La guerrilla urbana incendia el Primero de Mayo en París

1.200 alborotadores, de los que 200 fueron detenidos, libraron una violenta batalla campal con graves destrozos

FERNANDO ITURRIBARRÍA PARÍS.

Unos 1.200 activistas anarquistas, antifascistas y autónomos reventaron ayer la manifestación sindical del Primero de Mayo en París con episodios violentos de guerrilla urbana que causaron graves destrozos en comercios y mobiliario urbano. Las fuerzas del orden practicaron dos centenares de arrestos entre los alborotadores en una jornada de movilización que registró 210.000 manifestantes pacíficos en todo Francia según la central comunista CGT y 143.500 según las cifras del Ministerio del Interior.

La «gran cita revolucionaria» fue convocada los días previos en las redes sociales con la promesa de someter a los representantes del Estado a «una jornada en el infierno» y atacar violentamente a las fuerzas del orden así como a los símbolos del capitalismo. En previsión de incidentes, las autoridades gubernativas desplegaron un dispositivo con un total de 1.500 efectivos antidisturbios a lo largo del itinerario previsto entre las plazas de Bastilla e Italia.

Poco después de que el cortejo sindical se pusiera en marcha, la Prefectura de Policía comunicó haber detectado unos 1.200 individuos encapuchados y enmascarados a la altura del Puente de Austerlitz sobre el río Sena, a mitad del recorrido programado. Vestidos de negro, portaban pancartas del 'black bloc' y gritaban lemas del estilo 'Todo el mundo detesta a la policía' y 'París de pie, levántate'.

Los alborotadores incendiaron una hamburguesería de la cadena McDonald's, saquearon concesionarios de las marcas Renault y Mercedes, quemaron coches, motos, contendedores basura, una excavadora y mobiliario urbano, levantaron barricadas y lanzaron proyectiles, adoquines y cócteles molotov a las fuerzas antidisturbios que respondieron con cargas, gases lacrimógenos y agua a presión. Las escenas de guerrilla urbana se sucedieron por los bulevares que convergen en la plaza de Bastilla en pleno centro de París convertido en escenario de una violenta batalla campal.

El ministro del Interior, Gérard Collomb, condenó con firmeza el vandalismo y aseguró haber tomado todas las medidas para atajar los «graves altercados al orden público y capturar a los autores de estos actos incalificables». El portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, declaró que «quienes llevan una capucha son los enemigos de la democracia y no impondrán jamás su ley».