Gipuzkoa renuncia a la deuda por primera vez para blindarse ante cambios de ciclo

El diputado de Hacienda, Jabier Larrañaga, y el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, conversan en un pleno reciente./Michelena
El diputado de Hacienda, Jabier Larrañaga, y el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, conversan en un pleno reciente. / Michelena

La Diputación no formalizará préstamos en 2019 y amortizará su deuda en casi 50 millones

Alexis Algaba
ALEXIS ALGABA

Las instituciones públicas comenzaron a recurrir a ella para que las inversiones previstas o el estado del bienestar alcanzado no se fuese al garete. Pero desde hace un tiempo, la gran mayoría de ellas se habían convertido en una 'yonkis' de la deuda. No contemplaban un año sin recurrir a ella aunque su capacidad para generar ingresos fuera suficiente para sostener todos sus capítulos de gasto. «Ha habido años en los que apenas se han pedido cuatro millones, pero se ha recurrido a ella», confiesan desde la Diputación de Gipuzkoa. Pero parece que esa costumbre cambiará en 2019. Según avanzó el propio diputado de Hacienda, Jabier Larrañaga, esta semana en la presentación del proyecto de Presupuestos para el próximo curso, la institución no va a firmar nuevos préstamos ni líneas de crédito en 2019. «Debemos prepararnos para un cambio de viento», señaló el responsable del fisco foral, quien sostuvo que con este paso el ente foral ganará capacidad de reacción ante posibles vaivenes de la economía o recaudatorios.

Ese paso se puede considerar como «un hito histórico» para la gestión foral ya que, a preguntas de este medio al departamento, es difícil encontrar en un solo ejercicio en el que no se recurriera a esta palanca. De ahí que en el proyecto de cuentas se destaque el nuevo escenario con esas mismas palabras: «un hito histórico», ya que no solo no se va a tirar de la deuda, sino que se va limpiar endeudamiento por valor casi de 50 millones de euros.

Esta decisión, detallan, se basa en dos elementos. Por un lado, la aplicación de la regla de gasto apunta a generar un superávit de 18,3 millones, que tiene que destinarse a minorar el endeudamiento. Y por otro lado, gracias al buen comportamiento recaudatorio, se espera una mejor liquidación para este año que la presupuestada, por tanto de conformidad con la normativa de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, «una parte del resultado positivo previsto deberá aplicarse a la reducción de deuda».

De ahí que, en un escenario sin precedentes, se abandone el recurso a endeudamiento en el presupuesto 2019. Un terreno idóneo para poder pegarle un mordisco importante a ese endeudamiento acumulado y preparar las arcas forales ante posibles cambios de ciclo que pudieran llegar en el futuro ahora que la desaceleración ha llegado a la economía vasca.

El punto más álgido de la deuda foral se alcanzó en 2013. Aquel curso se cerró rozando los 581 millones de minuta con distintas entidades de crédito, casi 260 millones más que en 2008. Como el resto de instituciones, la Diputación tiró de endeudamiento para poder sostener un sistema que quebraba por la crisis y recortaba los recursos que podía ingresar a través de impuestos. El espejismo de los 'brotes verdes' en 2010 y 2011 echó más tierra todavía encima de ese endeudamiento que engordó de forma notable.

El cambio de Gobierno en la Diputación en 2011 planteó un reto. Reducir la deuda de los 563 millones en los que se situaba, a los 500 millones en 2015. El plan de reequilibrio diseñado por Bildu hizo aguas y aunque la Ley de Estabilidad Presupuestaria fijó las pautas de déficit, deuda y gasto a seguir, 2015 se cerró con una deuda de 561,9 millones, apenas un millón de euros por debajo del inicio de la legislatura.

