El impacto fiscal de la internacionalización

El impacto fiscal de la internacionalización

Cada semana los expertos de Garrigues responden a una selección de preguntas de los lectores

María Solans (Garrigues)
MARÍA SOLANS (GARRIGUES)

En nuestro mundo empresarial, la internacionalización es, a veces, interesante, a veces, conveniente y, a veces, necesaria.

Son muchas las empresas vascas que se lanzan a exportar bienes y servicios y a implantar su actividad en otros países, algunos lejanos y otros, a pocos kilómetros de su sede.

Con independencia de la distancia, la entrada en el juego de distintas administraciones tributarias va a hacer imprescindible conocer la fiscalidad del país de destino, además, claro está, de la propia.

Dependiendo del tipo de negocio que se tenga, puede que su actividad en el extranjero requiera una cierta presencia de carácter más o menos permanente y, en ese caso, tendrá que analizar si lo que tiene es un establecimiento permanente en el extranjero, porque eso determinará cómo tributan las rentas que se obtengan en ese país y también su tratamiento fiscal aquí.

Y si todo va bien, a la hora de repatriar las rentas obtenidas, puede haber retenciones en origen. En esos escenarios, puede incluso plantearse constituir una filial en el extranjero que, de nuevo, exigirá estudiar su tributación.

También es frecuente que la empresa se encuentre con importantes retenciones en los pagos de sus facturas por parte del cliente extranjero, siendo necesario analizar si, de algún modo, podrá llegar a recuperar aquel impuesto.

Puede, además, que sea necesario desplazar gente durante más o menos tiempo para gestionar el proyecto o para dar soporte al equipo local y ahí surgen dudas relativas a su residencia, lugar de tributación personal, etc.

El análisis de estas situaciones pasa por estudiar los Convenios de Doble Imposición firmados con muchos países, encargados de dirimir el lugar y los límites de imposición de cada país implicado, así como la interpretación que los organismos internacionales (como la OCDE) y cada uno de los países implicados hace de la letra de dichos convenios, tarea ya de por sí difícil y que se complica por la necesaria atención a la normativa propia de cada país y las interpretaciones que, tanto de las normas propias, como internacionales, hagan la administración y tribunales del país de destino..

Tarea, por tanto, complicada, pero inevitable, ¡ánimo!

(Puedes plantear tus dudas en la zona de comentarios o por correo electrónico a web@diariovasco.com para trasladarlas a nuestros expertos, quienes elegirán una selección para responder las próximas semanas)