El cambio tecnológico aumentará la desigualdad salarial

El cambio tecnológico aumentará la desigualdad salarial

Cerca del 15% de los empleos actuales desaparecerán en 20 años y casi todas las ocupaciones lo notarán

AMPARO ESTRADA MADRID

De un tiempo a esta parte se suceden los expertos que auguran que la revolución tecnológica se llevará por delante gran parte de los empleos actuales; algunos estudios hablan de que hasta el 47% de los trabajos está amenazado, aunque eso no significa que vayan a ser eliminados. Un informe de la OCDE matiza que se automatizará parte del trabajo y estima que los empleos que se pueden perder en España en los próximos quince o veinte años rondan entre el 13 y el 15%. Aún así serían cerca de tres millones de puestos de trabajo en los que los robots sustituirían a los humanos.

Evidentemente, surgirán otras ocupaciones, nuevas tareas y más empleo porque la tecnología crea valor y origina demanda. Sin embargo, en este proceso «va a haber perdedores y muy probablemente va a aumentar la desigualdad y polarización salarial», señala el economista Manuel Hidalgo. Bajarán los salarios en los empleos de rutina que pueden ser realizados por robots, mientras que la tecnología beneficiará a los más cualificados. Por eso, es imprescindible empezar ya a pensar cómo proteger a aquellos a los que la tecnología expulsará del mercado laboral, mediante transferencias o una renta que no podrá ser universal por el coste que supone, reconoce Hidalgo, que acaba de publicar el libro 'El empleo del futuro'.

La anterior ola de automatización ya afectó al empleo, fundamentalmente en ocupaciones manuales y rutinarias -tipo cadenas de montaje-, robots cada vez más baratos y la introducción de la inteligencia artificial (IA) hará que «empleos antes neutrales al cambio tecnológico, como los manuales de baja remuneración o incluso algunos basados en habilidades cognitivas, podrían tener los días contados», afirma el autor. Y señala cuáles son las diez ocupaciones con mayor probabilidad de automatización: oficinistas, empleados contables y encargados del registro de materiales, ayudantes de preparación de alimentos, ensambladores, operadores de instalaciones fijas y máquinas, operarios y oficiales de procesamiento de alimentos, de la confección, ebanistas y otros artesanos, trabajadores forestales calificados, pescadores y cazadores, operarios de las artes gráficas, de la metalurgia y la construcción mecánica y electricistas. Estos trabajos tienen una probabilidad de automatización que va desde el 97% de los oficinistas al 74% de la metalurgia. Por sectores productivos, la probabilidad de automatización oscila entre el 24,5% en la educación al 68% en actividades financieras y seguros.

Mucho más allá

Pero el impacto del cambio tecnológico va mucho más allá. «Los avances en IA permitirán, por ejemplo, analizar la posible existencia o no de fraude, realizar diagnósticos médicos, incluso permitirán (ya lo hacen) predecir la reincidencia de los presos en posibles delitos, lo que puede ayudar a los jueces a la hora de decidir sobre una prisión preventiva. Posibilitarán pronosticar el rendimiento de los trabajadores y, por ello, si deben ser o no contratados o incluso para remunerarlos», explica este profesor de Economía Aplicada. Un vaticinio que da vértigo y que hace ineludible pensar en cómo la ética ha de dirigir estos cambios. «Las empresas tecnológicas o las administraciones que lo apliquen deben comprender cuáles son los límites. Evidentemente necesitamos un control», admite Hidalgo, que propone certificados de comportamiento ético como ya existen los de calidad Aenor. De hecho, el mayor problema de los coches autónomos es ético: ¿A quién deben proteger en primer lugar en caso de accidente: al peatón o al conductor?

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