El arte de la escopeta alcanza su centenario

Uno de los empleados de AYA coloca uno de los cañones unidos y listos para ser soldados y conformar una parte de la escopeta fina./
Uno de los empleados de AYA coloca uno de los cañones unidos y listos para ser soldados y conformar una parte de la escopeta fina.

Aguirre y Aranzabal (AYA), fábrica armera de Eibar, cumple un siglo reinventada y en busca de nuevos mercados

ALEXIS ALGABAEIBAR.

Celso ata cañones con plata mientras Félix lija una culata y José Ramón trata de arreglar la báscula de la segunda escopeta de un sexteto que acaba de llegar de un cliente madrileño especial. «Nos las ha enviado porque no encuentra a nadie que le pueda corregir los problemas. Nos va a llevar bastante tiempo», detalla José Ramón que trabaja mano a mano junto a Álex Zuazua. Las otras cinco piezas del conjunto de seis armas iguales y numeradas descansan en un carro con el nombre de su propietario -que no se puede desvelar- pero es «alguien importante». Lo que sucede es que «se ha cargado» las seis y hay que ponerlas a punto para que vuelvan a disparar, algo que solo pueden hacer los artesanos basculeros que en su día, hace ya más de una década, compusieron un engranaje perfecto. José Ramón mueve la cabeza calculando el trabajo que tiene por delante.

aguirre y aranzabal

Fundación. Manuel Agirre y Nicolás Aranzabal fundaron la empresa en 1915 como taller de piezas para armerías mayores. .

Transformación. En los 60, tras la colaboración de los hermanos King llegó a tener 500 empleados y a producir 20.000 armas al año.

Presente. AYA se dedica a la producción de escopeta fina y con una plantilla de 26 trabajadores quiere producir 600 armas anuales.

Muchos pensarán que lo que está tratando es de poner a punto un simple mecanismo, como el profesional que le cambia las bujías a un coche para que vuelva a arrancar. Quizá no entienda que de AYA (Aguirre y Aranzabal) hace tiempo que no sale una escopeta simple o sin alma, sino que parten verdaderas obras de arte que además pueden disparar. Un sexteto como el que está reparando puede valer varios miles de euros. «Tenemos escopetas desde 6.000 euros y hasta lo que el cliente se quiera gastar. En modelos estándares tenemos de hasta 30.000, pero cada uno puede pedir el arma que quiera», apunta Bela Abellán, director de la compañía desde hace menos de un año. Él, junto a Álex Aranzabal, biznieto de uno de los fundadores, ha tomado las riendas de una empresa que celebra este año su centenario y que busca extender su prestigio por el mercado internacional.

Los vaivenes del mercado y las dificultades que ha atravesado la industria armera dan aún más importancia a la efeméride. «En Eibar, de unas 40 empresas armeras que había hace treinta año, ahora solo quedamos seis», describe Abellán. De aquella idea que hicieron empresa Miguel Aguirre y Nicolás Aranzábal en 1915, resta el nombre, el sector al que pertenece y su pervivencia en Eibar, localidad que la vio nacer, que la ha visto reinventarse y le aporta las raíces de la que nutre su día a día.

Aguirre y Aranzabal adquirieron conocimientos trabajando en Barcelona con el famoso armero alemán Eduardo Schilling. Después, en 1915, crearon AYA como un pequeño taller de piezas para la producción en otras fábricas ya establecidas. Eibar estaba poblada de pequeños talleres que producían las distintas partes de las armas, y AYA era uno de ellos, situado en un local cerca de la Iglesia de las Carmelitas.

No fue hasta el final de la Guerra Civil, en el año 1938, cuando Aguirre y Aranzabal decidieron dar el paso decidido a la fabricación de armas completas bajo la firma AYA. La segunda Guerra Mundial provocó que las armerías de otros países se centrasen en la fabricación de armas bélicas (Italia, Bélgica, Alemania o Austria), oportunidad que aprovecharon las armerías eibartarras para penetrar en el mercado de los aficionados a la caza. AYA comenzó a exportar, no sin dificultades, a Estados Unidos, aunque no fue hasta los años 50 cuando se produjo el gran paso adelante de la compañía eibarresa.

Dos hermanos ingleses, Andrew y Peter King, observaron en una visita a España que las armas españolas tenían una relación calidad precio muy superior a las de Inglaterra, sumida en la resaca de la postguerra y con una industria armera que buscaba un nuevo norte.

