Haizea Wind potenciará la planta de WEC en Itziar para acelerar su expansión en eólica marina

Operarios trabajando ayer en la fábrica de WEC, en el polígono industrial de Itziar. / MORQUECHO
Operarios trabajando ayer en la fábrica de WEC, en el polígono industrial de Itziar. / MORQUECHO

El presidente de la compañía vizcaína afirma que la compra de la guipuzcoana redundará en más inversiones y en su internacionalización

Fernando Segura
FERNANDO SEGURA

«Nuestra intención es potenciar WEC al máximo». Así de rotundo se expresa Dámaso Quintana, presidente de Haizea Wind Group (HWG), la empresa vizcaína que ha adquirido el 80% de la compañía guipuzcoana -el resto sigue en manos de los socios iniciales- con intención de ampliar el perímetro del negocio de ambas. Quintana, en conversación telefónica desde Estados Unidos con este periódico, se mostraba ayer satisfecho con la operación. «El beneficio -subrayó-va a ser mutuo. La compra permitirá a HWG entrar en el negocio de componentes fundidos y a WEC internacionalizarse más».

Haizea Wind Group tiene su sede en el puerto de Bilbao. Su especialidad es la construcción de torres eólicas y cimentaciones para parques eólicos situados en el mar. La adquisición de WEC le permitirá suministrar a sus clientes grandes componentes fundidos y de calderería para los aerogeneradores, entre ellos ejes, rotores y bastidores.

Quintana explica que HWG se ha decantado por WEC debido la profesionalidad de sus trabajadores y a la experiencia de quince años en la fabricación de piezas. La compañía de Itziar dispone de tecnología propia y de laboratorios destinados a I+D+i. Este posicionamiento en el mercado será aprovechado en la nueva etapa de HWG así que, como explica Quintana, «la marca WEC se va a mantener, porque es un referente en el sector de la fundición de calidad y por el servicio que presta. Es un valor muy relevante a preservar».

Proveedor global

El presidente de Haizea Wind Group subraya que la compañía tiene ambición global y la planta de Itziar participará de esta expansión. «Vamos a potenciar la fábrica guipuzcoana en un doble sentido. HWG ya ha comenzado su salida al exterior con una planta en Argentina -250 empleados- y un segundo proyecto en Arabia Saudí. WEC estará presente en esta senda. Además -recalca Quintana- la compra de la firma guipuzcoana es el primer paso de Haizea hacia los multicomponentes, lo que se traducirá en que invertiremos en dotar de más tecnología a Itziar».

Esta potenciación de la planta de Deba conllevará que se incremente la plantilla, aunque el presidente se muestra prudente al respecto. «Si aumentamos la capacidad productiva será necesario incorporar personal, pero es algo a lo que ahora mismo no podemos comprometernos».

La adquisión de WEC catapultará a Haizea Wind Group a una facturación de 400 millones de euros en cuatro años. El nuevo grupo cuenta en España con la fábrica inaugurada en mayo del año pasado en el puerto de Bilbao, a la que suman las dos de WEC, la de Itziar -donde radica la sede- y la de Salvatierra. La capacidad de producción de ambas factorías supera las 32.000 toneladas y emplean a 250 profesionales. La facturación de Itziar el año pasado fue de 47 millones de euros.

La operación supone para WEC integrarse en una compañía que aspira al liderazgo internacional. El proyecto original fue desarrollado por el industrial alavés ya fallecido Juan José Iribecampos (Condesa), que había puesto un pie en el sector eólico con la creación de la firma Tecnoaranda. El objetivo era sumarse a la ola incipiente de crecimiento de la generación eólica 'offshore'. El anclaje de los enormes aerogeneradores que se usan en parques marinos -entre tres y cuatro veces más potentes y grandes que los que se utilizan en tierra, para aprovechar las altas presiones de viento de alta mar-, es uno de los componentes críticos de este tipo de instalaciones.

El puerto de Bilbao, siempre ágil a la hora de captar inversiones, contactó con los promotores del proyecto y les puso alfombra roja para su implantación en el muelle AZ-2 de Zierbana. La inversión global ascendió a 60 millones de euros, de los que 10 corresponden a la aportación del Gobierno Vasco a través de Ekarpen, 17,5 al puerto de Bilbao, que es el propietario de la nave, y el resto a la inversión privada.La facturación inicial de ronda los 80 millones de euros, con una plantilla de 50 empleados que se espera ampliar hasta 300 cuando la planta vizcaína alcance su máxima capacidad de producción a finales del presente año.

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