Pero ya en 2014 se inició una senda que se sigue respetando a día de hoy -también por los consistorios- que es la de reducir progresivamente ese endeudamiento. Entre otras cuestiones, han ayudado a minorar esas facturas las mejores condiciones de los créditos firmados y las refinanciaciones de los ya vigentes, que han aflojado sensiblemente la soga de los intereses a abonar junto a la cuantía percibida. Si a cierre de 2015 había préstamos a devolver con un interés por debajo del 1% -los había de hasta el 3,7%-, los diez créditos firmados desde ese ejercicio no han sobrepasado el 1% en el tipo de interés. Además, todos los préstamos firmados desde 2014 se han hecho a un interés fijo para aprovechar la coyuntura de bajos tipos.

También hay que tener en cuenta que el límite de endeudamiento autorizado ha sido más amplio que el esperado. Para 2018 la ley establecía que el objetivo de deuda pública debería estar por debajo del 2,7% del Producto Interior Bruto. Con un PIB en expansión y en niveles más altos que antes de la crisis, esa tasa también supone un desahogo para las instituciones locales de Gipuzkoa.

Así las cosas, en los últimos cuatro años y previsiblemente en este 2018 (los datos todavía son provisionales) y en el siguiente la deuda total de la Diputación de Gipuzkoa se ha reducido. En 2014 lo hizo en 18,6 millones de euros, el 2015, en algo menos de medio millón; 770.000 euros en 2016 y 9,22 millones el pasado curso. Para el vigente ejercicio se espera una reducción de 24,32 millones y para el próximo, en un descenso que puede ser también histórico, se espera un mordisco de 48,74 millones de euros.

Objetivo de legislatura

Lo que cambiará el próximo curso, si se mantiene la evolución económica esperada que garantice que los niveles recaudatorios previstos se alcancen, es que la reducción del endeudamiento no tendrá por detrás la firma de nuevos créditos por parte del ente foral. Ya que en mayor o menor medida, la amortización de la deuda en los últimos años ha tenido la sombra de un nuevo endeudamiento. Así lo adelantó el anterior Gobierno de Martín Garitano, que pronóstico que la Diputación debería echar mano de financiación adicional hasta el 2018.

Así, si miramos las últimas dos legislaturas, el ente foral ha ido de los 88,8 millones solicitados en nuevas líneas de crédito en 2011, a los 30 millones que se firmaron el pasado curso. De esta forma, los préstamos solicitados en 2018, de 15 millones cada uno a Bankia y Bankinter respectivamente (con unos tipos de interés del 0,39% y del 0,42%, respectivamente también aprovechando los mínimos del Euríbor), apuntan a ser los últimos en una larga lista hasta, al menos, 2020.

Si los planes se cumplen, la Diputación cerrará 2019 con una deuda autorizada neta de 478,8 millones de euros, 100 millones por debajo del nivel máximo alcanzado en 2013 y cumpliéndose el objetivo que para esta legislatura se marcó el actual equipo de Markel Olano, dejar el endeudamiento por debajo de los 500 millones a final del cuatrienio (2015-2019).

«La prudencia siempre ha predominado»

Es una palabra que en los últimos cuatro años ha salido en repetidas veces de la boca del diputado de Hacienda de Gipuzkoa. Prudencia. Tanto en el gasto con en las previsiones. Prudencia recomendada y prudencia aplicada. Y en ocasiones, como señala el catedrático de Economía Aplicada de la UPV/EHU Josu Ferreiro, recurrida en exceso. «La situación de las administraciones vascas siempre ha estado guiada por este principio de prudencia fiscal, a veces incluso han sido demasiado prudentes», advierte.

Ferreiro apunta que la decisión tomada por la Diputación de Gipuzkoa de no recurrir a nueva deuda el próximo ejercicio es «correcta» pero añade que ocasiones las administraciones vascas «han podido disponer de mayor margen de maniobra para endeudarse más y financiar otro tipo de gastos sociales o inversiones». El catedrático de la UPV explica que las cuentas podrían ser más «expansivas», pero que las decisiones tomadas servirán para disponer de un mayor margen «si la economía cambia o las previsiones recaudatorias no son tan optimistas» en un futuro.

En ese sentido compara la situación de las instituciones vascas con el elevado endeudamiento del conjunto de las administraciones españolas, donde el margen sigue siendo reducido y una posible recesión «podría llevar a una crisis de deuda como la sucedida en Grecia».

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