El empleo indefinido también puede ser de baja calidad

El CRL advierte de que la brecha salarial está aumentando y confirma que la negociación colectiva comienza a recuperarse

Alexis Algaba
ALEXIS ALGABA SAN SEBASTIÁN.

Que las costumbres de la sociedades cambian a marchas forzadas no es ningún secreto. Que la mejor ropa ya no se guarda para los domingos es evidente. También se ha perdido la solemnidad con la que antaño se acudía a visitar al médico. Y otra cosa que se está perdiendo es la celebración que habitualmente se realizaba cuando a un familiar o amigo 'le hacían fijo' en su empresa. Esa firma de un contrato indefinido representaba la garantía casi absoluta de poder diseñar un planteamiento vital sobre un empleo y unos ingresos asegurados para un periodo largo de tiempo. De unos años a esta parte y casi por efecto de la crisis y la reforma laboral, las comilonas a cargo del agraciado se han transformado en palmadas en la espalda y, en el mejor de los casos, en una ronda de cervezas como si fuera un cumpleaños.

Esa sensación general de que los nuevos contratos indefinidos no son la panacéa, se mitigaba en cierta medida al ver que nueve de cada diez trabajadores no tienen la posibilidad de acceder a uno y se deben conformar con empleos temporales de incluso menos de una semana. Pero con el incremento en el último ejercicio de la firma de acuerdos indefinidos hasta las propias autoridades competentes se están dando cuenta de la dudosa calidad de muchos de esos contratos. Así lo manifestó ayer el presidente del Consejo de Relaciones Laborales, Tomás Arrieta, entre las conclusiones del informe sociolaboral 2017 que el organismo presentó en Bilbao.

El empleo indefinido que se está creando «no es de mucha calidad» en términos de estabilidad ya que la relación laboral se estingue relativamente pronto. Solo hace falta fijarse en que aunque la contratación indefinida ha aumentado un 21,8% en el primer trimestre de este año, la tasa de temporalidad sigue creciendo y ya se sitúa en el 29,5%, un punto por encima de la tasa de cierre del pasado ejercicio. Por lo tanto, lo dicho, quizá con una palmadita resulte más que suficiente hoy en día para felicitar a un nuevo amigo 'fijo'.

El de la mejora en las cifras de contratos indefinidos pero no tanto en su calidad es uno de los detalles del estudio que advierte un puñado importante de «luces y sombras» en el devenir del mercado laboral y también en una negociación colectiva en Euskadi que comienza a desencallarse en forma de nuevos convenios firmados, pero que todavía resulta precipitado admitir que se ha «desbloqueado de forma efectiva».

Desequilibrios y dificultades. El empleo se está recuperando a un ritmo inferior al de la economía. El CRL volvió a poner de manifiesto que ambos ritmos siguen sin emparejarse y que aunque el PIB de 2017 ya era superior al de 2008, la tasa de desempleo, del 11,3%, se situaba en niveles de 2012, muy lejos aún del 3,8% de 2008. Aunque el organismo que preside Arrieta admite que el pasado año se dieron evoluciones favorables tanto en lo que respecta a la bajada del desempleo, al aumento de la ocupación y al incremento de la contratación, subsisten «desequilibrios y dificultades que exigen una reflexión y una intervención sostenida».

Al margen del objetivo de reducir la temporalidad, el primer reto sería el responder a la reducción de la fuerza laboral para dar respuesta al fenómeno del envejecimiento y la necesidad de renovación de las plantillas. El CRL también advierte «del riesgo importante» que supone la dicotomía entre empleos estables con salarios altos y los contratos temporales con sueldos reducidos. «Hay peligro de que esa brecha se agrande», anticipó Tomás Arrieta.

Y como tercer reto se marcan el corregir el «desajuste» entre la oferta y la demanda de trabajo respecto de los perfiles formativos. «No se generan empleos suficientes y adecuados para nuestros jóvenes», recoge el informe.

«Escenario perturbador» en 2030. El CRL alerta del desafío que supondrá en los próximos años el envejecimiento de la población en Euskadi. Desde 2008 a 2017 las personas con más de 65 años han aumentado en 72.424 hasta alcanzar la cifra de 471.640, y el grupo entre 20 y 64 años ha disminuido en 82.190 personas, agrupando ahora a 1.305.010 personas. Las proyecciones señalan que la población potencialmente activa caerá 10 puntos porcentuales entre 2000 y 2030, situándose al final del periodo en el 55,2% de la población en general.

La negociación mejora. El presidente del CRL subrayó que el repunte en la negociación colectiva es una realidad, aunque el estadio actual «no muestra signos claros» todavía, de que el «desbloqueo sea efectivo». Al finalizar 2017, el 39,2% de la población trabajadora tenía su convenio vigente, 16,2 puntos porcentuales más que al principio del año, según apunta el informe. El porcentaje de los trabajadores con convenios prorrogados y pendientes de renovar cayó 14,7 puntos, situándose en el 41,5%, y el de las personas que no tienen cobertura por haber decaído sus convenios disminuyó ligeramente y se quedó en el 19,3% al finalizar el año, aunque en los seis primeros meses de 2018 se han recuperado algunos convenios decaídos, descendiendo en 5 puntos porcentuales el colectivo de personas sin convenio.

Preguntado por los puntos que debería abordar una posible reforma del Estatuto de los Trabajadores, Arrieta indicó que «una reforma que tocara el tratamiento de la ultraactividad iría bien orientada».

Repunta la conflictividad. En materia de conflictividad, el CRL constata un repunte significativo de las jornadas de huelga, concentrado principalmente en el sector Servicios. En 2017 se registraron 96.423 días perdidos, 38.266 más que el año anterior.

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