Las antiguas instalaciones de Ramón Vizcaíno 'resucitan' de la mano de Biekapa

En el exterior de la que fuera Ramón Vizcaíno se ultiman las obras para acoger a su sucesora, Biekapa. / LUSA
En el exterior de la que fuera Ramón Vizcaíno se ultiman las obras para acoger a su sucesora, Biekapa. / LUSA

La nave del polígono Lintzirin comenzará a producir en enero pladur y perfiles de acero | La compañía promotora, fruto de la fusión entre una firma de Oiartzun y otra de Irun, ha invertido 8 millones de euros para rehabilitar la planta de 10.000 metros cuadrados

Fernando Segura
FERNANDO SEGURA SAN SEBASTIÁN.

Las antiguas instalaciones de Ramón Vizcaíno se encuentran en pleno proceso de transformación. La enorme nave industrial que albergó a una de las empresas señeras de Gipuzkoa, hasta su cierre en febrero de 2011, recobrará la actividad de la mano de una nueva empresa, Biekapa Perfiladores. Esta compañía, fruto de la fusión en 2016 de las firmas Biek (Oiartzun) y Kapa (Irun), ha invertido 8 millones de euros en la compra y remodelación de la planta del polígono Lintzirin, así como en la adquisición de nueva maquinaria.

Los propietarios actuales prefieren no concretar qué parte de la inversión se ha destinado a la adquisición del inmueble. Únicamente señalan que la operación se realizó con la banca. Cabe recordar que Ramón Vizcaíno aparece en la lista de morosos de la Hacienda foral con una deuda de 14 millones de euros.

El proyecto, que reflota lo que llevaba camino de convertirse en una ruina industrial, culmina la unión de dos empresas complementarias. Ambas sumaron fuerzas hace dos años con el objetivo de ganar tamaño, competitividad y mercados. Kapa es especialista en la fabricación de tabiquería seca (pladur) y Biek en perfiles de metal. Por separado facturaban 18,5 millones de euros. En 2018, las ventas ascenderán a 24 millones, con una producción de 27.000 toneladas. La puesta en marcha de la nueva factoría supondrá elevar la fabricación hasta las 50.000 toneladas en un plazo de entre seis y ocho años, con una facturación en torno a 50 millones.

La actividad es intensa en el enorme pabellón de Lintzirin. Las obras deben terminarse en septiembre. Un cartel arrumbado en un rincón, con el rótulo de Ramón Vizcaíno en tipografía destacada, es el único recuerdo de la antigua fábrica. En enero de 2019 la nave de 10.000 metros cuadrados 'resucitará' para producir perfiles destinados a sectores tan diversos como la construcción (correderas, tabiques, encofrados, edificios modulares), agricultura (postes de viñedos e invernaderos), automoción, mobiliario metálico y estanterías, electrofontanería y cerámica.

Koldo Laguardia, director general de Biekapa, reconoce que dar nueva vida al edificio que fuera sede de Ramón Vizcaíno confiere al proyecto un matiz especial. «Se trata de una compañía histórica. Para nosotros es una satisfacción que vuelva la actividad fabril. También el Ayuntamiento de Oiartzun apostaba por la ubicación de una empresa industrial, porque casi todas las nuevas inversiones en Lintzirin tienen que ver con el comercio».

Pero, evidentemente, más allá de tomar el relevo a una compañía emblemática, la operación tiene un componente inversor y de mirada hacia el futuro de envergadura. «A medio plazo, el objetivo es duplicar la producción y las ventas. Además -subraya Laguardia- queremos consolidarnos en sectores donde se prevén crecimientos elevados, como el de la energía solar. Nosotros fabricamos los soportes donde se apoyan las placas».

Exportadora

La compañía fusionada exporta el 55% de su producción, la mayor parte a Francia y Centroeuropa. La estrategia pasa por potenciar estos mercados, así como aprovechar el crecimiento registrado en el Estado. «En España -señala el director general- la crisis del sector de la construcción nos hizo sufrir, pero la situación ha cambiado y hemos recuperado los niveles precrisis».

Laguardia afirma que Biekapa se encuentra «en posiciones de liderazgo» en España, una cómoda situación que no lleva a la compañía a acomodarse. Todo lo contrario. La compra del pabellón «ha supuesto un importante esfuerzo económico-financiero y, al mismo tiempo, una inmejorable oportunidad para posibilitar el crecimiento futuro».

La apuesta ha sido de calado. El enorme pabellón se encontraba en pésimas condiciones debido a la entrada de agua y a la presencia de materiales antiguos contaminados. También ha sido objeto de saqueos. Los nuevos propietarios han afrontado una renovación casi integral, de la que solo se ha salvado la estructura central. Además, se han adaptado los espacios a las nuevas necesidades, obligando a derribar tabiques, cavar fosos, incrementar la capacidad eléctrica y efectuar cimentaciones.

Compra de maquinaria

La nave rehabilitada permite la compra de maquinaria que incrementará de forma notable la productividad. En concreto, se prevé instalar una nueva línea para perfiles de 350x3 milímetros y otra de perfiles finos. Además, se adaptará una línea de corte de bobinas de 25 toneladas.

La operación conlleva trasladar la totalidad de la producción de las cuatro plantas actuales de Biekapa-tres en Irun y una en Oiartzun- a Lintzirin. De esta forma, se pasará de los 5.500 metros cuadrados actuales de superficie industrial a 10.000. El esfuerzo que ha supuesto la inversión de 8 millones de euros se ha aminorado gracias a que una parte de la nave (800 metros cuadrados) será utilizada por otra enseña del grupo Biekapa, Bilazu Cerámicas. Esta última asume parte de los costes de rehabilitación a cambio de disponer de un espacio en la nave de Lintzirin.

Los planes expansivos de Biekapa irán acompañados de la ampliación de la plantilla, formada en la actualidad por 64 personas. La fusión conllevó el reforzamiento de las áreas comercial y técnica. De momento, las necesidades puntuales de demanda se afrontan con contratos temporales, pero la previsión es incorporar más personal a medio plazo, a medida que se pongan en marcha las nuevas líneas de fabricación.

Laguardia subraya que una de las prioridades en el proceso de fusión ha sido la plantilla. «Se han establecido compromisos claros por parte de la empresa y se ha suministrado información con un alto nivel de transparencia. Consideramos que esta forma de actuar ha sido clave para el éxito de la operación».

El horizonte aparece despejado para Biekapa. Ni siquiera las turbulencias en el mundo del acero provocadas por los aranceles-que parecen aminoradas tras el reciente encuentro de Trump y Junkers- ensombrecen el panorama. La empresa compra anualmente en torno a 26.000 toneladas de acero, con un coste estimado para el presente año de 18 millones de euros. Laguardia señala que la única postura posible es mantenerse atento al mercado. «Tenemos que surfear la ola para evitar los desfases de precio, porque para nosotros resulta esencial que el acero resulte competitivo frente a los productos que usa la competencia», concluye el 'general manager'.

Las máquinas de Biekapa toman el relevo a las de Ramón Vizcaíno, todo un símbolo de que la economía guipuzcoana marcha, de momento, con renovado brío.

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