Por qué el déficit español ya no preocupa tanto en Bruselas

Sánchez recibirá una prórroga para cumplir con las metas fijadas, aunque a cambio de 4.500 millones de ajuste estructural |

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Cuando uno grita déficit en las dependencias de la Comisión Europea, el eco responde de inmediato entonando la palabra España. Nada nuevo. Viene siendo así desde hace una década, cuando esta particular relación de nulo amor y gran odio nació al albur de la Gran Recesión. España, en 2007, tuvo un superávit del 1,9% del PIB. Dicho de otro modo, ingresó unos 20.000 millones más de lo que gastó. Eran otros tiempos, la prehistoria. Pero llegó 2008 y todo se tiñó de negro. Para muestra, el botón de 2009, cuando el déficit se disparó hasta el 11% porque el Gobierno vivió unos 110.000 millones por encima de sus posibilidades. No entraba dinero y se gastaba lo mismo o incluso más. El déficit era esto y el déficit no engaña, son habas contadas. Sumar y restar. Simple.

El estigma, por ejemplo, es que España es el único país de toda la UE que cerró 2017 por encima del 3% del PIB, el sacrosanto límite fijado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. El único, el peor de 28. Es verdad que cerró en el 3,07% y que se mejoró incluso el 3,1% acordado, pero no menos cierto es que la Comisión esperaba ese esfuerzo adicional de dos décimas (apenas 200 millones) para bajar del 3,05%. De esta forma, sacarían al país del procedimiento por déficit excesivo, pasaría del brazo correctivo al preventivo y se acabaría con este estigma.

Pero el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no quiso. Y si no lo hizo es porque tenía buenos motivos para ello. Porque cuando se baja de ese 3%, no importa tanto el déficit nominal como sí el estructural. Ajustes de verdad, no fiarlo todo a los vientos de cola del BCE o el petróleo. Aquí es donde se la juega el Gobierno socialista, porque además de anunciar una nueva senda más «realista» que la heredada (pasan del 2,2% al 2,7 este año; y del 1,3% al 1,8% en 2019), ha prometido un esfuerzo de 4.500 millones durante el próximo año (el 0,4% del 0,65% recomendado por la UE). Bruselas, de momento, no ha torcido el gesto. Pinta bien la cosa.

Como ya hizo José Luis Rodríguez Zapatero en 2009 y Mariano Rajoy en 2012, 2013 y 2016, Pedro Sánchez también ha pedido a las primeras de cambio aliviar la senda del déficit. Lo hizo la ministra de Economía, Nadia Calviño, en una reunión mantenida con el comisario Pierre Moscovici el día 12 en Bruselas. Fue bien, muy bien, confiesan fuentes conocedoras del encuentro. «Hemos mantenido un diálogo extremadamente constructivo», señaló la ministra sirviéndose del enrevesado lenguaje comunitario que domina a la perfección tras doce años en la cúpula del club.

Los ministros de Economía
Pedro Solbes (PSOE): Abandonó el Gobierno cuando vio que el gasto público comenzaba a descontrolarse

Pedro Solbes (PSOE): Abandonó el Gobierno cuando vio que el gasto público comenzaba a descontrolarse Abril de 2004 a abril de 2009

Elena Salgado (PSOE): Le tocó lidiar con Bruselas en un momento muy difícil, con el déficit completamente desbocado.

Elena Salgado (PSOE): Le tocó lidiar con Bruselas en un momento muy difícil, con el déficit completamente desbocado. Abril de 2009 a diciembre 2011

Luis de Guindos (PP): Tuvo que gestionar el rescate financiero y dar la cara ante Bruselas y sus socios de la Eurozona.

Luis de Guindos (PP): Tuvo que gestionar el rescate financiero y dar la cara ante Bruselas y sus socios de la Eurozona. Diciembre 2011 a marzo de 2018

Nadia Calviño (PSOE): Le toca negociar una nueva senda para el déficit nominal, pero prometer esfuerzo estructural.

Nadia Calviño (PSOE): Le toca negociar una nueva senda para el déficit nominal, pero prometer esfuerzo estructural. Desde marzo 2018

El error de Rajoy en 2012

Porque Nadia Calviño es Bruselas, es una de ellos. Fue uno de los grandes fichajes de Sánchez y su elección tuvo muy poco de casual, como acaba de evidenciarse a las primeras de cambio. Necesitaba credibilidad economómica ante la UE y Calviño cubre este flanco con garantías. Su futuro está en Bruselas y creer que vaya a saltarse las reglas comunitarias carece de fundamento.

Sabe lo que la Comisión quiere y que el gran reto se llama déficit estructural, de ahí su promesa del 0,4% en 2019. Ojo, 4.500 millones de ajuste del de verdad. El Gobierno del PP, en su última época, lo fio todo al déficit nominal poniéndose a rebufo del BCE, incumpliendo desde 2014 los ajustes estructurales recomendaos. No es que no se hicieron, es que los guarismos se empeoraban año tras año.

Lo que realmente preocupaba a Bruselas es que el déficit nominal español bajase por fin del 3% y acabar con el procedimiento por déficit excesivo. Eran otros tiempos. Ahora, Nadia Calviño anuncia la revisión de la senda de cumplimiento del déficit y nadie se inmuta. Se hizo con mano izquierda, mucho trabajo de cocina y regalando a los oídos de la Comisión lo que querían oír.

Rajoy hizo lo propio y quizá nunca se había imaginado la que iba a caerle encima. Ocurrió el 2 de marzo de 2012, en pleno tsunami de los mercados. En su comparecencia de prensa tras su primera cumbre en Bruselas, anunció que el déficit de ese año sería del 5,8% y no del 4,4% pactado por Zapatero. «No he consultado a los líderes europeos y a la Comisión se lo contaré en abril. No tengo por qué hacerlo. Es una decisión soberana de España». Error, qué error.

«Desde el centro del campo, alguien de Moncloa le hizo al presidente Rajoy un pase que pretendía ser de gol y que acabó en tarjeta roja. Estaba claro que al presidente no le habían orientado bien», desveló el exministro Luis de Guindos en su último libro. Palabra de todo un vicepresidente del BCE.