Euskadi afronta sin miedo la desaceleración

Euskadi afronta sin miedo la desaceleraciónGráfico

Los expertos creen que el modelo es sólido aunque más sensible a las turbulencias que lleguen de fuera | El Gobierno Vasco adelanta a DV que prevé mantener en octubre sus previsiones, mientras los analistas subrayan el regreso a un crecimiento más similar al precrisis

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

Quizás usted no lo sepa, pero hoy ha terminado el verano. Así, casi sin avisar y con un sol radiante iluminando Euskadi, lo que se agradece, pues en cierto modo endulza el tránsito. Pues bien, algo parecido sucede con la economía. Con casi todas las economías del mundo y, por supuesto, también con la vasca, que afronta con toda la tranquilidad posible en un mundo globalizado y siempre expuesto una desaceleración -¡cuidado, nadie habla de crisis, ni de fin de ciclo ni de nada parecido!- que, como el mismísimo otoño, ya estaba prevista.

A pesar de que el cambio de estación económica era, como el de la meteorológica, incluso inevitable (no se puede crecer siempre en el entorno del 3% cuando ese no es tu ritmo lógico), esta semana que hoy acaba hemos conocido infinidad de rebajas de previsiones para España, la zona euro, Europa y hasta para el mundo en su conjunto. La OCDE, el Banco Central Europeo, alguna agencia de 'rating', muchos bancos y casas de analistas en España...

Todos constatan que la moderación en los ritmos del crecimiento ya ha llegado, alentada, sobre todo, por el agotamiento de ciertos catalizadores económicos que van perdiendo fuerza (como el petróleo barato o las políticas ultraexpansivas, que en el caso de Europa casi tienen fecha de caducidad). Son esos vientos de cola que antes sumaban casi sin darnos cuenta y que ahora ya no soplan como antes. A esto hay que añadir las alertas sobre la guerra comercial desatada entre Estados Unidos y China, en la que el cruce de misiles arancelarios ha puesto en vilo al mundo pero, curiosamente, no les ha afectado demasiado a sus protagonistas.

¿Y en Euskadi? ¿Qué puede suceder en el corto o medio plazo? Para tratar de averiguarlo, DV ha consultado al departamento de Hacienda y Economía del Gobierno Vasco, a la patronal (Confebask) y a dos reputados analistas. La conclusión es doble. Por un lado, tranquilidad. Al menos, de momento. La base de la economía vasca, menos expuesta a factores como el descenso del turismo, que sí duele en España, es fuerte. La segunda es la obligación de vigilar de cerca todos esos nubarrones de tinte geopolítico e internacionales ya que, lamentablemente para nosotros, Euskadi y su PIB es más vulnerable que otras economías próximas a esos episodios de inestabilidad, siquiera coyuntural.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, reconoció esta semana durante el Pleno de Política General que aunque «el ciclo económico se acerca a un punto de madurez», las perspectivas siguen siendo «positivas». Incluso «en condiciones de incertidumbre política, social y comercial», dijo, la tendencia sigue «favorable».

Ese sosiego inicial lo otorga también el hecho de que el Gobierno Vasco prevé «mantener en sus aspectos principales» las últimas previsiones que, no lo olvidemos, ya incluyen una «suave desaceleración» que, además, «llega tarde respecto a lo que esperábamos». Así lo explica Jordi Campàs, el director de Economía y Planificación del gabinete de Iñigo Urkullu. Campàs revela que el mes que viene, cuando el Ejecutivo concluya su propuesta de Presupuestos para 2019 (que se aprobará en consejo de Gobierno previsiblemente el día 23 de ese mes, para enviarla tres días más tarde al Parlamento), lo hará de nuevo bajo la premisa de que el PIB vasco crecerá un 2,8% este año, un 2,3% en 2019 y un 2% en 2020. Números que evidencian esa desaceleración.

Una merma que sí se notará, eso sí, en el ritmo de creación de empleo. Las previsiones de Lakua pasan por la creación de 17.800 nuevos empleos netos a jornada completa en el presente ejercicio, 13.200 un año después y otros 9.700 dentro de dos. Como se ve, un ritmo menguante, que convivirá, sin embargo, con una reducción paulatina de la tasa de paro, que caería del 10% el año que viene para rondar el 9,6% en 2020.

Sin cambios importantes

Ese mantenimiento de las previsiones que augura Campàs llega desde un gabinete, el de Hacienda, que ha sido tradicionalmente 'segurola' en sus cálculos y que nos tenía más acostumbrados a subidas de las previsiones después de haberse quedado más bien corto. Ahora parece que a pesar de que se levanta el pie del acelerador, la fotografía 'oficial' de la senda del PIB no cambiará.

El responsable, entre otras cosas, de los análisis en el departamento de Pedro Azpiazu desvela que «los indicadores preliminares del tercer trimestre nos confirman esa suave desaceleración, que vendría acompañada de un menor consumo».

El experto insiste en que «Euskadi estaba creciendo por encima de su PIB potencial, que se sitúa entre el 2% y el 2,4%, que es a donde vamos ahora». Y subraya que «seguimos creciendo (ver gráfico adjunto) por encima de España y de la media de la UE de los Veintiocho» y que «la base de nuestra economía es más sólida que otras». Esa alusión al crecimiento potencial, que se puede traducir por el 'crecimiento normal' o más acorde a los fundamentos económicos del País Vasco, es algo a lo que se refieren todos los expertos.

