trabajos que desempeñan las mujeres. Una realidad que también sufren las jóvenes, pese a que su nivel de formación es superior al de los chicos.

Las mujeres también han tenido tradicionalmente una tasa de paro superior a la de los hombres, una realidad que se repite entre el colectivo juvenil. A finales de 2014 la tasa de paro de las jóvenes era del 28,6%, nueve puntos más que la de los chicos (19,5%). Lejos, en cualquier caso, del 53,1% de desempleo que tenían ellas en 2014, aunque entonces la distancia con sus compañeros era de apenas seis puntos. Y si nos remontamos al primer trimestre de 2008, antes de que se iniciara la crisis, la diferencia era de 8,2 puntos. Es decir, que en estos momentos es superior.

Nivel de estudios

Si nos fijamos en el nivel de estudios, cuanto más elevada es la formación la tasa de paro es menor. Una realidad que se repite tanto en el conjunto de la población, como entre los más jóvenes. Y en el caso de las chicas el índice de desempleo es en cualquier caso mayor que el de los chicos en los tres niveles de estudios. Así, entre las que tienen solo estudios básicos, la tasa de paro llega casi a la mitad (48,2%), rebasando en casi diez puntos a la de los chicos. La mayor brecha se produce en este segmento, ya que en los estudios medios la distancia entre ambos sexos se acorta -el 24,4% de ellas frente al 17,3% de ellos- para volver a crecer entre las jóvenes mas formadas. En este caso, la tasa de paro es del 27%, es decir, superior a las que tienen estudios medios, mientras que en el caso de los chicos se limita al 11%.

La conclusión parece clara, el mercado de trabajo se resiste más a las jóvenes que tienen una formación más alta que a las que tienen estudios medios, que encuentran más fácilmente una salida laboral en Euskadi.

Los mayores índices de paro entre las chicas jóvenes suponen que la tasa de ocupación de ellas es menor que la de los chicos. La diferencia es de 3,5 puntos. Una situación similar a la que se produce en el conjunto de la UE-28, aunque con tasas más altas, mientras que en el resto de España la distancia es mucho más corta -1,2 puntos-. Pero bajando al dato concreto, en Euskadi el 23,6% de las jóvenes tiene un empleo frente al 27,1% de los jóvenes.

Si nos remontamos al periodo previo a la crisis la distancia que había entre ambos sexos era mayor -casi nueve puntos-, y en 2014 se redujo a tres puntos, con lo que se ha incrementado ligeramente en los últimos años.

El nivel de estudios vuelve a ser determinante, ya que la brecha de genéro en las tasas de ocupación se agranda entre los jóvenes con estudios básicos -el 6,8% de ellas tiene un trabajo frente al 11,8% de ellos-, y lo que es más curioso, entre los que tienen estudios superiores la distancia es incluso mayor: el 48,4% de las jóvenes tiene empleo frente al 64,4% de los chicos.

Del estudio también se desprende otra realidad y es que la tasa de actividad de las mujeres se ha incrementado en mayor medida que la de los hombres en 2017 tras tocar fondo -el dato más bajo en nueve años- a principios de dicho año. De hecho, en el cuarto trimestre del ejercicio pasado la tasa de actividad entre los chicos y chicas prácticamente se igualó: el 33,1% en el caso de ellas y el 33,6% en el de ellos. Las personas activas son las que están en disposición de trabajar -parados más empleados-.

A principios de 2008 la tasa de actividad de las mujeres era algo superior a la actual, pero se encontraba siete puntos por debajo de la de los hombres, lo que denota que se incorporan más mujeres jóvenes al mercado laboral. Y todo ello pese a que tanto hombres como mujeres intentan retrasar su incorporación al mercado laboral, entre otras vías, alargando el periodo de estudios.

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