Bruselas acorta los plazos e impone desde mañana aranceles por 2.800 millones a EE UU

A la espera. Bobinas de acero almacenadas al aire libre en una planta de la compañía ArcelorMittal./AFP
A la espera. Bobinas de acero almacenadas al aire libre en una planta de la compañía ArcelorMittal. / AFP

La UE mantiene su mano tendida a Trump y asegura que retirará las medidas siempre que se haga lo propio con el acero y el aluminio europeos

ADOLFO LORENTEBRUSELAS.

Sigue el pulso. ¿Quién dijo que no había guerra comercial entre Estados Unidos y Europa? Ayer, después de que las 28 capitales comunitarias diesen su plácet, el Colegio de Comisarios aprobó el reglamento jurídico que permite aprobar desde este mismo viernes aranceles del 25% a unos 200 productos norteamericanos (zumo, tabaco, motos, whisky, cartas, vaqueros o acero) como represalia por las tarifas del 25% y el 10% al acero y el aluminio europeos que la Administración liderada por Donald Trump aprobó el pasado día 1. «Nosotros no queríamos, pero la decisión unilateral e injustificada de EE UU no nos deja otra salida», lamentó la comisaria de Comercio, la cada vez más poderosa Cecilia Malmstrom.

La señal es inequívoca: Europa va en serio y lo hace, además, sacando músculo, mostrando esa inusual unidad que sólo esgrime en las grandes ocasiones, como lo está haciendo por ejemplo en la negociación del 'Brexit'. Pese a todo, Bruselas no quiere ni mucho menos elevar el tono y echar más leña a un fuego ya demasiado avivado. «Nuestra respuesta es medida, proporcionada y totalmente en línea con las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). No es necesario decir que si Estados Unidos elimina sus tarifas, nuestras medidas también serán eliminadas al momento», subrayó la comisaria sueca en una evidente declaración de intenciones. La mano, pese a tanto desagravio, sigue tendida.

La estrategia a seguir se basa en la firmeza, pero también en la prudencia. De hecho, la Comisión sigue defendiendo que no hay ninguna guera comercial, sino que se trata de acciones puntuales. Preocupantes, admiten, pero puntuales. Prueba de su mesura es que huyen del término represalia, sino que apuestas por el eufemismo «medidas compensatorias o reequilibradoras». Pero si parece un pato, grazna como tal y nada como un pato... Pues eso, que si no es una guerra comercial, se le parece y mucho. Demasiado.

Además de las medidas que entrarán en vigor a partir de este viernes, hay una segunda fase ideada a medio plazo y que consiste en la aplicación de nuevos aranceles a otro centenar de productos americanos por un valor total de 3.600 millones. La previsión es que entren en vigor en el plazo de tres años o en su caso cuando la OMC emita su veredicto sobre la denuncia presentada por la UE ante el arrebato proteccionista de Trump.

La espada de Damocles

El sonoro desastre que supuso la reciente cumbre del G-7 por las durísimas acusaciones del presidente estadounidense contra el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, han terminado por convencer a Europa de que no puede permanecer impasible a la espera de que Trump cambie de actitud. No sucederá. Es la hora del liderazgo. La duda es saber si Europa estará a la altura para asumir las riendas del liderazgo del mundo occidental en ese escenario de 'yo contra todos' que tanto gusta al nuevo inquilino de la Casa Blanca.

El pimpampum arancelario ya está aquí, pero la duda es saber hasta cuándo se prolongará y si se extenderá a nuevos productos ya que Trump tiene entre ceja y ceja a las exportaciones de coches alemanes. Angela Merkel está muy preocupada y no sabe cómo arreglar el desaguisado.

Washington ya sabe cuáles son las condiciones del trato que recientemente ofrecieron los jefes de Estado y de gobierno de los Veintiocho durante la cumbre de Sofía. Nada de chantajes, ni espadas de Damocles, ni pistolas en la sien. Lo que piden es tan sencillo como sentarse en una mesa con un folio en blanco y escribirlos juntos, de tu a tú. Pero algo que parece tan lógico entre históricos aliados trasatlánticos no termina de convencer a Donald Trump, que rechazó de plano este ofrecimiento.

Muy atentos a su cuenta de Twitter en las próximas horas porque nadie sabe cómo reaccionará. Si mal o muy mal. Ya lo advirtió cuando Europa, nada más conocer las tarifas al acero, aprobó la tramitación legal para aprobar aranceles contra productos de Estados Unidos. «Mejor que no vayan por ese camino», advirtió desafiante. De momento, sigue centrado en su particular guerra comercial con China, que no tiene muchos visos de terminar a corto plazo.

La UE, mientras, sigue expectante. Los técnicos están monitorizando el mercado hace semanas para evitar que el acero que ya no va a entrar en Estados inunde Europa, lo que dañaría aún más al sector. La previsión es que antes del verano se aprueben medidas de blindaje 'ad hoc'.

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