AYA tenía entonces la fábrica más grande de Eibar, y su director comercial, Agustín Aranzabal se mostró receptivo a las sugerencias de los King, convirtiendo a la firma en la primera española en hacer una incursión en el mercado inglés. Esa producción específica para el mercado inglés posibilita que a día de hoy el Reino Unido siga siendo el principal mercado, junto con EE UU, al que exporta AYA, que vende fuera de España el 95% de su producción.

Menos cantidad, más calidad

Pero a partir de la década de los 60 y 70 AYA sufrió diversas reconversiones que le han llevado a lo que es hoy. La continua disminución de demanda llevó primero a que AYA -que tenía 500 empleados- se tuviese que fusionar en la década de los 80 con otras 20 empresas en Diarm, con fábrica en Itziar. Sin embargo, dos años después de arrancar la actividad Diarm cerró y catorce antiguos trabajadores de AYA decidieron refundar la firma.

El objetivo fue claro, «fabricar menos pero con mayor calidad». Con ese planteamiento ha llegado AYA, desde ese año 1988 de su refundación, hasta nuestros días y en los últimos ha conseguido reunir todos los procesos productivos en su fábrica para que las escopetas finas sean «100% hechas en AYA». «Nosotros somos los únicos que reunimos todos los procesos productivos de una escopeta y suministramos además piezas a los competidores», señala Abellán. Hablamos de los cañones, de su vaciado, limado y ensamblado en paralelo con plata, que también pueden ser producidos a encargo por otras armerías que no disponen de la maquinaria para vaciar el acero y formar los cañones. Celso, uno de los operarios de una plantilla que ronda los 25 trabajadores, lleva cerca de 50 años en ello.

El trabajo de Celso es el pistoletazo de salida al proceso en el que participan, en total, 26 personas. Después llegan los basculeros, encargados de que el mecanismo interior funcione como el de un reloj suizo, a los que ayudan los expulsoristas (que posibilitan la salida de los cartuchos y las balas o perdigones).

Los culateros se encargan de tallar la madera de nogal en la que irán atadas las pletinas. La materia prima para estos puntos de apoyo de las escopetas se selecciona minuciosamente. «La madera con más beta es la que más eleva el precio. Tenemos piezas traídas desde Turquía que pueden costar cerca de 800 euros», señala Abellán. 800 euros, lo mismo que puede costar una escopeta de este estilo en el propio país otomano, solo que «la calidad, por supuesto, no es la misma».

Hasta un año

El precio lo marcan los artesanos, todos los anteriormente mencionados, más los artistas que graban los acabados en las básculas. A cada cual más complejo y curioso y que pueden ser los que demoren los pedidos. Y es que el arte requiere su tiempo y los que realizan pedidos a la empresa armera de Eibar lo saben. Y piden dibujos o imágenes realmente sorprendentes. «Un cliente estadounidense nos pidió que grabásemos una escena del Kamasutra en su escopeta», recuerda uno de los detallistas de la fábrica. De escenas sexuales, a la imagen de una mansión y un perro, hasta un cuarteto en el que se dibujó una mano con solo el dedo corazón en alto. Y no solo grabados, sino que se han solicitado inserciones en oro o piedras preciosas. «Y no suelen pedir solo una escopeta. Piden varias, pero son personas de clase alta que acuden a cazar como otros acuden a jugar a golf», comenta Abellán. Son aficionados que acuden a practicar este deporte acompañados de un secretario que les carga y pasa las armas, al igual que el 'caddie' en golf.

Excepto el mecanizado de la báscula, todo el proceso se realiza a mano, lo que supone que una pieza estándar se demore entre dos y tres meses hasta que llega al cliente. «Y si se pide algo más especial los plazos se incrementan, y se pueden alargar hasta el año», advierte el director de AYA. Por encima del 95% de estas armas se venden en el mercado exterior, principalmente en Reino Unido, Estados Unidos y los países del Benelux, pero la competencia y las necesidades de incrementar las ventas han hecho que países con tradición de caza como Rusia o los situados en las zonas de Europa del Este u Oriente Medio se hayan convertido en objetivo de AYA.

«El pasado año fabricamos 250 escopetas. Este año el objetivo son 350 y en corto plazo queremos llegar a las 600, al nivel de antes de la crisis», pronostica Abellán. Y es que, en sus cien años de historia AYA ha producido 600.000 escopetas que se encuentran repartidas por todo el mundo. Un extenso bagaje para iniciar con fuerzas renovadas y garantías su segundo siglo de historia.

 

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