Solidez y tarea en casa

El técnico insiste: «Aunque el sector externo reste una décima al crecimiento del PIB tanto este año como el siguiente, la base de nuestra economía es muy sólida, la demanda interna es fuerte y la inversión, también». Campàs no elude la pregunta cuando se le plantea el ligero freno que vive la industria, pero insiste en la robustez del sector y pone sobre la mesa la buena marcha de las importaciones de bienes de equipo en el segundo trimestre del año, lo que se puede traducir en una sana cartera de pedidos de las empresas vascas.

Y alude a la imposibilidad de repetir tasas de crecimiento del 3%. Máxime, ahora que los citados vientos de cola, que tan bien ha sabido aprovechar el País Vasco en los últimos años, pierden cierto fuelle. A esto se suma -no conviene olvidarlo- el que algunos de nuestros principales socios comerciales (véase la propia España o países como Francia o Alemania) también se hayan inmersos en sus respectivos aterrizajes económicos.

Campàs abre un nuevo debate y lanza la idea de «aprovechar nuestras capacidades para mejorar ese PIB potencial». «No podemos manejar la política monetaria o variar el precio del petróleo, pero podemos centrarnos en asuntos como la inmigración, que nos va a ser necesaria a nosotros y a muchos países europeos, la formación de nuestros jóvenes o la digitalización», asegura. «Si lo hacemos bien, y engarzamos políticas sectoriales, con valores humanistas siempre presentes, podremos hacer que los vientos de cola, cuando los haya, sumen a un 3% y no a un 2%», concluye.

Deriva social

Joseba Madariaga, profesor de Deusto y responsable del Servicio de Estudios de Laboral Kutxa, reconoce que habla «en base a sensaciones y no a datos». Y, desde ese punto de vista, explica también que «la desaceleración ha tardado bastante en llegar». «Ya no existe ni la sincronía internacional que se dio hace dos o tres años, cuando la economía de muchos países repuntaba y que ayudó tanto, ni la ventaja que otorgaba un petróleo barato; solo nos queda la política expansiva del BCE, pero sabemos que subirá los tipos», relata.

«Esto de la desaceleración no es un drama; de hecho, es lo natural», dice. Y añade que «hoy no hay nada que me haga pensar en una crisis profunda». Eso sí, llama la atención sobre un aspecto a vigilar.

«Euskadi estaba creciendo por encima de su PIB potencial» Jordi Campàs, Director de Planificación del Gobierno Vasco

«Los indicadores más reales solo hablan de una atenuación marginal» Pablo Martín, Director del departamento económico de Confebask

«Esto de la desaceleración no es un drama; de hecho, es lo natural» Joseba Madariaga, Dir. Servicio de Estudios de Laboral Kutxa

«La economía vasca camina hoy hacia un modelo algo menos virtuoso» Joseba Barandiaran, Economista para Euskadi de BBVA Research

«Me preocupa la deriva social de la crisis. Aspectos como el repunte del proteccionismo o de los populismos en una Europa que, la verdad, está todavía hecha unos zorros». «Todo esto de la desaceleración económica nos pilla bien en Euskadi, con un paro casi del 10%, una deuda controlada y unas finanzas públicas razonablemente saneadas. Pero hay que recordar que nuestra economía es más sensible a sustos que lleguen de fuera o episodios de incertidumbre, y si surge una desaceleración más profunda se notará claramente, también en el empleo», dice. Y añade: «Estamos en un ciclo expansivo ya muy largo con treinta y tantos trimestres consecutivos de crecimiento, y los cambios pueden venir en momentos concretos, momentos cruciales, un tanto especiales, como por ejemplo en las subidas de tipos; habrá que vigilar eso».

Acostumbrados

Pablo Martín, director del departamento económico de la patronal Confebask, prefiere contemporizar y apuesta por suavizar los mensajes para no despertar fantasmas innecesarios. Por eso alude a «cierta atenuación» del crecimiento «después de tres años de un ritmo muy alto». «No es posible hablar de caídas ni de nada que pueda indicar que esto se va para abajo. Los indicadores reales, los más próximos a la vida normal de familias y empresas, no dicen eso, solo hablan de una desaceleración muy marginal», afirma. Es cierto, reconoce, que tras un muy buen arranque de año, «la segunda parte será peor, pero en absoluto como para hablar de crisis». «La actividad de las empresas está bien. Las ventas, los pedidos, la exportación... todo está bien. Ahora, es verdad que hay factores como el 'Brexit', la guerra comercial o el coste de la energía que están ahí», apunta, para matizar que «nos vamos acostumbrando a eso, a vivir en la incertidumbre y a gestionarla».

Sin sorpresas

«Ya habíamos anticipado esa desaceleración, no nos pilla por sorpresa», reconoce Joseba Barandiaran, economista de BBVA Research para el País Vasco, quien incide en que «los datos de la economía de Euskadi no son nada malos». «Aquí, el impacto de la menor fuerza del viento de cola es más fuerte en las expectativas que en la realidad de los números», afirma.

Barandiaran, que sitúa como riesgos «la guerra comercial o un Gobierno en España con débiles apoyos», explica que la economía vasca «camina hacia un modelo menos virtuoso, más parecido al de antes de la crisis, con un consumo más fuerte y un sector exterior más atenuado»

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