Azpiazu cree que una rebaja de la presión fiscal en Euskadi está «fuera de la realidad»

Azpiazu cree que una rebaja de la presión fiscal en Euskadi está «fuera de la realidad»

Alerta del ensanchamiento de la brecha entre los salarios más altos y más bajos

Julio Díaz de Alda
JULIO DÍAZ DE ALDA

El consejero de Hacienda y Economía del Gobierno Vasco, Pedro Azpiazu, acompañado por su Guardia de Corps, lanzó hoy un claro y expeditivo mensaje: tal y como están las cosas, no hay lugar para una reducción de la presión fiscal en Euskadi. Así de claro se expresó Azpiazu, quien llegó a calificar esa posibilidad de «fuera de la realidad».

Así se expresó Pedro Azpiazu durante la presentación del informe sobre la economía vasca en 2018; un estudio que revela que el crecimiento del PIB en la comunidad autónoma camina poco a poco hacia lo que entiende como 'normal', y que estaría situado en el 2% anual, «lo que no está mal», subrayó el consejero.

Al tiempo, el análisis del Gobierno Vasco pasa por la constatación de que la innegable recuperación tras la crisis no está siendo homogénea, pues no está llegando con la misma intensidad a los más débiles; en concreto, a quienes tienen los salarios más bajos, cuyas remuneraciones han crecido desde lo peor de la recesión diez veces menos que los sueldos de aquellos mejor pagados.

Según explicó Azpiazu, la presión fiscal por las principales figuras tributarias se mantuvo en 2018 en el mismo nivel del 19,6% de 2017. En ese año, recordó, se produjo un incremento del 1,4% del PIB en su mayor parte por el efecto de los acuerdos del cupo en la recaudación recurrente en concepto de IVA que aportaron 1,2 puntos.

«Aunque su impacto en el presupuesto se ha materializado en gran medida en 2018 ha sido absorbido en el presente año con un presupuesto con importantes mejoras», apuntó Azpiazu. «Entre ellas las salariales, con un capítulo de personal que crecía el 4,9%; de las prestaciones de la RGI con aumentos del 3,5% y 4,5% para pensionistas; del gasto en I+D, que crecía el 6,5%; y de la inversión, que crecía un 7,4%, a lo que hay que sumar un crecimiento adicional de otro 7% gracias a la aprobación ayer de inversiones financieramente sostenibles», recalcó. Teniendo en cuenta todo esto y dada la evolución prevista de la recaudación, adelantó, se va a poder cerrar el año con un pequeño superávit «que estimamos puede ser del 0,2% del PIB».

Y llegados a este punto, Azpiazu dejó caer su mensaje: «Esta evolución es consistente con una economía cuyo crecimiento real como hemos visto se acerca a su potencial que se sitúa ahora en el 2%. En este contexto, cualquier llamada a una reducción de la presión fiscal está fuera de la realidad». «Hay que tener en cuenta que queda mucho por hacer en la recuperación de los efectos del ajuste a la crisis, por más que hemos hecho avances significativos, especialmente en este año 2019», añadió.

A renglón seguido, reveló que en 2018 el Gobierno cuenta con 1,8 puntos del PIB de gasto más que en 2007, pero de ellos 1,5 corresponden a la deuda «y si tenemos en cuenta el traspaso de políticas activas resulta que el presupuesto real de 2018 es igual en volumen al de antes de la crisis», zanjó.

El corazón de Europa

El consejero de felicitó del regreso de Euskadi, en términos macroeconómicos, al corazón de Europa, pero lanzó la voz de alarma al resaltar que «los beneficios del progreso se reparten de manera muy desigual y no llegan a las tres decilas inferiores en la distribución de la renta y de manera muy especial a la primera de las rentas más bajas».

En este punto, y en una mañana de mensajes, lanzó uno bien claro al sector privado (después, eso sí, de advertir al público de que no se puede «regresar al pasado»); en concreto, en relación a los salarios. «Disponemos de políticas de redistribución y protección avanzadas que seguro se pueden mejorar todavía más, pero una clave fundamental está en la distribución primaria de la renta y en las brechas salariales que dependen fundamentalmente de la regulación del mercado de trabajo», dijo. «Por ejemplo -citó- medidas como la subida del SMI parecen especialmente oportunas y sin duda deberían complementarse con otras».

Respecto al comportamiento del PIB, el equipo de Hacienda subrayó que aunque todo sigue como estaba, y se mantiene la previsión de crecimiento del 2,3% para este año y del 2% para el siguiente, la incertidumbre cada vez está más presente. Así, el viceconsejero, Alberto Alberdi, explicó que «el modelo virtuoso de crecimiento siguen en gran medida vigente».

¿Y qué modelo es ese? Pues uno, apuntó, basado en el equilibrio sectorial y de la demanda, el empuje de la inversión, el crecimiento del empleo y la productividad y desendeudamiento y saneamiento de los sectores privado y público. ¿Y cuáles son las novedades? Pues que, dijo, «el sector exterior apunta a la posibilidad de pequeños desequilibrios, la industria crece moderadamente y es compensada por el comportamiento más expansivo de la construcción y los servicios, el crecimiento del empleo y de la productividad son menores en consonancia con las nuevas tasas de avance del PIB, y la propia evolución de la recaudación se ha moderado notablemente».

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